Por qué el populismo sigue siendo una amenaza en Europa

Marine Le Pen, French National Front (FN) political party candidate for French 2017 presidential election, concedes defeat at the Chalet du Lac in the Bois de Vincennes in Paris after the second round of 2017 French presidential election, France, May 7, 2017. REUTERS/Charles Platiau - RTS15K68
Marine Le Pen of the far-right National Front captured a third of the vote in the run-off of France’s election last month.Image: REUTERS/Charles Platiau
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¿Ha alcanzado su punto máximo la ola populista que recorre Europa?

Hace seis meses, muchos líderes europeos temían que la ola de descontento popular que llevó al voto del Brexit en el Reino Unido y catapultó a Donald Trump a la Casa Blanca pudiera empoderar a partidos nacionalistas, antiinmigración y contrarios a la UE en toda Europa, sacudiendo los cimientos mismos del bloque.

Desde entonces, sin embargo, los movimientos populistas han sido frenados en Austria, los Países Bajos y Francia.

La canciller alemana Angela Merkel parece encaminada a obtener su cuarto mandato como canciller en las elecciones nacionales de este septiembre. Y con un presidente francés joven, enérgico y favorable a la UE en el Palacio del Elíseo, algunos predicen que el bloque está realmente a punto de resurgir.

Pero sería un error pensar que el populismo ya no representa una amenaza grave para Europa y la UE.

Los autoritarios populistas gobiernan en Hungría y Polonia. Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, obtuvo un tercio de los votos en la segunda vuelta de las elecciones francesas del mes pasado, y el Partido de la Libertad, antiislámico, de Geert Wilders es la segunda fuerza con más escaños en el Parlamento neerlandés.

Incluso en Alemania, donde durante mucho tiempo se creyó que las corrientes populistas de derecha no arraigarían, el partido antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD) parece encaminado a obtener representación parlamentaria por primera vez tras las elecciones nacionales de este año.

Y dado que se han convocado elecciones parlamentarias anticipadas en Austria para el 15 de octubre, parece probable que el ultraderechista Partido de la Libertad, fundado en la década de 1950 por antiguos nazis, forme una coalición de gobierno con el Partido Popular Austríaco, de centroderecha.

El auge del populismo desde la década de 1960

En la Europa de posguerra ha habido movimientos populistas tanto de izquierda como de derecha, pero principalmente han actuado en los márgenes de la política nacional. Aunque ningún partido ni político populista ha logrado realmente ganar unas elecciones nacionales en Europa occidental en las últimas siete décadas, las investigaciones muestran que el populismo ha avanzado lenta pero constantemente en Europa desde la década de 1960.

Hoy, prácticamente todos los países europeos cuentan con un partido populista representado en los parlamentos nacionales o regionales. La mayoría son de derecha, como Vlaams Belang en Bélgica, el Frente Nacional en Francia, Amanecer Dorado en Grecia, Lega Nord en Italia, el Partido de la Libertad en los Países Bajos, los Demócratas de Suecia y el Partido Popular Suizo.

Los objetivos y programas de estos partidos responden a distintas historias, tradiciones y circunstancias nacionales, pero todos son contrarios a la inmigración y a la UE.

El atractivo del populismo sigue siendo demasiado limitado para ganar realmente elecciones en la mayor parte de Europa, pero está moldeando la política nacional y europea de diversas maneras, replanteando debates sobre la inmigración, la eurozona y la seguridad nacional, entre otros temas.

Posturas políticas que antes se consideraban extremas o tabú ahora están firmemente presentes en el discurso político dominante. En respuesta, algunos políticos tradicionales han adoptado partes del mensaje populista o se han sentido presionados a desplazarse hacia la derecha en ciertos temas para frenar el avance populista.

Image: Wikipedia y la BBC

Para contrarrestar, por ejemplo, el mensaje antiinmigración de Wilders, el primer ministro neerlandés Mark Rutte adoptó una postura más intransigente en materia de inmigración y refugiados en las semanas previas a las elecciones parlamentarias de marzo. Incluso Angela Merkel ha impuesto límites a la acogida de nuevos refugiados en Alemania ante las críticas tanto de la AfD como de la Unión Social Cristiana, el partido bávaro hermano de su Unión Demócrata Cristiana.

El período transcurrido desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad ha sido extraordinariamente estable para Europa occidental. Los gobiernos se han alternado en gran medida entre la centroderecha y la centroizquierda.

Con el auge de los movimientos y candidatos populistas, estamos, en cierto modo, restableciendo la norma histórica: durante gran parte de la historia moderna de Europa, liberales y socialdemócratas han competido con populistas de distintas tendencias en las elecciones nacionales.

¿Cuál es el plan?

Para contener eficazmente el populismo, Europa debe diagnosticar con precisión cómo y por qué surgió en primer lugar.

Esto significa que no pueden limitarse a ignorar a los populistas y a sus partidarios, ni atribuir sus agravios a la envidia, el resentimiento o la rabia ciega. Quienes están en el poder deben reconocer las preocupaciones y ansiedades genuinas de sus electores acerca de la inmigración, la identidad nacional y el terrorismo, por ejemplo.

La globalización ha provocado rápidos trastornos económicos y sociales. Ha contribuido al desplazamiento económico, al aumento de la desigualdad de ingresos y riqueza, y a lo que algunas personas perciben como la homogeneización de las culturas nacionales.

Hoy muchas personas afrontan un nivel de inseguridad económica que sus padres o abuelos no experimentaron. Y, ante la inmigración a gran escala, tienen preocupaciones legítimas sobre el futuro cultural y demográfico de sus países. Es poco probable que desaparezcan las causas de esas preocupaciones, por lo que el populismo constituye un desafío a largo plazo más que una crisis pasajera.

Como ha dicho Yascha Mounk, de Harvard, ha dicho, «las dos últimas décadas no han representado un momento populista, sino más bien un giro populista, que ejercerá una influencia significativa en las políticas y la opinión pública durante las próximas décadas».

Los líderes europeos también deberían cuestionar el mensaje populista y, en particular, exigir a estos agitadores que detallen sus propuestas políticas. Los populistas recurren mucho a la retórica divisiva, pero son vagos cuando se trata de explicar qué harían realmente en materia de inmigración, política económica o seguridad nacional. Pedirles que concreten sus propuestas pondrá de manifiesto sus incoherencias ante los votantes y mostrará que muchas de sus propuestas políticas probablemente serían ineficaces en la práctica.

Además, por supuesto, los líderes de la UE y de Europa también deben ofrecer soluciones reales a los problemas que empujan a un gran número de sus ciudadanos hacia partidos y candidatos populistas. La región necesita con urgencia dar pasos concretos para reducir el desempleo, promover el crecimiento económico y ayudar a los trabajadores y comunidades desplazados a adaptarse a un mundo globalizado.

En resumen, es necesario reinventar y revitalizar el centro político en Europa, y defender la democracia liberal, el pluralismo y la globalización, haciendo que estos procesos sean más justos y equitativos.

Por un nuevo centro político

No hay garantía de que este plan funcione, pero Emmanuel Macron ha demostrado que todavía puede ser una estrategia electoral ganadora en Europa.

Frente a la plataforma nacionalista y proteccionista de Le Pen, se situó en el centro político y habló con fuerza y elocuencia de los méritos y el valor de una sociedad pluralista y una Europa integrada. Al final, su visión convenció a dos tercios de los votantes franceses.

Esta puede ser la única manera de mantener a raya el populismo en Europa. Su atractivo y apoyo electoral crecerán o menguarán según las condiciones económicas y sociales, pero seguirá siendo una válvula de escape para quienes sienten que el sistema les ha fallado.

Puede que exageremos la fuerza de los partidos y candidatos populistas, pero la amenaza política es real y seguirá siéndolo en Europa durante años.

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