La India está inmersa en un importante programa de lucha contra la corrupción y de reforma fiscal, pero aún está por verse cuán eficaz y transformador será, dado que algunas medidas, como la reciente desmonetización de los billetes de alta denominación, han causado enormes daños colaterales y han sido muy polémicas.
En Davos, expertos y profesionales de las políticas públicas debatieron si la India va por buen camino, si la desmonetización podría haberse aplicado mejor y cómo, y qué más podría hacerse para alcanzar los objetivos de erradicar la corrupción, reducir la economía sumergida y ampliar la base tributaria.
Nirmala Sitharaman, ministra de Estado de Comercio e Industria de la India, afirma que su Gobierno llegó al poder hace dos años con la promesa de combatir la corrupción y el dinero negro, y que ha tomado medidas de amplio alcance en esa dirección. Entre ellas figuran la puesta en marcha de un programa de declaración de ingresos por tiempo limitado, la renegociación con otros países de acuerdos para evitar la doble imposición a fin de prevenir prácticas como la ida y vuelta de fondos, y la introducción de leyes para prohibir diversas prácticas deshonestas.
Como economía emergente con capacidad potencial para lanzar una sonda a Marte, la India ya no puede permitir que el 87 % de su economía permanezca en el sector informal, basado en el efectivo y exento de impuestos, donde solo 5 millones de personas declaran ganar más de R1 millón al año y, por tanto, pagan impuestos. «Se lo debíamos al país y no nos arrepentimos», afirma Sitharaman, y señala que hace falta liderazgo con visión y valentía para tomar una medida polémica, así como la perseverancia necesaria para llevarla a término.
Kenneth Rogoff, profesor Thomas D. Cabot de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, quien defendió la eliminación del dinero en papel en su reciente libro La maldición del efectivo, afirma que la desmonetización podría haberse gestionado mejor; lo más evidente habría sido preparar una reserva de billetes nuevos para introducirlos rápidamente en sustitución de los retirados. Añade que pasarán años antes de que se sepa si la desmonetización de la India ha tenido éxito.
Según Arundhati Bhattacharya, presidenta del State Bank of India, el mayor banco del país, el Banco de la Reserva de la India podría haberse comunicado mejor para calmar los temores de la población. Sin embargo, afirma que fue extraordinario que, pese a que el 86 % del efectivo desapareció de repente del sistema y se formaron enormes colas en los bancos, no hubiera disturbios ni siquiera quejas por malos comportamientos. Bhattacharya dice que parte del respaldo a esta medida, que causó enormes molestias a la gente común, se debía a la sensación de que no se estaba haciendo lo suficiente para distribuir los beneficios del crecimiento.
Argentina está considerando una medida similar, principalmente con el objetivo de incorporar a más personas a la economía formal, ampliar la base tributaria y mejorar la seguridad. Federico Sturzenegger, gobernador del Banco Central de la República Argentina, afirma que los pagos electrónicos también generan mejoras de eficiencia, ya que imprimir y distribuir dinero en papel es costoso y el sistema actual, en la práctica, subvenciona el uso de efectivo.
Carmen M. Reinhart, profesora Minos A. Zombanakis del Sistema Financiero Internacional en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, coincide en que la desmonetización sería un caso de sacrificio a corto plazo para obtener beneficios a largo plazo, pero afirma que la India debería haberla aplicado después de introducir el régimen propuesto del Impuesto sobre Bienes y Servicios (GST), potencialmente transformador, y no antes. Señala que el riesgo de una reacción política contra la desmonetización retrasaría aún más la introducción de esta reforma fiscal, lo que no sería bueno para la economía.
En respuesta a las críticas de que el Gobierno indio se equivocó al no preparar una reserva de billetes para sustituir los retirados, Sitharaman afirma que quería conservar el factor sorpresa para atrapar a los evasores fiscales. Está convencida de que el paso a los pagos digitales transformará por completo el funcionamiento de la economía, al tiempo que contribuirá a ampliar la base tributaria y reducir el flujo de dinero negro.
Con los datos biométricos de 1.200 millones de ciudadanos indios ya disponibles en sus documentos nacionales de identidad, afirma que es posible dar un salto directo a un sistema de pagos biométricos para 2020.

