Angola, país de habla portuguesa, está muy influida por la producción cultural de Brasil, la gran potencia lusófona del mundo.
Brasil suele presentarse como una tierra de esperanza en Angola. A los angoleños les encantan sus telenovelas, dramas televisivos llenos de intriga que se emiten a diario en los canales angoleños, así como los estilos glamurosos que lucen las estrellas de las telenovelas.
Para satisfacer la demanda de moda de las mujeres, cada vez más empresarias de la capital angoleña, Luanda emprenden viaje en avión a Brasil y otros centros de la moda para comprar prendas brasileñas muy codiciadas.
Regresan con maletas llenas de ropa, chanclas Havaianas y accesorios para vender a los consumidores entusiastas en los mercados informales.
La conexión entre Brasil y Angola
Este comercio de moda Sur-Sur, impulsado por mujeres y por la cultura popular, que apenas se ha estudiado en las investigaciones sobre la movilidad de género en África, es consecuencia de las dificultades económicas de Angola tras la guerra.
Desde el fin de la guerra civil angoleña, que duró 26 años y terminó en 2002, el país ha sufrido un alto desempleo y un mercado poco diversificado, lo que obliga a los emprendedores a buscar oportunidades en el extranjero.
Las «comerciantes de maleta» del sector textil, o moambeiras, como suelen llamarse a las importadoras, son principalmente madres y cabezas de familia de entre 30 y 50 años que viven en las zonas periféricas pobres de Luanda. Por cuenta propia, pero como parte de una red, organizan viajes de compra periódicos en uno de los cuatro vuelos semanales entre Luanda y São Paulo, Brasil, un centro mundial de la moda.
Aunque no hay datos oficiales sobre el tema, se calcula que unas 400 mujeres angoleñas viajan a Brasil cada semana.
Para reducir gastos y sentirse menos aisladas en los viajes de negocios, que pueden durar unos días o una semana, las moambeiras se alojan en hostales de São Paulo especializados en hospedar a comerciantes africanos.
Sin embargo, en los mercados brasileños las angoleñas se mezclan con compradores y vendedores de todo el mundo. Cada año, 11 millones de personas llegan a São Paulo desde América Latina, África, Asia y Europa para hacer compras.
Comunidades africanas en São Paulo
Por sus bajos costes de producción y sus grandes mercados nocturnos, São Paulo también es un lugar importante para el comercio informal o ilegal.
Para las moambeiras, no hay mejor lugar para comprar que la Feira da Madrugada, situada en el distrito de Brás, en esta megaciudad, donde prosperan las redes africanas.
Los restaurantes y hostales especializados en atender a una clientela africana ofrecen lugares para socializar y establecer contactos y, para muchas personas, espacios donde los africanos negros en Brasil —una sociedad multiétnica con una prevalencia de la discriminación racial— pueden sentirse cómodos.
«Aquí es nuestro», afirmó una moambeira durante mi investigación doctoral en Brasil, en 2013, al referirse a los enclaves africanos de São Paulo.
El gerente del hotel Victoria, donde se alojan muchas mujeres angoleñas, me dijo: «¡Hicieron del hotel su hogar aquí en Brasil! Se sienten como en casa, [tienen] cierto grado de intimidad con nosotros, en términos de libertad».
Brasil lleva mucho tiempo ejerciendo una atracción ambigua en África, especialmente en los países de habla portuguesa, como Angola y Mozambique. El país tiene altos índices de delincuencia y violencia que pueden atemorizar a quienes viajan allí, pero las series brasileñas de televisión, tan populares en sus países, también presentan el país como una tierra de esperanza y oportunidades.
En 2011, unos 15.000 africanos de 55 países distintos estaban registrados oficialmente en Brasil, y según las fuentes el número de residentes angoleños en Brasil rondaba los 1.100. Algunos son refugiados, aunque se desconoce la cifra exacta.
Para quienes hablan portugués, Brasil también ofrece oportunidades excepcionales de progreso económico y educativo. Dado que la moda es, por naturaleza, una industria aspiracional y que las telenovelas tienen un impacto demostrado en el comportamiento y la visión del mundo de las mujeres, para las consumidoras angoleñas vestir ropa brasileña puede representar algo más que tener buen estilo. Puede sentirse como un acto de empoderamiento.
¿El fin de la esperanza?
Joana, una angoleña de 36 años, viaja a Brasil una vez al mes para comprar ropa y Havaianas. Me explicó cómo elige las prendas según los personajes interpretados por actrices brasileñas.
El primer lugar donde la gente busca las últimas tendencias son las telenovelas; ves que las imitan: «¡Ah, se vistió así!». Así que llaman a la ropa por el nombre de la actriz o del personaje. Por ejemplo, si se trata de alguien de Xica da Silva, todo el mundo empieza a llamarla «la Xica da Silva». Cuando compras… quieres [quieres] traer una Xica da Silva; eso es lo que [hacemos].

Esto dijo Mariazinha, de 42 años, sobre Brasil:
Me gusta ese país. Es un poco caótico, pero me gusta… porque no necesito aprender otro idioma… Así que decidí ir a un país donde hablamos la misma lengua, aunque su portugués sea un poco distinto. Así no pierdo mucho tiempo.
Esta facilidad de acceso anima a las comerciantes a seguir viajando a Brasil pese al coste de los billetes de avión y los elevados aranceles aduaneros angoleños, que reducen sus ganancias.
Pero los destinos comerciales están cambiando rápidamente. Actualmente, Brasil atraviesa una grave crisis económica. La austeridad y el colapso político están dañando su imagen como tierra de oportunidades para los migrantes y emprendedores africanos.
Mientras tanto, China prospera, al igual que sus inversiones en África. Para las comerciantes textiles angoleñas, como para otros sectores del comercio mundial de ropa, China se está convirtiendo rápidamente en uno de los principales competidores de Brasil.
En 2013, Joana me comentó que estaba pensando en ir a China para hacer negocios, pero le preocupaba poder desenvolverse allí, ya que no tenía una red local.
Para 2014, cuando volví a verla en Luanda, evidentemente ya había superado ese obstáculo. Joana me mostró la ropa china que ya vendía.
A medida que el mercado chino se adapta con rapidez y ofrece ropa de colores y estilos atractivos para los gustos africanos, su ventaja competitiva frente a Brasil se acentúa para las moambeiras. Pese a las barreras lingüísticas y culturales, las empresas chinas han demostrado su disposición a comerciar con los africanos, y los bajos precios de los productos chinos ayudan a compensar el mayor coste de los billetes de avión.
Este comercio informal de prendas es una pequeña parte de la relación comercial cada vez más estrecha entre China y Angola.
Aun así, no todas las empresarias pueden hacer un viaje así, sobre todo dada la actual crisis económica de Angola. A largo plazo, tanto si las emprendedoras moambeiras de Luanda ponen la mira en China como si mantienen sus negocios centrados en Brasil, estas mujeres seguirán revelando los orígenes globales del comercio informal de Angola y de su estilo de moda.

