Pobreza menstrual: el Banco Mundial estima que 500 millones de mujeres y niñas en todo el mundo carecen de acceso a instalaciones adecuadas para la gestión de la higiene menstrual.
Incluso para las mujeres que no sufren pobreza menstrual, los productos de higiene femenina de alta calidad suelen tener también un precio elevado. El margen bruto de los productos de higiene femenina puede llegar a ser del 70 %.
El JD.com de China pretende aprovechar su fortaleza en la cadena de suministro para abordar el problema y lanzará un programa a largo plazo para donar productos de higiene femenina a niñas de zonas remotas.
La mujer promedio dedica siete años de su vida a la menstruación. Dado que las mujeres llegan a la pubertad cada vez antes, debido al aumento de la obesidad, la exposición a productos químicos y otros factores, esta cifra no deja de aumentar.
Esto también significa que la carga económica asociada a la menstruación afecta a las mujeres a una edad más temprana, aumentando el coste total a lo largo de su vida y agravando el creciente problema mundial de la “pobreza menstrual”— un término que se refiere, en líneas generales, a la falta de acceso a productos sanitarios, educación en higiene menstrual, aseos, lavado de manos o gestión de residuos.
Estadísticas sobre la pobreza menstrual
El Banco Mundial estima que 500 millones de mujeres y niñas en todo el mundo carecen de acceso a instalaciones adecuadas para la gestión de la higiene menstrual. Una investigación de Plan International UK revela que tres de cada 10 niñas y mujeres de entre 14 y 21 años han tenido problemas para pagar o acceder a productos de higiene femenina durante el confinamiento por COVID-19, y que más del 54 % de ellas ha recurrido al papel higiénico como alternativa. Los estigmas culturales en torno a la menstruación también agravan estas tendencias.
Las recientes medidas para abordar la pobreza menstrual en todo el mundo son alentadoras, como la promesa de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, de proporcionar productos menstruales a los estudiantes del país durante los próximos tres años; el anuncio de Escocia del pasado noviembre de que pondría a disposición productos menstruales para todas las personas que los necesiten; y la promesa de Gran Bretaña de derogar el “impuesto sobre los tampones”, que clasifica los productos sanitarios como artículos de lujo no esenciales.
En Estados Unidos, el documental Period. End of Sentence., que surgió de un grupo de estudiantes de instituto de California que se unieron para abordar la pobreza menstrual en la India rural, ganó un premio Óscar al mejor documental corto en 2019. En China, la campaña de base Stand by Her pretende aumentar el acceso y reducir el estigma que rodea a la menstruación, a la vez que mejora la educación de los estudiantes.
Incluso para las mujeres que no sufren pobreza menstrual, los productos de higiene femenina de alta calidad suelen tener también un precio elevado. El margen bruto de los productos de higiene femenina puede llegar a ser del 70 %, mientras que la industria del papel tisú, que tiene una cadena de suministro similar, presenta un margen bruto medio de alrededor del 30 %.
Pobreza menstrual: ¿cuáles son los costes?
Casi cada año, sin duda fruto de una importante I+D por parte de las grandes marcas, surgen nuevas campañas y conceptos en torno a los productos de higiene femenina: compresas con espuma superabsorbente de lujo, aplicadores de tampones de plástico con aspecto de perla, y más, que ofrecen a las mujeres más opciones y flexibilidad durante la menstruación. Las opciones ecológicas también proliferan en el mercado: la ropa interior menstrual (US $23) y las compresas de algodón reutilizables (US $30). Todo esto está muy bien, pero las mujeres también necesitan opciones más sencillas, asequibles y en las que puedan confiar. Aquí es donde los minoristas pueden desempeñar un papel importante.
Tomemos China como ejemplo. Los productos de higiene femenina de bajo coste disponibles en el mercado chino varían mucho en calidad. Esto supone una amenaza para los consumidores, especialmente para los de los mercados de nivel inferior (definidos como ciudades de nivel 3 a 6). No es raro encontrar copias de marcas conocidas que proliferan en mercados en línea mal gestionados, o paquetes sin marca de compresas vendidos a granel con poca transparencia sobre su procedencia. Y los clientes no dudan en cuestionar la calidad de estos productos en sus reseñas.
La pobreza menstrual no afecta solo a las poblaciones pobres o de clase media. En cuanto a los productos de marca, muchos son más caros de lo necesario. Una investigación de Zhongtai Securities concluye que, a medida que el precio aumenta capa a capa, el precio final de las compresas higiénicas puede llegar a triplicarse. Reducir costes no tiene por qué implicar renunciar a la alta calidad.
JD.com pretende aprovechar su fortaleza en la cadena de suministro para contribuir a este esfuerzo mediante una plataforma de comercio social electrónico, Jingxi, que trabajará con el cinturón industrial de Quanzhou, una ciudad portuaria de nivel prefectoral en el sur de la provincia de Fujian, para llevar al mercado una opción de compresa higiénica asequible y de alta calidad.
La iniciativa también sirve para apoyar a los actores tradicionales del cinturón industrial de Quanzhou a familiarizarse con el comercio electrónico, ofreciéndoles canales de crecimiento adicionales. Esto resulta especialmente útil, ya que muchas empresas se han volcado en el mercado nacional debido a las presiones sobre las exportaciones derivadas de la COVID-19.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, JD también pondrá en marcha un programa a largo plazo para donar compresas higiénicas a niñas de zonas remotas, empezando por la colaboración con el Fondo Aixiaoya (中国社会福利基金会爱小丫基金) de la Fundación China de Bienestar Social para donar compresas higiénicas a las alumnas de Gansu Mountain Middle School.
En definitiva, los productos de higiene femenina no deberían suponer un gran gasto, y los actores responsables de la cadena de suministro deben facilitar la disponibilidad de productos de alta calidad y asequibles para acabar con la pobreza menstrual. Punto.

