Los últimos años han sido especialmente difíciles para los agricultores de Kenia. El país ha soportado tres temporadas consecutivas de lluvias por debajo de la media. El año pasado, el Gobierno declaró una emergencia nacional por sequía en 23 de los 47 condados del país; 13 se encuentran en estado de emergencia por sequía hasta ahora este año. Estas lluvias irregulares explican en parte que casi 3 millones de personas sufran inseguridad alimentaria en el país.

Aunque los sistemas de riego podrían ayudar a proporcionar una fuente de agua más estable, actualmente cubren solo entre el seis y el ocho por ciento del territorio de Kenia. Sin embargo, algunos agricultores están accediendo a ellos gracias a una fuente de energía novedosa: biodiésel elaborado con semillas de algodón trituradas.
Biodiésel para el riego
Taher Zavery dirige una fábrica desmotadora de algodón en Kitui, un condado semiárido del centro de Kenia. Produce biodiésel triturando las semillas de algodón que se separan de las pacas durante el desmotado. Al utilizar residuos en vez de cultivar productos específicamente para producir biodiésel (como han hecho otros proyectos de biodiésel para la agricultura en África), ha podido producir bastante combustible sin agravar la escasez de alimentos. Hasta ahora, con la ayuda de una subvención de USAID, ha concedido préstamos para 105 bombas de agua alimentadas con biodiésel y las ha suministrado a agricultores cercanos que cultivan algodón y alimentos.

El proyecto ha contribuido a mejorar los ingresos de los agricultores frente a un clima irregular. Abel Mutie vive a unos 12 millas de Kitui, en una parcela de cinco acres. Complementa el sueldo que gana como maestro en la escuela primaria local con los ingresos de su granja. Antes usaba una bomba de agua de gasolina; la bomba de biodiésel ofrece varias ventajas.
Para empezar, Mutie puede hacer funcionar la bomba de biodiésel 12 horas al día; la bomba de gasolina necesitaba descansar al menos una hora después de unas cinco horas de uso. Además, cuesta menos operarla. En un día normal, usa tres litros de biodiésel en lugar de seis litros de gasolina. El biodiésel cuesta alrededor de $0.20 menos por litro que la gasolina.
Lo más importante es que la bomba de biodiésel puede regar una porción mayor de terreno, lo que ha permitido a Mutie empezar a cultivar cebollas. El año pasado cosechó casi 9,000 libras de cebollas y ganó unos $4,000. Pudo saldar la deuda pendiente de su bomba de biodiésel, que costó unos $340, y usar el resto del dinero para comprar más fertilizante, pagar las cuotas escolares de sus hijos y ahorrar algo para ayudar a su familia a superar el próximo episodio inevitable de clima extremo.

Los agricultores kenianos tienen dificultades para obtener préstamos para equipos agrícolas
Mutie no es el único que se beneficia de las bombas de agua que funcionan con biodiésel, pero no todos han tenido el mismo éxito. Boniface Wambua aumentó la parte de sus tierras bajo riego al utilizar una bomba de agua alimentada con biodiésel. En la primera temporada de uso ganó unos $500, que destinó a pagar las cuotas escolares de cinco de sus seis hijos que todavía estudian. Sin embargo, el año pasado, tras la sequía llegaron fenómenos meteorológicos más extremos: lluvias inusualmente intensas en abril y mayo. Las inundaciones repentinas arrasaron su cosecha de tomates y los plantones de árboles. Espera que las cebollas que trasladó hace poco del semillero crezcan bien y que pueda saldar la deuda pendiente de su bomba.
Pero ahí reside otro desafío para los agricultores que buscan bombas de agua y otras tecnologías agrícolas: la financiación. Zavery esperaba que las entidades financieras concedieran préstamos a los agricultores para que pudieran comprar bombas de riego de biodiésel, pero ninguna lo hizo porque los agricultores no tenían cuentas bancarias. Las instituciones de microfinanzas (IMF) ofrecían tasas de interés de hasta el 45 por ciento. La empresa de Zavery, Kitui Industries, terminó proporcionando tanto los préstamos como las bombas, lo que la puso en una situación financiera arriesgada. Mary Mwinzi, directora de operaciones de Kitui Industries, evalúa qué agricultores podrán devolver los préstamos y trabaja con ellos para que usen las bombas y generen ingresos adicionales. Aunque está dispuesta a ofrecer un período de gracia a los agricultores con dificultades, devolver los préstamos es esencial para que el modelo de negocio sea sostenible.

Ampliar el acceso a tecnologías para la adaptación climática
Empresas como la de Zavery serán cada vez más esenciales en Kenia ante el aumento de los riesgos climáticos, como las lluvias irregulares y las sequías frecuentes y prolongadas.
Una posible solución para ampliar el acceso de los agricultores a tecnologías de adaptación climática son los modelos de pago por uso (PAYG, por sus siglas en inglés), en los que una empresa alquila un sistema de energía renovable a un agricultor. Este tipo de modelos ya está ayudando a las zonas rurales de África a acceder a la electricidad mediante sistemas solares domésticos. Actualmente, los acuerdos PAYG solo ofrecen sistemas domésticos relativamente pequeños, pero los sistemas más grandes, como las bombas de riego, también podrían funcionar de ese modo si las entidades financieras locales concedieran préstamos a las empresas PAYG. La energía renovable descentralizada puede ayudar a los agricultores kenianos a adaptarse a un mundo afectado por el cambio climático, pero solo si se cuenta con los sistemas financieros adecuados para hacer realidad las tecnologías limpias.

