El mundo está logrando avances notables en la lucha contra la pobreza. Entre 2000 y 2013, la proporción de la población mundial que vive con menos del umbral internacional de pobreza de US$1.90 al día pasó del 28.5 % al 10.7 %. Esto equivale a unos mil millones de personas que salieron de la pobreza.
En 2000, las Naciones Unidas pusieron en marcha los Objetivos de Desarrollo del Milenio, un esfuerzo internacional coordinado para erradicar la pobreza y elevar los niveles de vida en todo el mundo de aquí a 2030.
Un esfuerzo mundial aún más ambicioso para erradicar la pobreza, denominado Objetivos de Desarrollo Sostenible se aprobó en septiembre de 2015. Esto también parece estar produciendo resultados significativos. Se estima que 83 millones de personas han logrado salir de la pobreza extrema en los tres primeros años tras la adopción de los objetivos, entre enero de 2016 y julio de 2018.
Al mismo tiempo, se ha producido un cambio notable en la geografía de la pobreza en el mundo.
Hoy en día, la pobreza extrema se concentra principalmente en África, donde se encuentran 23 de los 28 países más pobres del mundo. Estos países presentan tasas de pobreza superiores al 30 %.
Proyecciones de pobreza hasta el año 2030 (fin de los Objetivos de Desarrollo Sostenible) indican que, incluso en el escenario más optimista, más de 300 millones de personas del África subsahariana seguirán en situación de pobreza extrema. Por tanto, el éxito en la erradicación de la pobreza con arreglo a estos objetivos dependerá en gran medida de lo que ocurra en África.
Según nuestra investigación, la adopción de los objetivos en 2000 desempeñó un papel significativo en la aceleración del proceso de reducción de la pobreza en el mundo. La puesta en marcha de programas contra la pobreza y de estrategias de reducción de la pobreza en los países se convirtió en una parte habitual de los planes nacionales de desarrollo. Sin embargo, hubo una disparidad considerable en la forma en que los distintos países respondieron a los objetivos de desarrollo, así como en su capacidad para poner en práctica estos planes.
A principios de la década de 1990, países africanos como Nigeria, Lesoto, Madagascar y Zambia tenían niveles de pobreza similares a los de China, Vietnam e Indonesia. Sin embargo, este grupo ha logrado reducir la pobreza, mientras que los países africanos no.
Entonces, ¿por qué existe esta disparidad y cómo puede acelerarse la reducción de la pobreza en África?
Tendencias de la pobreza
Nosotros analizamos las tendencias de la pobreza en el mundo en desarrollo entre 1990 y 2013. Utilizando medidas estándar de pobreza por ingresos, que expresan la proporción de la población que vive con menos de $1.25 y $1.90 al día, comprobamos que la pobreza tendió a disminuir más rápidamente en los países más afectados por ella.
¿Buenas noticias? Sí, pero estos avances, aunque significativos, no implican que el fin de la pobreza esté a la vista en todas partes. Por ejemplo, si las tendencias continúan en un país muy afectado por la pobreza, como Malí, donde el 86.08 % de la población vivía con menos de $1.25 al día en 1990, tardaría unos 31 años más en erradicar por completo la pobreza extrema.
Y, incluso en una economía mucho menos pobre, como la de Ecuador (donde el 6.79 % de la población vivía con menos de $1.25 al día en 1990), se prevé que tarde unos 10 años más en erradicar por completo la pobreza extrema.
Capacidad estatal
Nuestra investigación identifica un papel crucial de la capacidad estatal en los distintos niveles de reducción de la pobreza. Los Estados del África subsahariana suelen tener una capacidad institucional limitada para llevar a cabo políticas que ofrezcan beneficios y servicios a los ciudadanos. En otras palabras, tienen capacidad estatal limitada.
La construcción de capacidad estatal depende de muchas variables. Es mayor cuando las élites gobernantes están sujetas a límites efectivos al ejercicio de su poder mediante controles y contrapesos institucionalizados. También es mayor en los países con una historia estatal más larga. Por ejemplo, China, un Estado experimentado y de siglos de antigüedad, puede haber desarrollado una mayor capacidad para administrar su territorio, a través del aprendizaje práctico. Así, se ha vuelto más eficaz a la hora de poner en práctica políticas en comparación con los Estados africanos menos experimentados.
Y nuestra propia investigación sugiere que los países con los gobiernos más eficaces redujeron la pobreza por ingresos hasta a una velocidad el doble que la de los países con los Estados más débiles.
Luchar contra la pobreza en África
Las debilidades de un Estado afectan a la lucha contra la pobreza de varias maneras.
En primer lugar, luchar contra la pobreza requiere intervenciones políticas directas. Sin embargo, los países africanos más pobres son menos eficaces a la hora de llegar a su población pobre. Por ejemplo, los gobiernos del África subsahariana carecen de los datos y los conocimientos administrativos prácticos necesarios para identificar de forma fiable a su población pobre. Esto significa que no pueden destinar recursos a ella. Los programas contra la pobreza en países como Malaui, Malí, Níger y Nigeria no llegan a muchos de sus hogares más pobres.
La creciente evidencia sobre las carencias en la capacidad estatal y la importancia de contar con Estados eficaces para reducir la pobreza indica que, sin una mejora significativa de la gobernanza, África podría quedarse aún más rezagada en el cumplimiento de la primera meta del objetivo de desarrollo sostenible, que es poner fin a la pobreza.
Para acelerar el fin de la pobreza, los Estados africanos deberían centrarse en desarrollar la capacidad suficiente para diseñar y poner en marcha estrategias de reducción de la pobreza. La puesta en práctica de estas reformas es fundamental. Al fin y al cabo, mejorar la calidad del gobierno no solo es importante para acelerar la reducción de la pobreza. También es un objetivo de desarrollo en sí mismo.

