Así está combatiendo India la resistencia a los antimicrobianos

Employees inspect tablets as they move along the production line at a pharmaceutical plant of Lupin, India's No. 2 drugmaker, in Verna, in the western state of Goa, India, June 9, 2017. Picture taken June 9, 2017. REUTERS/Danish Siddiqui
India is struggling with the rate that antibiotic resistance is growing in the developing country.Image: REUTERS/Danish Siddiqui
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El año pasado, una profesora de 30 años que padecía una infección grave del torrente sanguíneo llegó a mi sala de urgencias para recibir tratamiento. La mujer había acudido repetidamente a clínicas locales por una infección persistente en el pecho y fiebre, y para cuando la examiné estaba recibiendo quimioterapia contra un cáncer de la sangre.

Por instinto, traté su infección con un antibiótico de un grupo de fármacos conocido como «carbapenémicos», medicamentos potentes que suelen recetarse a las personas hospitalizadas. Sin embargo, tras realizar más pruebas, descubrí que era portadora de una cepa de bacterias resistente a la mayoría de los antibióticos de nuestro arsenal terapéutico. No había otra opción que tratarla con fármacos que sabía que serían en gran medida ineficaces; tuvo suerte de recuperarse.

Por desgracia, muchos pacientes no tienen tanta suerte. En todo el mundo, ingresan en hospitales personas con infecciones que no responden a los antibióticos, y gérmenes relativamente benignos, como Klebsiella y E. coli se han convertido en potentes asesinos y eluden medicamentos que antes los mantenían fácilmente a raya.

Los antibióticos se diferencian de casi todas las demás clases de fármacos en un aspecto importante y peligroso: cuanto más se usan, menos eficaces se vuelven. Cuando los microbios se exponen repetidamente a los antibióticos, las bacterias acaban ganando.

Se estima que cada año mueren 750.000 personas por infecciones resistentes a los antimicrobianos (RAM), y la cifra de muertes seguirá aumentando a menos que la comunidad sanitaria mundial actúe con decisión. Ante la ausencia de informes detallados y fiables de todos los países, el Gobierno británico encargó una serie de informes sobre la RAM, en los que se estimaba que para 2050 podrían morir hasta diez millones de personas al año por complicaciones de la RAM. Además, el impacto económico de los brotes de «superbacterias» podría superar los 100 billones de dólares; los países de bajos ingresos sufrirían de manera desproporcionada.

Muertes atribuidas a la RAM en comparación con otras causas principales de muerte.Image: Revisión sobre la Resistencia a los Antimicrobianos

El uso desigual y no regulado de antibióticos es una de las razones más importantes de la crisis de la RAM. En los países desarrollados, los médicos recetan antibióticos incluso para dolencias muy leves, como el resfriado común. Una regulación más estricta de las recetas de antibióticos en estos países, como la que se implantó en Finlandia hace varias décadas, podría ayudar a mitigar la resistencia.

Sin embargo, esas normas por sí solas no bastarán, porque en gran parte del mundo en desarrollo se pueden obtener antibióticos sin receta. Las desigualdades en el acceso a los medicamentos, el uso excesivo y los servicios de saneamiento deficientes agravan aún más el problema. Además, cuando los agricultores usan antibióticos para acelerar el crecimiento de los pollos y otros animales de granja, los gérmenes resistentes a los fármacos encuentran nuevas formas de entrar en el medio ambiente.

En 2017, la Organización Mundial de la Salud, en un esfuerzo por abordar estos desafíos, clasificó los antibióticos en tres grupos y publicó directrices sobre cómo debía utilizarse cada clase de fármacos para tratar 21 de las infecciones más comunes. Por ejemplo, el primer grupo comprende medicamentos que siempre deberían estar disponibles para los pacientes, preferiblemente con receta. La amoxicilina, el medicamento preferido para las infecciones de las vías respiratorias en los niños, pertenece a este grupo. El segundo nivel incluye los carbapenémicos, que, como descubrió mi paciente el año pasado, son cada vez menos eficaces. El tercer grupo, que incluye la colistina y otros antibióticos de «último recurso», comprende fármacos que deben utilizarse con moderación y solo en emergencias médicas.

Está claro que las directrices son un primer paso importante para abordar el desafío mundial de la RAM. Pero los gobiernos, las asociaciones médicas y los hospitales también deben comprometerse a combatir juntos la crisis de los antibióticos. Eso es lo que está haciendo la comunidad sanitaria de India. En 2012, las sociedades médicas de India adoptaron la Declaración de Chennai, un conjunto de recomendaciones nacionales para promover el uso responsable de los antibióticos. El año pasado, el primer ministro Narendra Modi aprovechó su discurso radiofónico mensual para instar a los médicos a sumarse a la iniciativa.

Aun así, la amenaza de la RAM sigue siendo real; contenerla requerirá un esfuerzo conjunto. En India, por ejemplo, debemos aplicar la normativa formulada por el Ministerio de Salud de India, que controla la venta de antibióticos sin receta. Las recomendaciones de la OMS deberían reforzar el apoyo a esta medida.

La campaña Línea Roja de India, que exige que los antibióticos sujetos a receta lleven una línea roja para desalentar su venta sin receta, supone un avance.

Mientras tanto, las comunidades sanitarias de las economías avanzadas deben encontrar la voluntad política para reducir el uso innecesario de antibióticos por parte de las personas y en la agricultura. Los antibióticos de «último recurso» nunca deberían utilizarse como promotores del crecimiento en la ganadería, pero para lograrlo harán falta cambios importantes en las prácticas actuales.

Las superbacterias deberían infundir temor en médicos y pacientes de todas partes, pero el miedo no puede llevar a la parálisis. La próxima vez que llegue a mi planta un paciente con una infección tratable, necesito tener la certeza de que el medicamento que le recete será eficaz. La suerte nunca debería influir en la recuperación de un paciente.

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