Los desafíos que enfrenta el Sudeste Asiático son emblemáticos de los grandes problemas mundiales que los líderes mundiales han acordado abordar. A pesar del crecimiento económico constante de las últimas décadas, la región se enfrenta a una desigualdad de ingresos y a una concentración de la riqueza en aumento, a la discriminación, a la inseguridad alimentaria, a los desafíos persistentes en materia de derechos humanos y a la degradación ambiental.
En la superficie, esto dibuja un panorama desalentador, pero hay mucho que celebrar. Los líderes de la región han acordado que el crecimiento inclusivo es una prioridad y que las economías inclusivas necesitan empresas inclusivas.
Aunque se encuentra en una etapa incipiente, estamos presenciando el potencial de transformación de los modelos de negocio en la región. Desde iniciativas para promover la sostenibilidad social y ambiental en la agricultura de Camboya y en los sectores textil y de confección hasta empresas inclusivas que trabajan con comunidades pobres en Tailandia y Laos, pasando por empresas sociales de comercio justo cuyos beneficios se reinvierten en los productores, surge un variado espectro de modelos de negocio más equitativos.
Oxfam trabaja con emprendedores de la región, ayudándoles a estructurar sus negocios de manera que las personas y el planeta estén por delante del beneficio, o junto a él. Estas son tres razones por las que nos entusiasma promover modelos de negocio más justos en el Sudeste Asiático.
Cerrar la brecha de género
La generalizada desigualdad de género significa que, de media, las mujeres de Asia ganan solo entre el 70 y el 90 % de lo que ganan los hombres y tienen más probabilidades de cobrar por debajo del salario mínimo.
Sin embargo, en el sector de las empresas sociales, el Sudeste Asiático lidera el camino en igualdad salarial y oportunidades de liderazgo para las mujeres.

Un estudio del Banco Asiático de Desarrollo estima que, si la participación de la mujer en la fuerza laboral aumentara del 57,7 % al 66,2 %, la economía asiática podría experimentar un crecimiento del 30 % de la renta per cápita en tan solo una generación. Promover modelos de negocio más justos podría ayudar a impulsar el crecimiento económico y contribuir a una sociedad más justa.
Consumidores éticos
Las empresas que desarrollan soluciones de mercado para los desafíos sociales y ambientales empujan una puerta abierta: los consumidores del Sudeste Asiático están más preocupados por estas cuestiones que sus vecinos (especialmente los más ricos). Predican con el ejemplo: el 64 % de los consumidores de la región Asia-Pacífico están dispuestos a pagar más por los productos de empresas «comprometidas con un impacto social y ambiental positivo», más de 20 puntos por encima de Europa y Norteamérica.
Los clientes y las ONG suelen ser escépticos ante las campañas de relaciones públicas. Para tener éxito, las prácticas responsables deben formar parte integral de la actividad empresarial, no ser un complemento añadido. Limitarse a poner una etiqueta verde a un producto probablemente acarree acusaciones de «ecoblanqueo» (greenwashing).


Accionar las palancas de la política pública
Los gobiernos del Sudeste Asiático trabajan cada vez más para apoyar y facilitar que las empresas sociales, las cooperativas, el comercio justo y los negocios inclusivos prosperen mediante políticas públicas. Entre los ejemplos ya en marcha en la región figuran:
• En Vietnam, existe una nueva forma jurídica diseñada específicamente para las empresas sociales.
• En Singapur, el Ministerio de Desarrollo Social y Familiar ha elaborado apoyo, asesoramiento y guías para las empresas sociales.
• En Tailandia, el gobierno ha creado una Oficina de Economía Social y un plan maestro. Existen exenciones fiscales para algunas empresas sociales.
• En marzo de 2017, el Gobierno malasio puso en marcha un Fondo de Resultados Sociales diseñado para proporcionar financiación a las empresas sociales que ofrecen intervenciones preventivas y servicios sociales que apoyan a las comunidades marginadas.
Aunque aún queda un largo camino por recorrer, los esfuerzos de los gobiernos de la ASEAN por promover el emprendimiento social se consideran entre los mejores del mundo.

En resumen
Aunque hay mucho que entusiasmarse, no podemos ignorar los enormes desafíos de la región. Los modelos de negocio inclusivos y más justos siguen siendo la excepción y no la regla. Las empresas sociales suelen operar a pequeña escala, con escasa capacidad para influir en las grandes empresas.
Demasiadas empresas de las cadenas de suministro asiáticas locales o globales, especialmente en los sectores textil y agrícola, dependen de pagar salarios de pobreza y de vulnerar los derechos laborales para obtener beneficios. Este es un modelo defectuoso desde el principio.
Con nuestro informe, que acompaña a la reunión anual de la ASEAN del Foro Económico Mundial en septiembre, Oxfam pretende inspirar a los líderes empresariales para transformar sus organizaciones mediante modelos más inclusivos desde el punto de vista social y económico. Ya sea que su punto de partida sea la diligencia debida en materia de derechos humanos, garantizar un valor justo y salarios para los pequeños productores y trabajadores, o cambiar a un modelo que antepone las personas y el planeta al beneficio, estamos aquí para apoyar a las empresas comprometidas con formas de hacer negocios más justas.

