Todos coincidimos en que necesitamos alianzas entre los sectores público y privado para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las alianzas público-privadas (APP) requieren una mejor comprensión entre los socios e innovación en las estructuras institucionales para garantizar la rendición de cuentas, el reparto de riesgos y beneficios y una buena relación calidad-precio. Son palabras muy acertadas, pero, como representante de una gran multinacional de investigación, he comprobado que las cosas no siempre son tan sencillas.
Desde el punto de vista del sector privado, los gobiernos deben establecer leyes y regulaciones claras, tolerancia cero frente a la corrupción y un entorno seguro para que las empresas operen. También deben evitar la burocracia innecesaria y tener la flexibilidad necesaria para garantizar que la alianza entre los sectores privado y público sea beneficiosa y cumpla los objetivos nacionales. Hay apoyo disponible: la Corporación Financiera Internacional, una división del Banco Mundial, lleva adelante un mecanismo piloto de asesoramiento sobre alianzas público-privadas en salud, que asesora a los gobiernos sobre la mejor manera de abordar las alianzas en este ámbito.
Algunos gobiernos africanos consideran que las APP son una vía fundamental para que sus sistemas de salud alcancen la independencia financiera. Un ejemplo de colaboración exitosa se da en Kenia, donde Novo Nordisk se ha asociado con los gobiernos de los condados, el Ministerio de Salud y organizaciones confesionales para fortalecer la capacidad de la cadena de suministro y permitir una supervisión rigurosa de los márgenes excesivos aplicados a la insulina, lo que redujo en un 70 % el precio de un vial. Otro ejemplo es el trabajo de African Health Markets for Equity (AHME), que opera en Nigeria para mejorar la calidad de la atención sanitaria en el sector privado. Bajo el liderazgo de PharmAccess Foundation, AHME colabora con gobiernos, donantes y proveedores públicos y privados para ofrecer seguros de salud a la población rural mediante una prima anual subvencionada. Al reducir los pagos de bolsillo por los servicios de salud, el programa contribuye a aumentar la protección financiera de las personas pobres.
A medida que África afronta nuevos retos sanitarios, las APP transformadoras se vuelven aún más necesarias. La esperanza de vida ha aumentado considerablemente desde 2000 en muchos países africanos. Malawi encabeza la lista, con un asombroso aumento del 42 % en la esperanza de vida al nacer, mientras que Zambia y Zimbabue han registrado aumentos del 38 %. En muchos otros países africanos, el incremento también supera el 30 %.
Esto se ha logrado principalmente gracias a una reducción sustancial de la mortalidad materna, infantil y de menores, y al éxito en la lucha contra las causas tradicionales de muerte en África, como el VIH, la malaria y la tuberculosis. Al mismo tiempo, la prosperidad económica y la urbanización han propiciado el aumento de enfermedades comunes entre las personas mayores y en los países de ingresos más altos, como el cáncer, las cardiopatías y la diabetes. Estas enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) requieren un enfoque muy distinto del que aplican los sistemas de salud para gestionar las enfermedades infecciosas.
Muchos de estos países son conscientes de los peligros que plantean las ENT y de la necesidad de seguir adaptando sus sistemas de salud para combatirlas eficazmente. Para institucionalizar la lucha contra las enfermedades crónicas, Kenia, Nigeria y Camerún se cuentan entre los numerosos países africanos que han desarrollado programas gubernamentales para combatir las ENT.
Pero incluso quienes defienden las APP afrontan dificultades para convertirlas en una relación de trabajo estrecha, integrada y a largo plazo frente a las enfermedades crónicas. Encontrar soluciones eficaces que tengan el mayor impacto posible en la salud requiere planteamientos novedosos por ambas partes. Estamos poniendo esto en práctica con un nuevo programa llamado Novartis Access, que se puso en marcha en Kenia en 2015 y se extenderá a varios países africanos para 2020.
El programa ofrece a los sistemas de salud una cartera de medicamentos contra las enfermedades crónicas más comunes (hipertensión, diabetes, cardiopatías, cáncer y enfermedades respiratorias) a un costo de 1 $ por tratamiento al mes. Esto se complementa con apoyo para desarrollar capacidades y mejorar la cadena de suministro, así como con formación para que los profesionales sanitarios sepan cómo tratar las ENT más comunes. Para una empresa privada, ofrecer precios muy asequibles mediante un modelo de cartera es una idea transformadora que brinda grandes oportunidades de volumen, pero también conlleva riesgos. Para los gobiernos, pasar de adquirir medicamentos por separado a adoptar un enfoque de cartera requiere un cambio de mentalidad y, en ocasiones, adaptar la forma de adquirir los medicamentos.
Novartis Access aspira a ser rentable a medio plazo, aunque con márgenes bajos, para ser sostenible a largo plazo. El programa no depende de la financiación de donantes; se basa en que los gobiernos sigan considerando tanto el suministro de medicamentos asequibles contra las ENT como la inversión en formación soluciones rentables para mejorar la salud y la prosperidad de su población.
Aún estamos en las primeras etapas de este camino. No pretendemos tener la solución para mejorar el acceso a los medicamentos, pero creo que programas como este ofrecen ejemplos convincentes de cómo la industria farmacéutica puede colaborar con otros socios —incluidas otras empresas del sector privado, el gobierno y organizaciones confesionales— para superar los problemas de acceso en los países pobres.

