¿Qué tienen en común Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia y Ruanda? No mucho, al menos a primera vista. Para empezar, los cuatro países nórdicos son lo que el Banco Mundial clasifica como países de ingresos altos, mientras que Ruanda figura en la lista de la ONU de los 48 países menos adelantados.
La disparidad se observa en casi todos los ámbitos imaginables, desde el acceso a la electricidad (100% en los países nórdicos y 20% en Ruanda) hasta la esperanza de vida (que llega a 83 años en Suecia, frente a 65 en Ruanda).
Pero, pese a todas estas diferencias, comparten un rasgo: son los cinco líderes mundiales en igualdad de género.

¿Cómo llegó Ruanda —uno de los países más pobres del mundo— a esta posición?
Incluso los países pobres están reduciendo la brecha de género
Primero, unas palabras sobre la metodología. El Informe Global sobre la Brecha de Género del Foro no es una lista de los mejores lugares del mundo para ser mujer. Que Ruanda ocupe el quinto puesto no significa que las mujeres vivan mejor allí que sus homólogas de Francia (17), el Reino Unido (20) o Estados Unidos (45), por ejemplo.
En cambio, el informe intenta medir hasta qué punto los países han avanzado (o no) en cerrar la brecha entre hombres y mujeres en una serie de indicadores. ¿Cuánto más difícil es nacer niña que nacer niño en cualquiera de los 144 países incluidos en la clasificación? La ventaja de este enfoque es que ofrece condiciones equitativas a todos los países, independientemente de su nivel actual de desarrollo, y permite ver cómo incluso algunos de los lugares más pobres del mundo están logrando avanzar hacia la igualdad de género.
Lo que Ruanda hace bien
El Informe Global sobre la Brecha de Género examina en particular cuatro ámbitos: salud, educación, economía y política. En dos de ellos, Ruanda supera con creces a muchos otros países más desarrollados.
Empecemos por la economía. Con un 86%, Ruanda tiene una de las tasas de participación femenina en la fuerza laboral más altas del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, la cifra es del 56% y incluso ha ido disminuyendo desde el cambio de milenio. No solo son altas las tasas de participación, sino que la brecha salarial es menor: en Ruanda, las mujeres ganan 88 centavos por cada dólar que ganan los hombres; en Estados Unidos, apenas 74 centavos.
Esta alta participación de las mujeres en la fuerza laboral se debe en parte a la necesidad y tiene sus raíces en el devastador genocidio del país. Hace más de dos décadas, alrededor de 800.000 ruandeses fueron asesinados en apenas tres meses. Tras estos horribles acontecimientos, las mujeres representaban entre el 60% y el 70% de la población superviviente. Apenas tuvieron más remedio que ocupar los puestos que antes desempeñaban los hombres.
Una tendencia similar se observó en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial: cuando los hombres partieron a la guerra, la demanda de trabajadoras creció considerablemente, al igual que los salarios. Pero, cuando terminó la guerra, las cosas volvieron rápidamente a la normalidad. ¿Qué hizo Ruanda de forma distinta? Aplicó políticas para ayudar a las mujeres a mantenerse en el empleo.
A diferencia de Estados Unidos, por ejemplo, las mujeres de Ruanda ahora tienen derecho a tres meses de licencia de maternidad remunerada, lo que les facilita mucho permanecer en el mercado laboral una vez que forman una familia. Estados Unidos es el único país desarrollado del mundo que no exige licencia de maternidad remunerada.
Estas leyes favorables a las mujeres podrían estar relacionadas con el segundo ámbito en el que Ruanda destaca: la participación política femenina. Cada año, durante más de una década, Ruanda ha encabezado la clasificación mundial de los países con más parlamentarias. Esto se debe en gran medida a las cuotas establecidas tras el genocidio, que estipulan que las mujeres deben ocupar el 30% de los escaños parlamentarios. Compárese con Estados Unidos, donde se ha previsto que las mujeres tardarán 500 años en alcanzar una representación justa en la política.

¿Por qué importa todo esto? Porque, como hemos señalado antes, las investigaciones sugieren que, cuando las mujeres participan en política, ponen sobre la mesa asuntos importantes que de otro modo quedarían desatendidos. Esto puede generar un efecto de gran alcance que beneficie a mujeres de todos los ámbitos de la vida.
Aún queda mucho camino por recorrer
Ruanda es uno de los cinco únicos países que han cerrado al menos el 80% de su brecha de género. Pero eso no significa que pueda dormirse en los laureles. Por un lado, aunque el 80% es un logro considerable, las verdaderas celebraciones podrán empezar cuando la brecha se cierre por completo, algo que ningún país ha conseguido todavía.
Sin embargo, más importante aún, el Informe Global sobre la Brecha de Géneroinevitablemente no recoge todos los asuntos que realmente importan a las mujeres e influyen en sus vidas. En Ruanda, por ejemplo, Human Rights Watch ha lamentadola lentitud con que se ha llevado ante la justicia a los violadores de la época del genocidio. La violencia contra las mujeres también es alarmantemente alta. Según los datos publicados por la Oficina de Género del país, en 2011, el 93% de las víctimas de maltrato físico y psicológico eran mujeres.
Por desgracia, incluso en los países con mayor igualdad de género del mundo, aún queda mucho por avanzar.

