La brillante nueva investigación (PDF) de la economista Girija Borker revela una de las formas invisibles en que el acoso sexual transforma vidas y la economía.
Su estudio comienza con una pregunta sencilla: ¿Por qué las mujeres de Nueva Delhi, capital de India, eligen universidades peores que los hombres, a pesar de obtener mejores resultados que ellos en los exámenes de admisión? Según su investigación, una parte de la respuesta es que buscan evitar a los depredadores sexuales.
Borker descubre que las mujeres están dispuestas a hacer grandes concesiones respecto a la calidad de la universidad a la que asisten para contar con una ruta más segura. Calcula que, ante una reducción anual del 3 % en la probabilidad de ser violadas, las estudiantes de la Universidad de Delhi están dispuestas a asistir a una universidad situada entre el 50 % peor clasificado, en vez de a una entre el 20 % mejor. Los hombres apenas tienen en cuenta la seguridad. (Como referencia: la Universidad de Delhi está formada por 77 universidades, y la admisión se basa exclusivamente en las notas de los exámenes de fin de secundaria.)
Las mujeres también terminan gastando más en transporte para evitar el acoso. Según sus conclusiones, están dispuestas a gastar decenas de miles de rupias para tener una ruta más segura a la universidad, a menudo más que el importe de la propia matrícula.
La seguridad es lo primero
La forma más sencilla de ver cómo afecta el acoso sexual a las mujeres es observar cómo se desplazan. Según la encuesta de Borker a 2.700 estudiantes universitarios de Delhi que viven en casa y viajan a diario a la universidad, los autobuses son menos populares entre las mujeres que los autorickshaws y el metro. Por otro lado, para los hombres, el autobús es la forma más popular de llegar a la universidad.
Cuando Payal Sharma, ahora de 24 años, fue admitida en el prestigioso Lady Shri Ram College, en Lajpat Nagar, decidió asistir aunque muchas de sus amigas optaron por universidades de segunda categoría más cerca de casa. Pero seguía preocupada por la seguridad: durante todo su programa de tres años, que terminó en 2015, Sharma eligió el trayecto más largo de una hora en metro, en lugar de un viaje de 20 minutos en autobús hasta la universidad. «No sé si es solo la percepción de que el metro es más seguro; quizá lo sea. Pero, cuando me admitieron, lo primero que comprobé fue que hubiera buenas conexiones de metro», dijo Sharma a Quartz. «La mayoría de la gente elige ir en metro aunque tarde más del doble».
Esta preocupación tan intensa no carece de fundamento. A pesar de haber endurecido las penas para los violadores y creado tribunales de «tramitación rápida», la crisis de violaciones en India sigue siendo grave, debido a la falta de preparación de los agentes de policía, a médicos que culpabilizan a las víctimas y a la falta de asistencia jurídica.
La capital, Nueva Delhi, tiene una especial fama de ser insegura para las mujeres. En 2012, la brutal violación en grupo de una estudiante de fisioterapia de 23 años en un autobús sirvió de llamada de atención, pero poco cambió. Cuatro años después del incidente, Nueva Delhi aún ocupaba el puesto de cuarta ciudad más peligrosa del mundo para las mujeres que usan el transporte público. La policía de Delhi registra un promedio de 50 delitos contra las mujeres al día, incluidos al menos cuatro presuntos casos de violación.
Pero el estudio de Borker fue más allá de limitarse a observar el medio de transporte de estas estudiantes.
Para cuantificar cómo influía el género en la elección de universidad, Borker utilizó datos sobre la ubicación de los hogares de las estudiantes encuestadas, junto con las posibles rutas a cada universidad en la que habían sido admitidas. A partir de Google Maps, desarrolló un algoritmo para generar hasta 12 rutas plausibles a cada universidad. Después asignó a esas rutas una puntuación de seguridad, basándose en datos de las aplicaciones móviles Safetipin y Safecity. Según el análisis de Borker, los hombres con altas calificaciones en los exámenes de admisión aprovechaban las opciones adicionales para ir a una universidad mejor, mientras que las mujeres solían utilizarlas para encontrar una universidad a la que pudieran llegar por una ruta más segura.
Jennifer Doleac, profesora adjunta de políticas públicas y economía de la Universidad de Virginia, califica el estudio de Borker de «bien hecho, cuidadoso y exhaustivo». Aun así, advierte que el estudio identifica principalmente una fuerte correlación entre la seguridad de las rutas y la elección de universidad, en lugar de demostrar de manera concluyente que la seguridad de las rutas determina esa elección. Sin embargo, sigue siendo sumamente valioso porque «es el primer estudio que conozco que cuantifica de forma creíble el impacto económico del acoso sexual», añadió Doleac.
El problema probablemente sea aún peor de lo que sugiere su investigación, afirma Borker, porque solo puede examinar a quienes asisten a la universidad. Es probable que a muchas mujeres no se les permita estudiar en la universidad o que decidan no hacerlo por motivos de seguridad. Considera que el gobierno debe tener en cuenta estas cuestiones de seguridad. «Si diseñas sistemas de transporte o vías peatonales sin tener en cuenta la seguridad de las mujeres, nunca lograrás un desarrollo inclusivo», dijo Borker a Quartz.

