Durante la COVID-19 se desarrollaron plataformas para hacer un seguimiento del número de casos, las muertes y la disponibilidad de camas hospitalarias, pero esta tecnología escasea mucho para otras enfermedades.
Los datos sanitarios deben convertirse en una prioridad política para la salud pública urbana de India, donde el cólera, la tuberculosis, el dengue y el ébola siguen siendo prevalentes.
La inversión en infraestructuras, el aumento de los presupuestos y una mayor dotación de personal sanitario también serán necesarios para construir un sistema de salud más sólido de cara al futuro.
Hace casi exactamente un año, India registró su primer caso de COVID-19. Aunque podría considerarse que la pandemia fue un cisne negro, ha dejado al descubierto grietas más profundas en el sector de salud pública de sus ciudades. Ya se prevé que la COVID-19 revierta los avances en varios indicadores socioeconómicos; si no se aborda, la deficiente salud pública agravará los desafíos existentes.
De cara al futuro, debemos examinar más de cerca la evolución de las enfermedades relacionadas y no relacionadas con la COVID-19 en las ciudades de India, la falta de datos, las infraestructuras inadecuadas y los presupuestos insuficientes.
La carga de morbilidad en las ciudades difiere de la de las zonas rurales y sigue cambiando. Patologías como el cólera, la tuberculosis, el dengue, la H1N1 y el ébola siguen siendo prevalentes en las zonas urbanas de India. Una encuesta de 2018 en Delhi reveló que el 40 % de su población ha tenido dengue al menos una vez en la vida debido a cierto mosquito que se encuentra en zonas urbanas.
El estudio también revela que, si bien la propagación del dengue depende de la temperatura y las precipitaciones, el grado de urbanización también contribuye a ella. En concreto, las malas condiciones de vivienda pueden propiciar enfermedades transmitidas por insectos y roedores, así como infecciones respiratorias causadas por la escasa ventilación y el uso de combustibles de cocina de baja calidad. El SARS y el nuevo coronavirus también han aumentado la carga de morbilidad, sobre todo por su propagación en las megaciudades y los desplazamientos entre ellas, así como por la migración entre zonas rurales y urbanas y entre zonas urbanas.
De cara al futuro, los datos sanitarios deben convertirse en una prioridad política para India. Con la pandemia de COVID-19 surgieron varias plataformas para hacer un seguimiento del número de casos, las muertes, la disponibilidad de camas hospitalarias, entre otros datos. Gobiernos estatales como el de Tamil Nadu crearon plataformas SIG para seguir las zonas de contención y los focos de infección, y así desplegar los recursos necesarios en las áreas que los requerían.
Del mismo modo,covid19india.org, una plataforma privada basada en el voluntariado que ofrece datos estatales sobre las tasas de contagio y las pruebas, ha sido una importante fuente de información relacionada con la COVID-19. Sin embargo, cuando se trata de otros problemas sanitarios, estos datos escasean enormemente. En India, los datos sanitarios son en gran medida inexistentes o están fragmentados.
Esto se debe a la forma en que se prestan los servicios de salud en el país: la población de zonas urbanas y rurales interactúa con las infraestructuras sanitarias a través de numerosos puntos de prestación públicos y privados, sin que exista un sistema único que integre la información y actúe en función de ella, como se hizo con la COVID-19. Además, ante problemas conexos como el aumento de la contaminación y el saneamiento deficiente, que provocan otras enfermedades, es necesario ampliar considerablemente la recopilación de datos sobre cuestiones sanitarias, combinarlos con otros datos de las ciudades y utilizarlos para mejorar la formulación de políticas.
La COVID-19 también ha dejado al descubierto varias brechas en las infraestructuras y la inversión en salud pública de India, particularmente en las ciudades. Durante la última década, se ha invertido menos del 2 % del PIB de India en atención sanitaria; la inversión de China y Estados Unidos en este ámbito ronda el 5 % y el 17 % del PIB, respectivamente.
A nivel local, los presupuestos han aumentado. Entre 2015-16 y 2017-18, el presupuesto sanitario de Mumbai y Delhi aumentó un 41 % y un 26 %, respectivamente. Sin embargo, la atención se centra de manera desigual en la atención secundaria y terciaria, en lugar de la primaria. Aunque el gasto en hospitales representó el 74 % del presupuesto sanitario de Mumbai, solo se destinó un 26 % a los dispensarios. Las ciudades merecen una atención específica: el 75 % de las infraestructuras sanitarias actuales de India se encuentra en ellas, y cada minuto entre 25 y 30 personas migran de zonas rurales a urbanas. Si los servicios sanitarios de las ciudades no se amplían adecuadamente, la carga de morbilidad actual no hará más que agravarse.
Recomendamos mejorar la recopilación de datos, la inversión en infraestructuras, la asignación presupuestaria y la formación del personal sanitario. El uso de macrodatos en el ámbito sanitario, junto con historias clínicas electrónicas, registros gubernamentales, laboratorios y compañías de seguros, puede proporcionar a los profesionales de la salud una abundante fuente de información para evaluar el riesgo clínico y las predisposiciones genéticas. Combinar los datos sanitarios con otros parámetros relacionados, por ejemplo, con el transporte y la vivienda, podría servir para elaborar planes de salud y desplegar servicios sanitarios en tiempo real para quienes más los necesitan.
Al mismo tiempo, al establecer el marco para la recopilación y el uso de datos sanitarios, es importante equilibrar la privacidad individual y la protección de datos con la transparencia y la rendición de cuentas institucionales. Documentos gubernamentales se compartían por WhatsApp con información detallada sobre pacientes con resultado positivo de COVID-19, incluidos sus nombres y domicilios. Esta práctica empezó a disuadir a las personas de hacerse la prueba, incluso si presentaban síntomas, por temor a la estigmatización de sus vecinos. El nuevo National Health Stack creará perfiles sanitarios exhaustivos de las personas, pero debe cumplirse la política de gestión de datos sanitarios de la National Digital Health Mission.
A medida que nos recuperamos de la pandemia, es importante establecer y supervisar ciertos umbrales para las infraestructuras de salud pública en función de la población. Por ejemplo, independientemente de que una zona se clasifique como rural o urbana, si alcanza cierto nivel de población, se beneficiaría de contar con un hospital en lugar de una clínica con un solo médico. Establecer estos parámetros (en cuanto a infraestructuras físicas, especialización del personal y personal de apoyo pertinente) y revisarlos cuando sea necesario puede contribuir en gran medida a que la población de India disfrute de una esperanza de vida saludable, en un contexto en el que la limitada capacidad estatal no basta para satisfacer las necesidades de atención secundaria o terciaria.
Además, dada la presión que soportan los sistemas sanitarios urbanos, es necesario ampliar los presupuestos para mejorar la oferta de infraestructuras sanitarias de acuerdo con la evolución de las enfermedades en las ciudades. Esto debe lograrse mediante una mayor descentralización de las finanzas y las responsabilidades, así como con los ingresos del turismo de salud.
Asimismo, junto con el aumento del presupuesto, es necesario contar con capacidad para gestionar ese gasto. Ante el creciente uso de la tecnología y el análisis de datos sanitarios para tratar enfermedades, los profesionales de la salud tendrán que adquirir las habilidades necesarias para aprovechar los datos e interpretarlos, a fin de brindar apoyo a los profesionales médicos en la toma de decisiones. Además, dado que la COVID-19 ha puesto de relieve la necesidad de gestionar epidemias y pandemias, el gobierno debe contar con profesionales de salud pública.
Estas medidas no son exhaustivas ni bastan para hacer frente a la pandemia actual. Sin embargo, con una planificación adecuada, pueden garantizar un sistema más sólido para afrontar la próxima y contribuir a una población más sana y una economía más productiva, además de impulsar ciudades resilientes.
(Kadambari Shah, asociada sénior del IDFC Institute, contribuyó a este artículo.)

