Pese a algunos signos de rápido crecimiento en ciertas zonas de Asia-Pacífico, no todos los países se recuperan a la misma velocidad.
Esta recuperación ‘multivelocidad’ se describe en la última Perspectiva Económica Regional del FMI.
El FMI advierte de que podría provocar un aumento de la desigualdad y del endeudamiento en toda la región.
La región de Asia-Pacífico se está recuperando de su peor recesión en la memoria reciente. Nuestra última Perspectiva Económica Regional muestra que la recuperación comenzó en el tercer trimestre, pero los motores del crecimiento no funcionan todos con la misma fuerza en los distintos países, lo que da lugar a una recuperación multivelocidad.
Para propiciar un cambio estructural, las políticas económicas de Asia deben centrarse en el mundo de mañana, no en el de ayer.
Debido a resultados peores de lo previsto en el segundo trimestre en algunos países, la previsión del FMI para la región se ha rebajado a -2,2 por ciento en 2020, el peor resultado para esta región en la memoria reciente. La economía de la India experimentó una contracción mucho más pronunciada de lo esperado en el segundo trimestre, del 24 por ciento interanual, y se prevé que se recupere lentamente en los próximos trimestres. China, que sufrió el golpe de la pandemia antes que otros países, ha registrado una fuerte recuperación tras el confinamiento del primer trimestre, y su crecimiento se ha revisado al alza hasta el 1,9 por ciento este año, una cifra positiva poco frecuente en un mar de cifras negativas. Las economías avanzadas (Australia, Corea, Japón y Nueva Zelanda), aunque todavía en recesión, se espera que lo hagan algo mejor de lo previsto en 2020, lo que refleja una reactivación más rápida de la actividad tras haber salido antes de los confinamientos.
Recuperación prolongada
La buena noticia es que esperamos que la región crezca un 6,9 por ciento en 2021. Pero, incluso con este impulso, la producción a finales de 2021 será inferior a nuestra proyección previa a la pandemia. Las secuelas serán profundas: con una menor participación de la fuerza laboral y una confianza débil que frena la inversión privada, la producción potencial a mediados de la década podría ser alrededor de un 5 por ciento inferior a la existente antes de la pandemia.
Lecciones y desafíos
La región de Asia-Pacífico entró primero en esta crisis y muchas de sus economías también son las primeras en salir de ella. ¿Qué lecciones puede extraer el mundo de esta experiencia?
En primer lugar, una respuesta temprana de salud pública, cuando las tasas de infección aún eran bajas, fue un paso esencial para aplanar la curva del virus. En segundo lugar, levantar las medidas de contención solo después de haber suprimido el virus —y con políticas posteriores al confinamiento adecuadas (como las pruebas y el rastreo de contactos) implantadas— se asocia a mejores resultados económicos. En ambos aspectos, Asia ha obtenido buenos resultados en comparación con otras regiones, probablemente gracias a su experiencia en pandemias anteriores. En tercer lugar, el apoyo fiscal también ha sido fundamental para reducir los costes económicos y sustentar la recuperación. En este sentido, Asia ha cumplido con creces, con un estímulo político significativo.
Riesgos futuros
Las perspectivas de una recuperación impulsada por el comercio mundial son sombrías, debido al débil crecimiento mundial, a las fronteras cerradas y a las tensiones latentes en torno al comercio, la tecnología y la seguridad, a pesar del impulso que supone para la región la recuperación de China. Diversificar las economías de Asia para reducir la excesiva dependencia de las exportaciones es un proceso en curso: una reorientación fundamental hacia la demanda interna requerirá tiempo y plantea un desafío excepcionalmente difícil para las economías más pequeñas (como las islas del Pacífico) y, en términos generales, para aquellas que dependen del turismo.
La creciente desigualdad es incompatible con una recuperación inclusiva y sostenible. La desigualdad de ingresos y de riqueza, que ya aumentaba antes de la pandemia, es probable que siga aumentando a menos que se adopten medidas políticas decisivas. Los indicadores del mercado laboral de Asia ya se han deteriorado más que durante la crisis financiera mundial, especialmente entre las mujeres y los trabajadores más jóvenes. Además, las políticas redistributivas en Asia son limitadas y el sector informal es amplio, lo que dificulta llegar a los más vulnerables y apoyarlos.
El elevado endeudamiento hace que la región sea vulnerable a las turbulencias financieras. Si bien las salidas de capital de cartera sin precedentes registradas al inicio de la pandemia se han estabilizado, gracias a las medidas de política monetaria de las economías avanzadas, las salidas netas siguen siendo elevadas en comparación con los niveles anteriores a la pandemia. Un nuevo repunte de unas condiciones financieras mundiales más restrictivas podría agravar los riesgos de crédito y la estabilidad financiera, deteriorar aún más los débiles balances de los sectores público y privado y, potencialmente, empujar a los países vulnerables a una crisis de deuda.
El camino hacia un crecimiento verde sólido e inclusivo
La crisis sanitaria está lejos de haber terminado. Por ello, la primera tarea de los responsables de políticas es mantener políticas sanitarias sólidas hasta que la pandemia remita. Las pruebas oportunas, el rastreo eficaz de contactos, el aumento de la capacidad hospitalaria y la mejora de los sistemas de salud siguen siendo prioridades, especialmente para los mercados emergentes y los países de bajos ingresos de la región. Los países deberían planificar ya la forma de asegurar y distribuir rápidamente las vacunas en cuanto estén disponibles, con el apoyo multilateral que sea necesario.
Más allá de la respuesta sanitaria, se necesita un amplio arsenal de políticas económicas para reforzar el futuro de Asia.
En primer lugar, el apoyo fiscal y monetario no debe retirarse prematuramente, es decir, antes de que la recuperación cobre impulso.
En segundo lugar, los países deben redoblar sus esfuerzos para proteger a sus ciudadanos más vulnerables de las consecuencias de la crisis mediante una mejor orientación del apoyo fiscal, especialmente hacia los jóvenes y las mujeres, que han sido los más afectados. Esto es esencial, porque el espacio fiscal es escaso o se reduce rápidamente en todas partes, y una desigualdad aguda podría seguir provocando malestar social si quienes se encuentran en la base pierden la esperanza de que se avecinan tiempos mejores.
En tercer lugar, la vigilancia frente a los riesgos crediticios emergentes en las empresas y los hogares sigue siendo esencial, dados los posibles efectos en las instituciones financieras, especialmente si el crecimiento es más lento de lo previsto. Los niveles elevados de deuda son una vulnerabilidad clave en la región, sobre todo dada la débil situación financiera de muchas empresas antes de la crisis. También es importante abordar de forma proactiva la deuda pública insostenible, ya que la clara lección de la historia es que los retrasos son muy costosos.
En cuarto lugar, para propiciar un cambio estructural, las políticas económicas deben centrarse con precisión en el mundo de mañana, no en el de ayer. Esto implica facilitar la reestructuración empresarial y la reasignación de recursos, incluidos los destinados a sectores que allanarán el camino hacia un crecimiento verde inclusivo más sólido a medio plazo.
El mensaje es claro: la región tiene los medios para forjar un futuro mejor para sus ciudadanos. Con las políticas adecuadas y el apoyo internacional cuando sea necesario, los motores de Asia pueden volver a funcionar juntos e impulsar la región hacia delante. El FMI está preparado para apoyar a las economías de Asia y el Pacífico, con financiación, asesoramiento en materia de políticas y desarrollo de capacidades adaptados a las diversas necesidades de la región.



