Las acciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) serán fundamentales para alcanzar los objetivos ambientales mundiales.
La región todavía depende en gran medida de los combustibles fósiles, pero los Estados están comprometidos con alcanzar las cero emisiones netas.
La comunidad internacional debe apoyar a los Estados en esa transición.
Estamos en medio de una crisis energética como no se veía desde la década de 1970. Las decisiones que tomen ahora los líderes sobre descarbonización determinarán nuestro futuro colectivo. Si acertamos, podremos transformar la turbulencia a corto plazo en sostenibilidad a largo plazo. Si nos equivocamos, nos costará alcanzar nuestros objetivos ambientales, en particular el objetivo del Acuerdo de París de que las emisiones mundiales de carbono lleguen a cero neto para 2050.
La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) es el bloque comercial y político regional del Sudeste Asiático. Sus acciones son de vital importancia para superar esta crisis y podrían ser un factor decisivo para el futuro de la humanidad. ASEAN es el cuarto mayor consumidor de energía del mundo. Su estructura energética actual está sesgada hacia las formas tradicionales de generación de energía: los combustibles fósiles representan el 83% de su matriz energética, y se prevé que la demanda de energía aumente.
Esto significa que la crisis energética ha afectado de manera desproporcionada al bloque, exponiendo a los países miembros de ASEAN a crecientes riesgos económicos, de seguridad energética y geopolíticos. El dilema al que se enfrentan ahora los líderes del bloque es cómo asegurar el suministro de energía para desarrollar las economías de la región y, al mismo tiempo, descarbonizarlas.
La buena noticia es que muchos de los 10 Estados miembros de ASEAN muestran un firme compromiso con alcanzar las cero emisiones netas para 2050. Solo Filipinas aún no se ha comprometido a alcanzar las cero emisiones netas para 2050, mientras que Indonesia ha fijado el objetivo para 2060. Todas las previsiones —y las enormes dificultades prácticas que entraña una transición de tal magnitud— indican que alcanzar las cero emisiones netas no será fácil. No existe una solución única, y cada país tendrá que aplicar sus propias políticas en función de sus prioridades. Un cambio importante para alejarse de las emisiones generadas por la producción de energía a partir del carbón es fundamental para la transformación; el gran salto en eficiencia y el despliegue de tecnologías con bajas emisiones de carbono pueden complementar la transición.
El entorno normativo favorece cada vez más la energía con bajas emisiones de carbono, y la proporción de energía renovable en la matriz energética de ASEAN aumentó al 14% en 2020, y siguió creciendo incluso durante la pandemia. Los recursos de energía verde han ido en aumento constante. Por ejemplo, el éxito de Viet Nam en el mercado solar mundial demuestra lo que es posible cuando convergen la voluntad política, la reforma sectorial y los incentivos de mercado. La República Democrática Popular Lao, autoproclamada «batería de Asia», es uno de los países de la región más ricos en energía hidroeléctrica, mientras que Indonesia y Filipinas cuentan con casi una cuarta parte de la capacidad mundial de generación geotérmica.
ASEAN también es rica en las materias primas necesarias para los productos de energía limpia. Entre ellas figuran la bauxita, el níquel, el estaño y los elementos de tierras raras, que se encuentran en distintos lugares de toda la región, en particular en Indonesia, Myanmar, Filipinas y Tailandia. Además, Malasia y Viet Nam se encuentran entre los mayores fabricantes de módulos solares del mundo.
Para aprovechar estas y otras ventajas, los líderes de ASEAN tendrán que demostrar un compromiso inquebrantable con el apoyo y la financiación de la agenda verde. Los inversores buscarán reformas en el sector energético, incluida la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, así como un clima propicio para la inversión y la regulación. Esto es importante porque el apoyo internacional y la inversión externa reducirán parte de la carga financiera y del riesgo que conlleva desarrollar y ampliar nuevas tecnologías. Esto ya está empezando a ocurrir, como lo demuestran los acuerdos que otros países están alcanzando con los Estados de ASEAN que están poniendo a prueba sistemas de hidrógeno verde para el suministro de energía.
Como subrayó la reciente reunión COP27, las naciones que tienen los medios para invertir en las economías emergentes y apoyarlas en sus políticas para acelerar la transición energética deberían hacerlo. La equidad y la justicia se están integrando en la acción climática, junto con la ayuda para desarrollar y aplicar políticas de energía limpia y movilizar financiación para proyectos de energía limpia.
En respuesta a la necesidad mundial de colaborar para alcanzar las cero emisiones netas, el Foro Económico Mundial apoya la transición energética de ASEAN mediante múltiples iniciativas. Entre ellas figuran el trabajo a nivel nacional en Indonesia para movilizar financiación para la energía limpia en colaboración con la Cámara de Comercio del país (KADIN); el apoyo al desarrollo y la aplicación de la Política Energética Nacional de Malasia mediante una serie de mesas redondas celebradas con el gobierno y empresas energéticas del sector privado; y el apoyo a la próxima comunidad ASEAN Energy Leaders for Just Energy Transition. Esta última tiene como objetivo fortalecer la cooperación intrarregional e internacional para ayudar a acelerar una transición energética justa.
De la crisis del petróleo de 1973 surgió una estrategia energética que dependía menos del petróleo, mejoraba la eficiencia energética y buscaba una matriz energética más diversificada. De la actual crisis energética debe surgir una nueva estrategia energética que descarbonice las economías de todo el mundo. Si ASEAN lo logra, sus países disfrutarán de sistemas energéticos seguros y equitativos que respalden su crecimiento a largo plazo, y todos estaremos mucho más cerca de hacer realidad los objetivos del Acuerdo de París.
Este artículo apareció originalmente en Mothership.


