Por qué el futuro económico de África está en sus ciudades más pequeñas

The Nairobi skyline is seen in the background as a zebra walks through the Nairobi National Park, near Nairobi, Kenya, December 3, 2018. REUTERS/Amir Cohen
Inclusive growth is the key.Image: REUTERS/Amir Cohen
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Como África se urbaniza más rápido que cualquier otra región del mundo, sus gobiernos necesitan con urgencia diseñar estrategias nacionales de desarrollo que aprovechen los beneficios económicos que pueden ofrecer las ciudades. La clave será centrarse no solo en las megalópolis en rápida expansión, sino también en las ciudades intermedias necesarias para lograr un crecimiento inclusivo.

En la edición más reciente de Mercer la clasificación de ciudades según su calidad de vida, la ciudad africana mejor posicionada, Port Louis, Mauricio, ocupa el puesto 83 de 231. Esto parece ajustarse a un patrón más amplio: en cuanto a la calidad de vida en sus ciudades, África está rezagada respecto de la mayoría de las demás regiones del mundo.

Los malos resultados de las ciudades africanas son una señal preocupante de las deficiencias de la planificación urbana en el continente, sobre todo teniendo en cuenta que la urbanización allí avanza a toda velocidad, tanto si sus dirigentes cuentan con planes para gestionar el proceso como si no. Según la OCDE, dado que «se prevé que África tenga el ritmo de crecimiento urbano más rápido del mundo», sus «ciudades albergarán a 950 millones de personas más» para 2050. Ante estas tendencias, los responsables políticos africanos deben hacer que las ciudades de la región resulten más atractivas para los inversores internacionales, los empresarios y los turistas, y garantizar al mismo tiempo que la urbanización siga siendo inclusiva.

Pero hay otra tendencia clave que se ha pasado por alto: la creciente importancia de las ciudades secundarias de África. La urbanización en África no se limita a las megalópolis emergentes como Johannesburgo, Kinshasa, Nairobi, Jartum, Casablanca y Gran Cairo, que por sí solas albergarán a unos 38 millones de personas para 2050. La población también crece a gran ritmo en las «ciudades intermedias» de África, que conectan zonas remotas y rurales con centros urbanos más grandes.

Las ciudades secundarias desempeñarán un papel fundamental a la hora de afrontar los importantes retos sociales, económicos y políticos que se avecinan. Sin embargo, por lo general no figuran en el radar de la mayoría de los responsables políticos. Por ejemplo, faltan lamentablemente datos exhaustivos sobre delincuencia y labor policial en las ciudades secundarias africanas. Además, cuando los centros de estudios y las instituciones multilaterales publican informes especiales sobre la urbanización en África, suelen centrarse únicamente en los logros y desafíos de las grandes ciudades e ignorar las cuestiones de gobernanza, las condiciones económicas y el desarrollo de infraestructuras en las zonas urbanas más pequeñas.

Por suerte, Africapolis, una alianza entre el Club del Sahel y de África Occidental de la OCDE y e-Geopolis.org, ha reunido abundantes datos nuevos para ampliar el alcance del debate sobre la urbanización de África. Al integrar datos de miles de aglomeraciones humanas —muchas con menos de 100.000 habitantes—, Africapolis ofrece una base de evidencia que los responsables políticos pueden utilizar para evaluar cómo evolucionan los procesos de urbanización.

Por ejemplo, los datos de Africapolis muestran que, en materia de infraestructuras, inversiones financieras, desarrollo del suelo y gestión urbana, pocas ciudades secundarias africanas tienen autonomía para llevar a cabo una planificación estratégica a largo plazo. Esto sugiere que los gobiernos nacionales deben delegar más poder en los responsables de las políticas municipales. También deben tener en cuenta las ciudades secundarias al elaborar estrategias de desarrollo nacionales y subnacionales. Al instalar más servicios gubernamentales y administrativos en ciudades secundarias, los gobiernos nacionales pueden hacer que estas zonas urbanas sean más atractivas y estén mejor preparadas para atender las necesidades de la ciudadanía.

Las conclusiones de Africapolis también revelan que las megalópolis y las ciudades secundarias africanas están estrechamente interconectadas. Las megalópolis pueden ofrecer numerosas oportunidades a la ciudadanía al agilizar la prestación de servicios públicos y conectar a los trabajadores con empleos que requieren mayores competencias. Pero el rápido crecimiento demográfico puede traducirse en salarios más bajos, pobreza persistente, escasez de viviendas y otros problemas.

Gracias a su tamaño, las ciudades secundarias podrían mitigar algunos de los efectos secundarios negativos de la vertiginosa urbanización de las megalópolis y aportar más equilibrio al proceso. Al fin y al cabo, también pueden ofrecer bienes y servicios básicos, como vivienda, atención sanitaria y educación, probablemente a un costo menor. Por eso, los expertos en urbanización consideran cada vez más que las ciudades secundarias son la clave de un crecimiento más inclusivo, que exige distribuir las oportunidades de manera equitativa en toda la sociedad, en lugar de concentrarlas en unos pocos centros exclusivos.

Las ciudades secundarias también pueden impulsar las economías nacionales africanas. Además de ofrecer servicios e instalaciones públicas, pueden servir como centros de procesamiento para la agricultura y las industrias extractivas, o convertirse en centros de exportación, como Warri, en Nigeria; Garoua, en Camerún; y el distrito de Huye, en Ruanda. Al aprovechar las ventajas geográficas de sus ciudades secundarias, los responsables políticos pueden elevar el perfil nacional e incluso mundial de estas zonas y crear clústeres comerciales y manufactureros muy competitivos.

A todos los gobiernos africanos les conviene incorporar las ciudades secundarias a sus estrategias nacionales de desarrollo. Las megalópolis por sí solas no pueden garantizar una urbanización y un crecimiento inclusivos. Pero, junto con las ciudades secundarias, pueden funcionar como nodos de una red más amplia de actividad económica que abarque todo el territorio de un país. Además, al acelerar el desarrollo regional, el apoyo a las ciudades secundarias fortalecería a las propias megalópolis. No hay razón para que tanto las megalópolis como las ciudades secundarias de África no puedan convertirse en polos de atracción para personas de todo el continente y del mundo.

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