El aceite de palma es el aceite vegetal más consumido, eficiente y versátil de la Tierra.
El aceite de palma también es una causa importante de deforestación y, aunque Malasia e Indonesia concentran la mayor parte de la producción mundial, más de 20 países africanos cultivan palma aceitera en casi 6 millones de hectáreas de tierra.
Descubra cómo las naciones africanas se unen para crear una industria sostenible de aceite de palma y productos forestales que combata la deforestación e impulse la reforestación.
Imagínese que se prepara para salir a cenar a un restaurante italiano. Puede ducharse, lavarse el pelo, aplicarse desodorante y ponerse un poco de pintalabios. Pasa una agradable velada con pizza y tarta de chocolate. De vuelta en casa, se lava los dientes y se acuesta.
Cada producto que usó o comió esa noche contiene aceite de palma. Lo mismo ocurriría si hubiera degustado el arroz jollof nigeriano o los plátanos alloco pegajosos de Costa de Marfil, porque el aceite de palma es el aceite vegetal más consumido, eficiente y versátil de la Tierra. Impide que el chocolate se derrita y hace que la comida frita quede más crujiente. Acondiciona el cabello y suaviza el maquillaje. Las palmas de aceite producen casi cinco veces más aceite por hectárea que los girasoles o la colza. Ellas suministran el 40% del aceite vegetal mundial en menos del 6% de la tierra utilizada para producir todos los aceites vegetales.
Pero el aceite de palma es una causa importante de deforestación, especialmente en los bosques tropicales de Asia, ricos en carbono y biodiversidad. La conversión de bosques pantanosos en Malasia e Indonesia en plantaciones de aceite de palma es responsable de hasta el 0,8% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero – equivalente a casi la mitad de toda la industria mundial de la aviación. Mientras que estos dos países concentran la mayor parte de la producción mundial, más de 20 países africanos cultivan ahora palma aceitera en casi 6 millones de hectáreas de tierra. Esto aumenta la preocupación por la posible deforestación y la explotación de los pueblos indígenas y las comunidades locales en los bosques tropicales de la cuenca del Congo y de África Occidental.
Y, a pesar de casi dos décadas de esfuerzos por resolver el problema por parte de organizaciones como la Mesa Redonda sobre el Aceite de Palma Sostenible (RSPO), la batalla continúa. Según WWF, que encuestó a 227 compradores mundiales de aceite de palma en 2021, solo el 67% del aceite de palma total declarado por los encuestados está certificado como sostenible, una cifra que baja al 23% en el caso del aceite de palma adquirido por empresas de África y Asia.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial para combatir la deforestación?
Hacer sostenible el aceite de palma
Hace seis años, Greenpeace advirtió: “África se ha convertido en el nuevo campo de batalla de las empresas de palma aceitera y de caucho.” Ese mismo año, siete países africanos se unieron en la COP22 para firmar la Iniciativa Africana del Aceite de Palma (APOI). Esta alianza público-privada-comunitaria de gobiernos, poblaciones rurales y empresas comparte una visión: “una industria del aceite de palma próspera que genere empleo y riqueza para las comunidades locales de forma ambientalmente y socialmente sostenible y que proteja los ricos bosques tropicales de la región.”
Entonces, ¿qué hace la APOI de forma diferente? Está logrando que se establezcan las políticas gubernamentales adecuadas, creando capacidades locales e involucrando a los actores clave cuando se trata de comprender los procesos subyacentes de la deforestación, según explica Abraham Baffoe, director regional para África de Proforest, la ONG que lidera la implementación de la APOI. “Lo más importante es que la iniciativa se dio cuenta de que los agricultores locales y los pueblos indígenas dependen de los bosques para su sustento, pero a menudo se les deja de lado”, afirma. “Las personas que conviven con los recursos entienden por qué se produce la deforestación, por lo que deben estar en el centro a la hora de identificar los problemas y acordar las soluciones.”
Además de reunir a estos actores en plataformas nacionales, la APOI ha negociado principios rectores regionales que abordan la deforestación, los derechos comunitarios, las condiciones laborales, el desarrollo de los pequeños productores y la protección de la biodiversidad. El mensaje es claro: África está abierta a la inversión en el sector del aceite de palma, pero solo acogerá inversiones que cumplan con estos principios.
Estos principios se aplican tanto a los productores locales como a los inversores internacionales. Uno de los retos de África es que el continente consume alrededor del 15% de la producción mundial de aceite de palma, mucho más de lo que produce. Las importaciones de aceite de palma superaron los 8 millones de toneladas en 2020, lo que presiona a los productores locales para que aumenten su producción. En 2019, por ejemplo, el Gobierno nigeriano creó una política para cubrir el 100% de la demanda nacional mediante producción interna para 2027. Con el encarecimiento de los alimentos a causa de la guerra en Ucrania, esta medida ha resultado acertada.
Para evitar las importaciones, la producción nacional debe crecer significativamente para satisfacer la demanda de las poblaciones, que crecen rápidamente en África Occidental y Central. La APOI está decidida a que el crecimiento del sector nacional del aceite de palma mejore los medios de vida de los pequeños productores, preserve los bosques prístinos y se involucre con las comunidades locales.
Evitar la deforestación
Aunque el 85% del aceite de palma mundial procede de Malasia e Indonesia, la palma aceitera es originaria de África Occidental. Prospera en el mismo clima ecuatorial cálido y húmedo en el que se encuentran algunos de los bosques tropicales más biodiversos y ricos en carbono del planeta. El reto para África es evitar los errores cometidos en el Sudeste Asiático, donde la industria del aceite de palma fue responsable de al menos el 39% de la pérdida de bosques tropicales (2,4 millones de hectáreas) en la isla de Borneo entre 2000 y 2018.
Fundamental para el éxito de la APOI es su relación con los gobiernos, las únicas entidades capaces de determinar y hacer cumplir qué tierras deben protegerse y cuáles pueden arrendarse para la producción de alimentos. El estado nigeriano de Edo, cuyo gobierno local se unió a la APOI en 2018, es un buen ejemplo. Es uno de los cinco principales estados productores de aceite de palma del país. El primer paso del gobierno estatal hacia prácticas de uso de la tierra sostenibles y equitativas fue encargar mapas SIG de todas las zonas forestales. Descubrió que el 80% de las 625.000 hectáreas de reservas forestales de Edo habían sido invadidas, mientras que solo 200.000 hectáreas podían considerarse 'bosque real.'
Esto llevó a Edo a elaborar una nueva ley forestal que permite la producción agrícola únicamente en tierras degradadas. Además, todas las empresas privadas que se dedican al aceite de palma o a cualquier otra producción alimentaria deberán aportar los recursos necesarios para restaurar una superficie de bosque degradado equivalente al 25% de sus tierras. “No vamos a talar bosques para cultivar aceite de palma,” afirmó el gobernador estatal Godwin Nogheghase Obaseki. “Cultivaremos aceite de palma y animaremos a los productores a invertir para recuperar nuestros bosques.”
Edo ha creado una comisión forestal para gestionar los bosques y hacer cumplir la nueva ley. Lo mismo ocurre en la República del Congo, otro miembro de la APOI, donde el Gobierno ha aprobado una ley que dispone que la producción de aceite de palma debe trasladarse de los bosques a las regiones de sabana.
Colaboración con las comunidades locales
Para el gobernador Obaseki, también es igualmente importante garantizar que los pueblos indígenas y las comunidades locales den su consentimiento para cualquier desarrollo agrícola en sus tierras ancestrales, mediante un proceso conocido como consentimiento libre, previo e informado (CLPI).
Esto se ha ignorado durante mucho tiempo en la región. Tomemos como ejemplo Liberia. Tras la guerra civil del país entre 1989 y 2003, funcionarios del Gobierno de la capital, Monrovia, cedieron mediante concesiones una cuarta parte de la superficie total de Liberia a empresas extranjeras dedicadas al cultivo de caucho, aceite de palma y madera. Su escaso respeto por el consentimiento de las comunidades locales, cuyos medios de vida dependían de la tierra, provocó disturbios y acciones judiciales que paralizaron la producción de aceite de palma del país a mediados de la década de 2010. También expulsó a las comunidades de sus tierras consuetudinarias hacia zonas forestales, agravando aún más la deforestación.
En un proceso jurídico histórico que culminó en 2018, el presidente de Liberia, George Weah, promulgó la Ley de Derechos sobre la Tierra. Esta establece que las tierras consuetudinarias pueden reclamarse mediante testimonios orales y acuerdos comunitarios. También convierte el CLPI en un requisito legal para todas las asignaciones de tierras. Aunque los críticos señalan que la ley no tiene efecto retroactivo, los contratos ya firmados por el Estado serán respetados.
Trabajar con el sector privado para aumentar la productividad
Si bien definir y hacer cumplir las leyes forestales adecuadas y buscar el consentimiento de la población local son fundamentales para la producción sostenible de aceite de palma, la lucha contra la deforestación impulsada por materias primas también necesita que la economía esté de su lado. Los agricultores deben poder generar medios de vida dignos, y esto exige invertir en una mayor productividad para obtener mayores rendimientos en menos tierra.
La principal ventaja competitiva de la APOI es que sus miembros incluyen a las empresas del sector privado que impulsan la producción de aceite de palma. Mientras que una empresa típica espera rendimientos de aceite de palma de 20 toneladas por hectárea, los pequeños productores locales apenas logran generar una décima parte de esa cifra. El patrón es el mismo en toda la región. En Ghana, los pequeños productores cultivan ocho veces más tierra de palma aceitera que las grandes empresas, pero representan menos de una cuarta parte de la producción.
En el estado de Edo, en Nigeria, el gobierno exige a las empresas que ayuden a los pequeños productores a mejorar su productividad mediante formación en las mejores prácticas agronómicas y de gestión. Un programa similar en Ghana permitió a los pequeños productores duplicar su productividad en 18 meses. El apoyo financiero directo también es fundamental para los pequeños productores. El Gobierno nigeriano subvenciona insumos como semillas y fertilizantes, mientras que el Banco Central ha puesto a disposición de los productores nigerianos de aceite de palma préstamos de bajo interés por valor de 500 millones de dólares.
La fortaleza de la APOI reside en su capacidad para crear alianzas entre agricultores, gobiernos y agroindustria, a fin de que el desarrollo socioeconómico y la conservación forestal se refuercen mutuamente. Y si puede lograrlo con el aceite de palma, ¿por qué no hacerlo también con otras materias primas?
Ampliar el alcance a otras materias primas
La APOI cuenta ahora con 10 miembros, que representan el 75% de los bosques de África: Camerún, República Centroafricana, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, el estado de Edo (Nigeria), Gabón, Ghana, Liberia, República del Congo y Sierra Leona. Es fundamental que la membresía incluya a los países de la cuenca del Congo, uno de los ecosistemas más biodiversos del mundo, que almacena un estimado del 25-30% de las reservas mundiales de carbono de los bosques tropicales.
Para proteger aún más estas reservas, la APOI cuenta con el consentimiento de sus miembros para ampliar su mandato a otras materias primas, como el caucho y el cacao, que enfrentan problemas similares en ecosistemas parecidos. «Los gobiernos se dieron cuenta de que los principios de sostenibilidad aplicados a una sola materia prima no generarán impacto sobre el terreno», afirma Baffoe. «Los principios deben aplicarse a todo el territorio y a todas las materias primas.»
Así, la coalición se transforma de la APOI en la Iniciativa Africana de Materias Primas Sostenibles (ASCI). Este enfoque transversal se basará en el trabajo realizado por la coalición en cuestiones como los parámetros de deforestación y las alianzas público-privadas, y aprovechará esa capacidad para mejorar la sostenibilidad de otros productos forestales.
Se trata de un paso estratégico importante para la coalición, según Felipe Carazo, responsable de relaciones con el sector público en la Alianza para los Bosques Tropicales, quien afirma: «En lugar de que cada sector de materias primas elabore sus propias métricas y relaciones de trabajo independientes con el Gobierno, la ASCI impulsará la alineación e integración de todas las materias primas de riesgo forestal en la región de África Occidental.»
Este enfoque transversal ofrece además otras ventajas, señala Carazo. Permite a los miembros responder de forma más eficaz a las medidas de demanda, como el próximo reglamento de la Unión Europea que prohibirá la importación de cualquier materia prima vinculada a la deforestación. También ayuda a fundamentar la inversión gubernamental para superar los cuellos de botella que afectan a la sostenibilidad de todas las materias primas forestales, como la infraestructura de transporte y de salud pública. Carazo afirma: «Esto, a su vez, crearía un entorno más propicio para la inversión extranjera directa.»
Este artículo forma parte de TFA Perspectives, que recoge numerosos relatos similares sobre las cadenas de suministro de materias primas. Puede leer más historias de este tipo aquí.

