La manufactura es fundamental para el éxito económico de un país. La industrialización ha impulsado el crecimiento de muchas economías desarrolladas, promoviendo la innovación y creando empleo. La migración de trabajadores del campo a las fábricas alimentó los milagros económicos de Taiwán, Corea, China, Tailandia y Singapur, reduciendo la pobreza y elevando el nivel de vida. Según un informe de investigación del Foro Económico Mundial, más del 70% de las variaciones de ingresos entre 128 países pueden atribuirse únicamente a las diferencias en los datos de exportación de productos manufacturados. Sin embargo, pese a su éxito pasado, el modelo industrial tradicional que impulsó la prosperidad de muchas economías está ahora siendo cuestionado.
La Cuarta Revolución Industrial, que fusiona los ámbitos físico, digital y biológico, está transformando los sistemas de producción mundiales. Las tecnologías avanzadas, como el internet de las cosas, la inteligencia artificial, la cadena de bloques, la robótica y la manufactura aditiva, están cambiando el futuro de la manufactura. Ese futuro depende en gran medida de nuestra capacidad individual y colectiva para utilizar las tecnologías que surgen con rapidez. Actualmente, las condiciones favorecen a las naciones desarrolladas, que tienen mayor acceso al capital y las competencias necesarios para responder con rapidez al ritmo exponencial del cambio. Sin embargo, las naciones emergentes tienen una oportunidad única de dar un salto hacia los siguientes niveles de desarrollo si identifican sus ventajas comparativas en los distintos sectores y cadenas de valor, y se preparan para el futuro. Esto significa invertir en las competencias adecuadas, marcos de innovación, alianzas institucionales y marcos de políticas públicas.
Como la sexta economía más grande del mundo y la de más rápido crecimiento entre las grandes economías, India cuenta con un sector manufacturero amplio y diverso que genera el 17% del PIB y el 15% del empleo total del país. El sector manufacturero de India se beneficia de fortalezas tradicionales, como la competitividad de costos, una fuerza laboral joven y numerosa, recursos naturales que sustentan una amplia variedad de sectores industriales y una abundante oferta de científicos, investigadores e ingenieros angloparlantes. El Índice Global de Competitividad Manufacturera de 2016, elaborado por el Consejo de Competitividad de Estados Unidos y Deloitte, sitúa a India en el puesto 11 entre 40 países en cuanto a competitividad manufacturera. Según sus proyecciones, para 2020 India ocupará el quinto puesto mundial.
El Gobierno de India y el primer ministro Modi comprenden la importancia de la manufactura en la estrategia de crecimiento del país. Una serie de iniciativas, como Start-Up India, y reformas estructurales en ámbitos que van desde los impuestos hasta los derechos de propiedad intelectual han despertado optimismo mundial sobre el sector manufacturero indio y aumentado la confianza de los inversores. En el Índice de Facilidad para Hacer Negocios de 2018 del Banco Mundial, India subió 30 puestos. Las inversiones extranjeras aumentaron en consonancia. Sin embargo, la manufactura como proporción del PIB se ha mantenido prácticamente estancada desde la reforma económica del Gobierno de India en 1991. Esto contrasta claramente con países como China, Tailandia y Corea del Sur, donde la manufactura representa ahora alrededor del 30% de la producción económica.
La falta de infraestructura adecuada, la desalineación con las cadenas de suministro mundiales, la innovación insuficiente y un laberinto de demoras legales y burocráticas han frenado conjuntamente el crecimiento y el dinamismo de la manufactura india. Las tecnologías avanzadas de manufactura añaden otra capa de complejidad al amenazar la competitividad de costos de India. Estas tecnologías ofrecen importantes aumentos de productividad y, por tanto, crean una nueva ventaja competitiva para los países que las utilizan.
El Foro Económico Mundial realizó un estudio sobre la Evaluación de la preparación de los países para el futuro de la producción con el fin de comprender en qué medida los países están preparados para beneficiarse de la naturaleza cambiante de la producción e influir en ella. Según esta evaluación, India obtiene buenos resultados en factores que impulsan la producción, como la demanda, el comercio mundial y la inversión. Se beneficia de un mercado interno en expansión, respaldado por una amplia clase media; de la creciente demanda mundial de productos nacionales; del aumento de la inversión extranjera directa y de las inversiones en proyectos nuevos; y de políticas comerciales bastante abiertas y no restrictivas. Sin embargo, según el estudio, India podría aprovechar mejor las tecnologías emergentes transformadoras. Para ello, tendría que crear un marco institucional más sólido y un ecosistema tecnológico y de innovación mejor, además de ofrecer formación para preparar a sus trabajadores para los sistemas de producción del futuro.
India ha mejorado de forma constante sus puestos en el Índice Global de Innovación (GII) desde 2015. Ha avanzado 5 puestos desde el año pasado y ocupa el puesto 57 entre 126 países; además, ocupa el primer lugar en exportaciones de servicios de TIC. Demuestra una notable capacidad de innovación en relación con su PIB per cápita y cuenta con un gran número de graduados en ciencias e ingeniería. Sin embargo, según los resultados de una investigación realizada por la OCDE en 2015, el gasto interno bruto de India en investigación y desarrollo representaba apenas el 0,85% de su PIB. Esta cifra queda muy por debajo de la de los países desarrollados, que destinan entre el 2% y el 3% de su PIB a investigación y desarrollo. Las iniciativas recientes de India, como los laboratorios de innovación y los centros de incubación en todo el país, son una medida del Gobierno en la dirección correcta. Estos esfuerzos para modernizar la base manufacturera también deben abarcar a las pequeñas y medianas empresas, que desempeñan un papel vital en India.
India ha disfrutado durante mucho tiempo de la ventaja competitiva de sus bajos costos laborales. Sin embargo, en un futuro de mayor avance tecnológico, el arbitraje de costos por sí solo ya no garantizará el crecimiento. En cambio, India debería centrarse en su singular ventaja demográfica: alberga a una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Se prevé que para 2050 India represente más del 18% de la población mundial en edad de trabajar. Se espera que más de 100 millones de personas se incorporen a la fuerza laboral para 2022. Esto es un arma de doble filo. Será necesario formar a los nuevos trabajadores, así como a la fuerza laboral actual, de casi 300 millones de personas, para que puedan adaptarse al cambio tecnológico. Las iniciativas gubernamentales para desarrollar competencias pertinentes, los programas de formación técnica y profesional, los enfoques innovadores para la capacitación industrial y una mayor colaboración público-privada permitirán a India aprovechar los beneficios de su singular dividendo demográfico.
Los marcos institucionales sólidos, desde la aplicación efectiva de los contratos hasta un poder judicial eficiente, son cruciales para este proceso. El Gobierno de India ha avanzado mucho en la creación de un entorno más favorable para las empresas. Sin embargo, podría adoptar otras medidas para reforzar su marco institucional y ayudar a su sector manufacturero a prepararse para el futuro, como simplificar los procedimientos burocráticos y recurrir más a las plataformas digitales.
Un sector manufacturero próspero podría ayudar a India a cumplir su sueño de convertirse en una potencia mundial. Gracias a su base industrial bien desarrollada, India puede saltarse varias etapas de desarrollo y acelerar los procesos de crecimiento inclusivo. Pero, para aprovechar las oportunidades que surgen de la Cuarta Revolución Industrial, India debe seguir fortaleciendo sus capacidades actuales y desarrollar otras nuevas. Todas las partes interesadas deben trabajar de manera coordinada para crear sistemas de producción innovadores y sostenibles, con una perspectiva a largo plazo que beneficie a todos. De hecho, si India responde a las rápidas disrupciones con una estrategia industrial sólida y sostenible que equilibre el crecimiento económico y la movilidad social, podría ofrecer un modelo replicable para otros países en desarrollo de todo el mundo.



