El compromiso de los países africanos con el multilateralismo a menudo ha pasado desapercibido. Sin embargo, en un momento en que el mundo da cada vez más la espalda a las instituciones compartidas, esto podría cambiar, con África emergiendo como una voz activa y empoderada en defensa del multilateralismo a nivel regional, continental y global.
Los países africanos llevan mucho tiempo reconociendo el papel esencial del multilateralismo para impulsar el desarrollo, la prosperidad y la paz. Por eso, más allá de apoyar esfuerzos globales, como las Naciones Unidas, el Movimiento de Países No Alineados y el G77, África creó la Organización de la Unidad Africana (OUA) en 1963. Desde los años sesenta hasta los noventa, las iniciativas multilaterales brindaron un apoyo fundamental a los países africanos mientras se liberaban del colonialismo y acababan con el apartheid.
La sucesora de la OUA, la Unión Africana (UA), encarna la convicción ampliamente compartida de que la cooperación global y la integración regional son imperativos continentales. Pilar del multilateralismo global, la organización, que cuenta con 55 miembros, es especialmente eficaz en la Asamblea General de la ONU, donde el número de votos es clave para aprobar mociones.
A nivel continental, la UA comprende ocho órganos regionales que abarcan África Austral, Central, Oriental, Occidental y Septentrional. Considerados los pilares de la más amplia Comunidad Económica Africana, estos órganos facilitan la coordinación entre países vecinos de modo que respaldan las agendas más amplias de la UA en materia de paz, seguridad, desarrollo y gobernanza.
Dada la persistencia de conflictos violentos en África, la mayor parte de los recursos de la UA se destinan a promover la paz y la seguridad continentales. La UA asume ahora el liderazgo de las operaciones de paz en el continente (incluidas las desplegadas por la ONU) y participa en la mayoría de las negociaciones políticas y de los esfuerzos de mediación.
La UA a veces contribuye directamente a estos esfuerzos. Por ejemplo, en Sudán, los negociadores de la UA, encabezados por el enviado especial Mohamed el Hacen Lebatt, de Mauritania, y el primer ministro etíope Abiy Ahmed, fueron decisivos para lograr un acuerdo de reparto de poder entre el consejo militar gobernante y los líderes de la oposición civil.
Cuando procede, sin embargo, la UA cede el protagonismo a los órganos regionales, aunque sigue ofreciendo un apoyo activo. La Comunidad de Desarrollo de África Austral asume el liderazgo en los esfuerzos de mediación relacionados con conflictos y bloqueos políticos en la República Democrática del Congo, Lesoto y Zimbabue. Asimismo, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental está en primera línea de los esfuerzos antiterroristas y de respuesta al extremismo violento en África Occidental.
La UA también trabaja intensamente para profundizar la integración económica, especialmente fomentando el comercio intracontinental. En este ámbito, África aún tiene un largo camino por recorrer: en la actualidad, solo el 15% de las exportaciones de los países africanos permanece en el continente (a modo de comparación, los países asiáticos representan el 58% de sus exportaciones, y el 67% de las exportaciones europeas se queda en Europa). En este contexto, los planes para establecer una Unión Monetaria Africana con una moneda única en 2023 son, por decirlo suavemente, muy ambiciosos.1
Pero eso no significa que no se avance, ni siquiera que este objetivo de moneda única sea inalcanzable. El Área Continental de Libre Comercio Africana (AfCFTA), que entró en vigor el pasado marzo y que ya han firmado 54 de los 55 países de la UA, podría desencadenar una rápida integración económica.
África ha establecido otras organizaciones multilaterales para facilitar la resolución de controversias y fomentar la cooperación. Entre ellas se encuentran el Parlamento Panafricano; el Banco Africano de Desarrollo; el Consejo Económico, Social y Cultural; la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, y el Tribunal Africano de Derechos Humanos y de los Pueblos.
Pero las graves restricciones financieras limitan la capacidad de estas instituciones para cumplir sus mandatos. Como resultado, África sigue dependiendo en gran medida de las instituciones multilaterales globales. La mayoría de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU se centran en África, donde organismos de la ONU, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la Organización Internacional para las Migraciones, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el Programa Mundial de Alimentos, también realizan gran parte de su labor.
Aunque estos esfuerzos son valiosos, perpetúan una dinámica desequilibrada y una percepción de África como beneficiaria del multilateralismo global más que como participante activa, y mucho menos como líder, en él. Pero nadie comprende el contexto africano mejor que los propios africanos. Y, dado su compromiso de larga data con los enfoques multilaterales, parece claro que los africanos deberían desempeñar un papel más importante en la orientación de las iniciativas internacionales en el continente y más allá.
Ese cambio requiere, ante todo, avances continuos en la integración africana. En términos económicos, esto implica aprovechar éxitos recientes, como el AfCFTA, para avanzar hacia una verdadera unión económica y monetaria. En términos políticos, significa fortalecer la UA, incluso mediante la aplicación de las propuestas de reformas institucionales y garantizar una financiación sostenible.
Al mismo tiempo, la estructura de las instituciones globales debe alinearse mejor con un contexto geopolítico cambiante. Los líderes africanos ya están reclamando un papel ampliado en el Consejo de Seguridad de la ONU. Asimismo, deberían revisarse las normas de la Organización Mundial del Comercio y las cuotas del Fondo Monetario Internacional, para que dejen de colocar a las regiones en desarrollo en desventaja.
África puede seguir necesitando el apoyo de la comunidad internacional, pero eso no significa que deba ser un receptor pasivo de ayuda. En cambio, las instituciones multilaterales globales deberían capacitar al continente para participar activamente en la definición y ejecución de sus agendas. A medida que se introduzcan reformas y se acelere el progreso, la necesidad de apoyo externo solo disminuirá.
Fundado en un fuerte sentido de identidad compartida e impulsado por intereses comunes, el compromiso de África con el multilateralismo es una fuerza que hay que tener en cuenta; o, al menos, puede serlo. Con las instituciones internacionales bajo una presión sin precedentes, desbloquear el potencial de África como campeona del multilateralismo redunda en interés de todos.

