Cómo utiliza la Cruz Roja la cadena de bloques para ayudar a las comunidades propensas a los desastres

Workers of Venezuelan Red Cross stand next to trucks with logo of the International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies (IFRC) carrying humanitarian aid, at a warehouse where the aid will be stored, in Caracas, Venezuela, April 16, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins - RC1BA52F6660
The Red Cross uses technology that allows citizens to create their own local currencies with a mobile phone.Image: REUTERS/Carlos Garcia Rawlins
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La tecnología permite a los habitantes de barrios marginales y aldeas rurales con teléfonos móviles sencillos crear, en la práctica, sus propias monedas locales para impulsar el desarrollo.

En las comunidades rurales pobres y los barrios marginales de Kenia, sus habitantes tienen mucho que vender —desde tomates cultivados en casa hasta su trabajo arando campos o enseñando a niños—, pero pocas personas tienen suficiente dinero en efectivo para comprar esos bienes y servicios, lo que reduce el incentivo para producir más.

El trueque sirve para algunos intercambios, pero llevar la cuenta de quién debe qué es un proceso ineficiente. Lo mismo ocurre con los grupos de ahorro y préstamo de las aldeas, donde las transacciones suelen anotarse en trozos de papel y guardarse en una caja cerrada con llave.

El martes, las sociedades de la Cruz Roja de Noruega, Dinamarca y Kenia pusieron en marcha una iniciativa de dos años para ayudar a resolver esta falta de efectivo mediante el uso de «monedas locales» respaldadas por la cadena de bloques, con el fin de facilitar el comercio en las comunidades e impulsar la actividad económica.

El proyecto busca mejorar el uso de los 1.000 millones de dólares anuales que la Cruz Roja distribuye en ayudas en efectivo y vales —la mayor donante humanitaria después de las Naciones Unidas— para atender las necesidades antes y después de los desastres.

Las nuevas monedas utilizan créditos que se transfieren por teléfono móvil y se registran automáticamente mediante la cadena de bloques. Permiten pagar a los habitantes de barrios marginales o aldeas por su trabajo y gastar los créditos que ganan en bienes y servicios locales.

El sistema funciona de forma muy parecida al popular servicio de transferencia de dinero móvil M-Pesa de Kenia, pero los usuarios no necesitan tener chelines kenianos, afirmó Adam Bornstein, quien trabaja en financiación alternativa para la Cruz Roja Danesa.

Según explicó, probado en algunas zonas de Kenia y Etiopía, el sistema ha impulsado las economías de comunidades pobres al permitir que los créditos generados por el trabajo, las ventas o las inyecciones de ayuda se intercambien varias veces y se gasten localmente.

El nuevo programa se ampliará en Kenia y también podría implantarse en Malaui, Myanmar, Zimbabue, Camerún y Papúa Nueva Guinea, con el objetivo de llegar a 320.000 usuarios en los próximos dos años.

Paula Gil, consultora humanitaria afincada en Ginebra, afirmó que la tecnología podría revolucionar la prestación de ayuda.

«Este es el futuro», declaró a la Fundación Thomson Reuters y añadió que era «probablemente el único uso verdaderamente beneficioso de la cadena de bloques».

Will Ruddick, fundador de Grassroots Economics, una fundación que desarrolla monedas comunitarias, entre ellas para el proyecto de la Cruz Roja, afirmó que los sistemas de intercambio respaldados por la cadena de bloques podrían transformar la manera en que se dirige en todo el mundo el gasto destinado al desarrollo y al fortalecimiento de la resiliencia.

El sistema «permite que 25 mujeres con teléfonos básicos (sencillos) creen su propio fondo de crédito y ahorro mediante sistemas totalmente automatizados», explicó.

También es relativamente barato de operar: unos 40.000 dólares al año para los servidores y el soporte necesarios para cubrir todo Kenia, tras más de un millón de dólares de financiación inicial de Noruega y otros donantes, afirmó.

«Ciclos resilientes»

Pero no todo el mundo ha acogido bien la idea. Algunos bancos kenianos temen que la creación de ofertas de crédito comunitario más sofisticadas reduzca la demanda de sus préstamos, afirmó Bornstein.

Ruddick señaló que, para disipar la preocupación de los usuarios por la privacidad, los datos se guardan en servidores seguros.

Sin embargo, explicó, el uso de la cadena de bloques para respaldar un sistema de crédito local aumenta la transparencia: los donantes pueden ver casi en tiempo real qué tan bien está funcionando su ayuda y ajustarla según sea necesario, en vez de esperar a que termine un proyecto.

Las monedas comunitarias también podrían ayudar a cubrir el déficit de crédito que necesitan las pequeñas y medianas empresas del mundo en desarrollo, estimado por el Banco Mundial en 2,6 billones de dólares, afirmó.

La expansión económica en las comunidades pobres podría aportar beneficios, desde crear más empleos para los jóvenes hasta ayudar a las comunidades a atraer y retener a docentes, afirmaron los expertos de la Cruz Roja.

Pagar a los docentes con crédito local que puedan usar para el alquiler y la comida crea un «ciclo resiliente», afirmó Ruddick.

«Ese tipo de ciclos es lo que sustenta las economías. Si no existen, se acaba en el ciclo crónico de que la Cruz Roja presta ayuda cada tres años porque no está fortaleciendo a las comunidades», afirmó.

La consultora Gil instó a más organismos de ayuda a adoptar esta innovación para que su labor sea más eficaz y sostenible.

Según explicó, las organizaciones tardaron 15 años en «dejar de tener miedo a dar dinero a la gente» en lugar de alimentos u otros artículos de ayuda para hacer frente a los desastres.

«Espero que no hagan falta otros 15 años para entender que debemos apoyar las economías locales en vez de dar dinero en efectivo a la gente», añadió.

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