Esta semana, China selló un acuerdo con Israel que podría abrir las puertas del país más poblado del mundo a las empresas de carne vegana de alta tecnología.
«Es una oportunidad de mercado colosal», afirma Bruce Friedrich, director de The Good Food Institute (GFI), que apoya y defiende los intereses de las alternativas a la carne. «Esto podría poner la carne [producida en laboratorio] en el radar de los funcionarios chinos, que tienen capacidad para destinar miles de millones de dólares a esta tecnología».
El acuerdo comercial de 300 millones de dólares, anunciado el 11 de septiembre, dará a las empresas chinas la oportunidad de asociarse con empresas tecnológicas israelíes para abordar cuestiones relacionadas con las emisiones. Es otra señal de que China se toma en serio la reducción de la cantidad de gases de efecto invernadero que emite; la semana pasada (9 de septiembre), el Gobierno chino dijo que se sumaba a las iniciativas del Reino Unido, Francia y la India para reducir el número de automóviles propulsados por petróleo que se venden en el país. Esa decisión va de la mano de una nueva política que el Gobierno aprobó el año pasado y con la que se comprometió a animar a sus ciudadanos a consumir menos carne y huevos. La ganadería contribuye de forma importante a las emisiones mundiales y constituye un problema creciente en China.
Este tipo de medidas ha llamado la atención de las empresas que se apresuran a llevar al mercado la carne producida en laboratorio, la que se fabrica fibra a fibra en laboratorios. Actualmente, ocho empresas en el mundo trabajan para producir una versión escalable de esta carne vegana de alta tecnología, y tres de ellas están en Israel.
Aunque las empresas israelíes —SuperMeat, Future Meat Technologies y Meat the Future— quizá sean las primeras en tener una oportunidad clara en el mercado chino de carne producida en laboratorio, sus competidoras también ven el acuerdo como una oportunidad. En 2016, las importaciones chinas de carne superaron los 10.000 millones de dólares, según el Centro de Comercio Internacional, lo que deja mucho margen para que los productos alternativos a la carne vayan ganando cuota de mercado.
La Autoridad de Innovación de Israel y el Instituto de Exportación de Israel, ambos organismos del Gobierno israelí, participaron en la elaboración del acuerdo con China. A ambos les interesa la carne producida en laboratorio y participaron a principios de este año en la primera conferencia mundial sobre este tipo de carne, celebrada en Haifa, Israel.
La economía tecnológica de Israel es considerada por algunos la segunda después de Silicon Valley, donde tienen su sede varias empresas de alternativas a la carne de alta tecnología, entre ellas Impossible Foods y Hampton Creek; ambas han recibido inversiones del multimillonario chino Li Ka-shing.
«La versión china de Bill Gates ya está respaldando a estas empresas», afirma Josh Balk, responsable de políticas de protección animal de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos. «Creo que todo esto encaja bastante bien con la idea de que la carne limpia y otras fuentes de proteínas que no proceden de animales vivos ganarán terreno en China».
El martes (12 de septiembre), el diario estatal China Science and Technology Daily publicó un artículo (en chino) en el que se planteaba adoptar la carne producida en laboratorio por motivos relacionados, entre otros, con la inocuidad de los alimentos, la seguridad alimentaria y el medioambiente. «Imagina el futuro», dice el artículo. «Tienes dos productos idénticos: para obtener uno hay que sacrificar al ganado. El otro es exactamente igual y más barato, no genera emisiones de gases de efecto invernadero ni requiere sacrificar animales. ¿Cuál elegirías?»

