La tecnología digital puede transformar rápidamente la forma en que los países prestan servicios como la educación y la salud a sus ciudadanos. Los servicios públicos del futuro deberían ser eficaces, eficientes, justos, basados en datos y adaptados a las necesidades individuales. Y los cimientos para convertir esta visión en realidad deben sentarse ahora.
Gestionados con criterio, los datos pueden ser la clave para ofrecer servicios de salud y educación de calidad para todos, con rapidez, a gran escala y de forma sostenible, y para impulsar la inclusión social y económica. Junto a estas emocionantes oportunidades, los países también deben anticipar y gestionar los riesgos asociados a la revolución digital. Con este fin, el uso pionero de datos y tecnología por parte de la India ofrece cuatro lecciones para otros países en desarrollo.
En primer lugar, la escala debe incorporarse al diseño de los proyectos desde el principio, en lugar de ser una reflexión posterior. En la India, debemos pensar cómo podemos ayudar a un millón de agentes comunitarios de salud a prestar atención sanitaria en zonas rurales, y cómo mejoramos las competencias de 100 millones de jóvenes que buscan mejores empleos. El mundo debe plantearse una pregunta similar: ¿cómo podemos proporcionar vacunas seguras y de alta calidad a 20 millones de lactantes en todo el mundo, y educar a los más de 260 millones de niños y jóvenes que no están escolarizados?
En segundo lugar, los países deben centrarse en construir la infraestructura digital subyacente necesaria para un éxito sostenido, y evitar la atracción de las últimas innovaciones llamativas. Con demasiada frecuencia, los países en desarrollo han abrazado nuevas tecnologías («¡Distribuyan tabletas entre los escolares!») sin pensar lo suficiente en cómo se utilizarán en contextos nacionales específicos. Esto ha dado lugar a numerosos proyectos piloto decepcionantes que no lograron generar un impacto sostenible a gran escala.
Un nuevo informe de la Comisión Pathways for Prosperity sobre Tecnología y Desarrollo Inclusivo, con sede en la Escuela Blavatnik de Gobierno de la Universidad de Oxford, sugiere cómo los países pueden abordar este problema. El informe les insta a establecer una base de «bloques digitales de construcción», que incluyen infraestructura básica y competencias, con el fin de aprovechar las disrupciones positivas en los servicios de educación y salud. Además, los países deberían proporcionar un «andamiaje digital» esencial en torno al cual puedan desplegarse a gran escala nuevas soluciones tecnológicas.
La India ha liderado el camino en este sentido, al convertir intencionadamente su nueva infraestructura digital en un bien público. Por ejemplo, Aadhaar, el sistema de identificación única biométrica de la India, muestra cómo la tecnología de vanguardia puede resolver el problema social de establecer identidades únicas en un país en desarrollo de más de mil millones de personas. Tras ser adoptado por más de 1.200 millones de ciudadanos, Aadhaar se ha convertido ahora en una plataforma para la innovación social, que fomenta numerosas nuevas soluciones a diversos problemas y sirve como identificación fundamental para múltiples iniciativas en distintos sectores de la India.
Por ejemplo, el uso de Aadhaar ayuda a prevenir el abuso de diversos programas gubernamentales, garantizando que, por ejemplo, la subvención del gas de cocina se conceda a cada ciudadano solo una vez en un período determinado. Aadhaar también es utilizado por todos los ciudadanos como prueba de identidad en procesos clave, como la solicitud y renovación de pasaportes, la apertura de cuentas bancarias y el acceso rápido y cómodo al crédito.
Asimismo, EkStep, una iniciativa sin ánimo de lucro que cofundé con Rohini Nilekani y Shankar Maruwada, ha creado una plataforma social basada en tecnología y centrada en el estudiante para mejorar la alfabetización y la aritmética básica de 200 millones de niños en toda la India. Para generar un impacto a gran escala, EkStep conecta diversas innovaciones aisladas en compartimentos estancos e involucra a los principales agentes del ecosistema educativo (públicos, privados o sociales) mediante redes de colaboración y cocreación. Esta infraestructura digital abierta y gratuita posibilita una serie de soluciones, entre ellas recursos para el aula, contenidos de aprendizaje y formación, ayudas para la evaluación, un registro de docentes, recompensas y reconocimientos, y comunidades de aprendizaje.
En tercer lugar, los países deben anticipar y gestionar eficazmente los riesgos que surgen de la recopilación y el uso de datos digitales. Como primer paso, el gobierno indio ha desarrollado un marco de consentimiento electrónico que permite a los ciudadanos comprender y autorizar usos específicos de sus datos.
Pero, además del consentimiento, también necesitamos nuevas instituciones de gestión de datos que no tengan intereses en conflicto con los del usuario. El sistema de agregadores de cuentas digitales del Banco de la Reserva de la India, bien diseñado, por ejemplo, permite a los posibles prestamistas revisar digitalmente los activos financieros de los prestatarios, sobre la base del consentimiento explícito de estos para acceder únicamente a datos específicos, con un fin concreto y durante un período de tiempo determinado. Para permitir la inclusión financiera a gran escala, los principales agentes gubernamentales, del sector privado y de la sociedad civil deben establecer con rapidez normas, reglamentos e instituciones que devuelvan a los ciudadanos el control de sus propios datos.
Por último, un enfoque evolutivo gradual no resolverá los grandes y complejos problemas sociales. Con demasiada frecuencia, las organizaciones creen tener la solución a un gran desafío social, como mejorar el acceso a la atención sanitaria en las zonas rurales de la India, y simplemente necesitan seguir desgastando el problema poco a poco. En lugar de buscar una solución perfecta, los países deberían construir una infraestructura digital que empodere a los innovadores apasionados, fomentando una red interconectada que pueda cocrear simultáneamente miles de soluciones a cientos de problemas distintos. En lugar de más y mejores compartimentos estancos, necesitamos entornos de innovación más ágiles y abiertos.
Las nuevas tecnologías, instituciones y normativas pueden ayudar a los países a reimaginar la educación y la salud, a desarrollar el capital humano y a preparar a sus jóvenes para los empleos del mañana. Cabe reconocer que la India aún tiene mucho por hacer en este sentido. Pero su éxito hasta ahora inspirará, así lo esperamos, a otros países en desarrollo a fomentar ambiciones digitales igualmente audaces e inclusivas.

