Papúa Nueva Guinea combate la pandemia más antigua del mundo: la malaria. ¿Cómo puede volver a encarrilarse?

A medical worker conducts a precautionary malaria test in a health centre in Baimuru, Papua New Guinea
A medical worker conducts a precautionary malaria test at a health centre in Baimuru, Papua New Guinea.Image: YWAM
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  • Los casos de malaria en Papúa Nueva Guinea se han multiplicado por más de diez en cinco años.

  • Los avances del país en tuberculosis y VIH, pese a sus recursos limitados, son motivo de optimismo.

  • La infraestructura, la financiación y las estructuras de liderazgo son fundamentales para eliminar la malaria.

Con solo el 1 % de la superficie terrestre del mundo y una población de menos de 9 millones de habitantes, Papúa Nueva Guinea (PNG) es uno de los lugares más diversos del planeta desde el punto de vista biológico y cultural, y alberga más de 850 lenguas activas. Por desgracia, también existen graves limitaciones de recursos para la prestación de servicios de salud, con apenas un médico por cada 10 000 habitantes (en Estados Unidos hay unos tres por cada 1000); su terreno sumamente accidentado ha planteado retos constantes para el desarrollo económico y social en general (PNG ocupa el puesto 155 de 189 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas). PNG también tiene la mayor carga de malaria de la región de Asia y el Pacífico – en 2019 representó casi un tercio de los casos. Pero no siempre fue así.

El país había registrado un descenso constante de los casos de malaria hasta 2014, pero, como los datos muestran, esta situación cambió rápidamente en solo cinco años. De hecho, los casos se multiplicaron por más de diez, pasando de 50 309 en 2014 a 646 648 en 2019. Este alarmante resurgimiento se ha atribuido a una variedad de factores, entre ellos la reducción del compromiso de los gobiernos y donantes, el acceso limitado a pruebas diagnósticas y tratamientos clave, la menor eficacia de las mosquiteras tratadas con insecticida de larga duración (LLIN) y los retos de un sistema sanitario totalmente descentralizado. No obstante, cabe destacar que un estudio de inversión elaborado por la Universidad de California en San Francisco (UCSF) reveló no solo un rendimiento estimado de 9:1 en la inversión para eliminar la malaria, sino también que su eliminación es técnicamente viable.

Prevalencia de la malaria en Papúa Nueva Guinea.

De hecho, cabe señalar los prometedores avances de PNG en el control de otras dos enfermedades infecciosas, el VIH y la tuberculosis (TB), pese a sus limitados recursos. Centrarse en ampliar la cobertura de la terapia antirretroviral (TARV), que pasó de un 23 % estimado a un 65 % entre 2010 y 2020, ha dado lugar a una significativa reducción de las muertes, al igual que la priorización de los vínculos entre la TB y el VIH en las provincias con alta carga de tuberculosis.

Pese a una gran cantidad de desafíos, PNG ha logrado crear sistemas que abordan afecciones complejas, ya sea en el caso de enfermedades crónicas, como el VIH, o en la lucha contra la TB aguda asociada al VIH o la TB multirresistente (TB-MDR). En junio de este año, PNG salió con éxito de la lista mundial de países con alta carga de TB asociada al VIH.

Aprovechar estos logros y encarrilar al país para eliminar la malaria es fundamental y ayudará a ahorrar dinero y recursos valiosos mientras el país hace frente a la pandemia de COVID-19 en curso junto con otras enfermedades de alta carga.

Número de muertes relacionadas con el sida frente al número de muertes evitadas gracias a la TARV.Image: ONUSIDA

Hay tres cosas clave que podemos hacer para ayudar a encarrilar de nuevo a PNG en lo que respecta a la malaria:

En primer lugar, la inversión destinada a enfermedades debe vincularse a la infraestructura que mejore de forma significativa la salud pública. Para lograrlo, es necesario que los gobiernos, las fundaciones y los financiadores apoyen una mejor coordinación de las inversiones en salud e infraestructura en PNG. El país tiene uno de los suministros de agua potable más bajos del mundo y solo se estima que una octava parte de la población tiene acceso a la electricidad conectada a la red. Esto significa que PNG necesita energía y agua limpia tanto como diagnósticos o productos farmacéuticos sofisticados.

Tomemos como ejemplo los esfuerzos de distribución de vacunas en el marco del mecanismo COVAX (COVID-19 Vaccines Global Access): pese a que el mecanismo logró asegurar, en una fase temprana, hasta 40 millones de dosis de la vacuna de vanguardia de Pfizer-BioNTech, sus exigencias de infraestructura, incluida la necesidad de almacenamiento a temperaturas ultrabajas, impidieron que PNG pudiera siquiera recibirlas o distribuirlas de forma realista.

En segundo lugar, aunque las inversiones masivas para acabar con la malaria son, en efecto, el camino hacia la erradicación y reforzarán la capacidad de PNG para responder a amenazas futuras, la financiación debe durar el tiempo suficiente para cumplir su objetivo. Destinar fondos a los sistemas de salud durante dos o tres años, como ocurre a menudo, resulta insuficiente; se necesitan al menos cuatro o cinco años, con hitos rigurosos de avance, para lograr resultados duraderos.

El apoyo técnico externo necesita tiempo para ganarse la confianza local. Ampliar los proyectos de salud a períodos más largos y exigir que involucren a una mayor proporción de personal local, especialmente dada la escasez crónica de capital humano cualificado en el sector sanitario, permitirá garantizar mejor resultados sostenibles. Por ello, la financiación de los proyectos locales debería incluir objetivos específicos de participación local, con un indicador clave: la «absorción» del personal por parte del sector público en programas nacionales o subnacionales.

Por último, es necesario contar con un liderazgo sólido y una voluntad política sostenida a varios niveles, no solo a nivel nacional, sino también a nivel subnacional y comunitario. Esto es especialmente cierto en el caso de PNG, donde el sector sanitario ha experimentado varios procesos de descentralización desde la independencia, de modo que las Autoridades Provinciales de Salud (PHA) y las Autoridades de Desarrollo de Distrito (DDA) tienen una autonomía presupuestaria considerable a nivel subnacional. Para traducir eficazmente la voluntad política en acción e impacto, es fundamental el liderazgo subnacional a nivel de distrito, provincia y estado. Un liderazgo local sólido puede favorecer la adaptación subnacional de las intervenciones a partir de datos disponibles localmente para maximizar su impacto. Conectar de forma coherente a todos los niveles de gobierno, desde los jefes de Estado hasta lo más profundo de las comunidades, incluidos los grupos más vulnerables y de difícil acceso, será clave para impulsar una respuesta eficaz contra la malaria.

Como destacó el Informe de Resultados 2021 del Fondo Mundial, la COVID-19 ha sido el revés más importante en la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria en dos décadas: los resultados programáticos clave en estas tres enfermedades disminuyeron, lo que expuso aún más a poblaciones ya vulnerables. El lado positivo de la pandemia es que ha brindado a los líderes mundiales y a los responsables de las políticas sanitarias una oportunidad extraordinaria para construir sistemas duraderos en lugar de aplicar soluciones paliativas.

Nunca ha sido tan urgente garantizar que invirtamos en la infraestructura adecuada, durante el tiempo necesario y con las personas adecuadas. Solo así podremos poner fin a las más de 400 000 muertes por malaria evitables cada año y gestionar lo que sigue siendo la pandemia más prolongada del mundo.

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