Por qué África necesita invertir en ciencia propia

A researcher from the Uganda Virus Research Institute (UVRI) collects insect traps at the Zika Forest in Entebbe, south of Uganda's capital Kampala March 2, 2016. In a patch of forest near Lake Victoria in Uganda, mosquitoes known to carry the Zika virus buzz with little seeming worry amid the local community. Scientists use a 120-foot high steel tower to harvest mosquitoes for research into viruses afflicting man and animals. Beyond that, however, there's little sign in the 15-acre Zika Forest of its central role in unravelling one of the world's major healthy crises in recent times. REUTERS/James Akena SEARCH "ZIKA FOREST" FOR THIS STORY. SEARCH "THE WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES - GF10000354160
Funding African research, like this Zika virus project in Uganda, can help the continent prosper.Image: REUTERS/James Akena
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  • Los científicos africanos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la pobreza tras la devastación provocada por la COVID-19.

  • Todavía hay muy pocos científicos africanos: solo 198 investigadores por millón, frente a 4500 por millón en el Reino Unido y Estados Unidos. Sin embargo, sus aportaciones son vitales para resolver una amplia gama de problemas.

  • Los gobiernos africanos deben invertir más en investigación y desarrollo para crear un grupo de talento y experiencia que pueda transformar el continente.

Durante demasiado tiempo, las prioridades científicas de África las determinaron personas muy alejadas de los desafíos que enfrenta el continente. Esta situación está cambiando. Los científicos africanos desempeñan ahora un papel fundamental en la lucha contra el hambre y la pobreza, y en el logro de un crecimiento económico sostenible para el continente. Cada vez más líderes africanos se han comprometido públicamente a invertir más en ciencia, tecnología y educación propias.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Los niveles de inversión siguen muy lejos de sus objetivos, principalmente debido a la escasez de recursos y a la competencia entre prioridades. La devastación económica provocada por la COVID-19 amenaza con perjudicar presupuestos de investigación que ya son extremadamente ajustados y con borrar los avances recientes. Pero la pandemia también es una oportunidad para establecer las prioridades adecuadas, liberar el potencial de la ciencia africana y respaldar proyectos de investigación creativos, sostenibles y apropiados que se basen en la realidad sobre el terreno.

A continuación, se presentan algunas formas en que los gobiernos y las organizaciones africanas pueden establecer esas prioridades y permitir que los investigadores africanos utilicen su conocimiento y experiencia únicos para resolver algunos de los mayores problemas que afectan al continente.

La ciencia africana para el futuro

Los líderes africanos han reconocido públicamente la importancia vital de invertir en investigación y desarrollo. En 2007, la cumbre de jefes de Estado de la Unión Africana respaldó un objetivo de destinar el 1 % de su Producto Interior Bruto a investigación y desarrollo. En 2018, diez jefes de Estado y de gobierno africanos se comprometieron a aumentar las inversiones en educación, ciencia y tecnología. Los líderes africanos también elaboraron un plan continental para la ciencia, la Estrategia de Ciencia, Tecnología e Innovación para África de la Unión Africana (STISA 2024). También han adoptado los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2063 de la Unión Africana, ambos de los cuales reconocen la importancia de invertir en ciencia, tecnología e innovación.

Sin embargo, según el Panorama de la Innovación en África 2019, publicado por la Agencia de Desarrollo de la Unión Africana, los avances hacia estos objetivos han sido lentos. Todos los países africanos siguen rezagados en la financiación de la ciencia, en parte porque existen muchas otras tareas urgentes, como la lucha contra el hambre y la pobreza. Una cuarta parte de los presupuestos de algunos países se financian con ayuda exterior, lo que demuestra lo limitados que son los recursos en el continente.

Al mismo tiempo, la falta de inversión en la ciencia africana dificulta el desarrollo de soluciones sostenibles y propias para estos problemas. Por ello, muchos gobiernos africanos se encuentran atrapados en un círculo vicioso en lo que respecta a la financiación científica, que requiere una visión a largo plazo y aceptar que puede tardar años en obtenerse los beneficios de la inversión inicial.

Image: Wellcome Global Monitor, parte de la Encuesta Mundial de Gallup 2018

La COVID-19 ha agravado este dilema. Por un lado, representa otro problema urgente que hay que resolver, ya que la pandemia y los confinamientos asociados amenazan con hundir a millones de personas en una pobreza más profunda. Por otro lado, también pone de relieve la necesidad de contar con científicos e innovadores africanos que puedan ayudar a combatir esta pandemia y desarrollar soluciones para la recuperación tras la crisis.

Como primer paso, los gobiernos deben crear ministerios de ciencia específicos que impulsen esta causa. También deberían aprobar leyes que asignen un porcentaje de su PIB a la ciencia. Kenia lo hizo con gran éxito, lo que llevó a la creación de una institución específica para financiar la investigación, el Fondo Nacional de Investigación. Los incentivos gubernamentales, como las desgravaciones fiscales en Sudáfrica, pueden igualmente animar al sector privado y a los filántropos a invertir en ciencia. Esto reduce la dependencia de los países de la financiación internacional para la investigación y el desarrollo, especialmente en un momento en que las políticas centradas en el interior de los países donantes y los recortes de la ayuda exterior amenazan con reducir la financiación para África.

La próxima generación de científicos

Invertir en ciencia también significa invertir en los futuros científicos. Implica animar a los jóvenes a buscar carreras en ciencia y ofrecerles las oportunidades educativas y profesionales adecuadas.

La población actual de África es de unos 1200 millones de personas y se prevé que se duplique en los próximos 30 años, con una mayoría de población joven. Sin embargo, el continente cuenta actualmente solo con 198 investigadores por millón de habitantes, frente a 4500 por millón en el Reino Unido y Estados Unidos, y muy por debajo del promedio mundial de 1150 por millón. Cerrar esta brecha fomentando la próxima generación de científicos debería, por tanto, ser un objetivo político prioritario para los gobiernos africanos.

Los 54 países del continente presentan distintos niveles de desarrollo y diferentes fortalezas y necesidades. Desarrollar el grupo local de conocimiento y experiencia respaldará innovaciones que se ajusten a estas necesidades específicas. Esto permitirá, en última instancia, que los africanos compitan a escala mundial tanto en el ámbito comercial como en el científico.

Formar a jóvenes científicos requiere inversiones en educación terciaria, así como más oportunidades de desarrollo profesional en las etapas iniciales e intermedias de la carrera. También implica respaldar a los científicos sénior para que puedan tutelar a los científicos más jóvenes, y desarrollar redes y recursos para que los jóvenes científicos puedan conectarse con las comunidades de investigación.

Además, los gobiernos deben invertir en infraestructura física, como laboratorios en los que experimentar e innovar, carreteras que permitan a los científicos llegar a los laboratorios y energía que les posibilite utilizar el equipamiento de los laboratorios. Formar a jóvenes científicos sin invertir en el desarrollo de su país acaba provocando fuga de cerebros. Incluso los científicos africanos con una profunda pasión y compromiso con el desarrollo de África se marcharán si no pueden prosperar en su país.

Image: Wellcome Global Monitor, parte de la Encuesta Mundial de Gallup 2018

La ciencia en tiempos de la COVID-19

La priorización es más necesaria cuando las necesidades y las demandas sobre los recursos son mayores que las inversiones disponibles. Esta planificación de prioridades meditada se ha vuelto aún más urgente en el contexto de la COVID-19.

La pandemia está causando estragos en toda África. El Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC África) ha notificado más de 267 000 casos hasta la fecha. Los confinamientos y los toques de queda están perjudicando a las economías africanas. Se prevé que la economía de Sudáfrica, por ejemplo, se contraiga un 5,8 % en 2020, y la de Nigeria un 3,4 %, según las Perspectivas de la Economía Mundial de abril de 2020.

Cabe esperar que la inversión africana en ciencia se contraiga aún más debido a la recesión económica mundial relacionada con la pandemia. Sin embargo, esta inversión es crucial para el futuro de África y está vinculada a una amplia gama de otros objetivos de desarrollo en ámbitos tan diversos como la educación y la atención sanitaria. Innovaciones sencillas, como los programas de alimentación escolar y el suministro de compresas en Kenia y Uganda, están manteniendo a las niñas en la escuela y transformando las sociedades.

Algunas soluciones propias orientadas a atraer más inversión han tenido un gran éxito. Por ejemplo, la inversión en ensayos clínicos se ha visto impulsada por la Comunidad de Ensayos Clínicos (CTC), una plataforma de la Academia Africana de Ciencias. La CTC localiza los centros de ensayos clínicos y ofrece gran cantidad de información sobre la capacidad de los ensayos clínicos en África. Recientemente ha lanzado una función mejorada sobre la COVID-19 para aumentar la visibilidad de los centros de ensayos clínicos y del entorno normativo y ético en el que se llevan a cabo estos ensayos en África.

La inversión sostenida y extensa en investigación y desarrollo por parte del Departamento de Salud (DoH) y del Departamento de Ciencia e Innovación (DSI) de Sudáfrica ha dotado al país de la capacidad y la experiencia necesarias para hacer frente a la COVID. Además, un incentivo fiscal que anima a las empresas sudafricanas a invertir en investigación y desarrollo, incluido el desarrollo de productos farmacéuticos de múltiples fuentes, está dando sus frutos. Sudáfrica se ha convertido en el único país de África que participa en el ensayo clínico internacional Solidaridad, puesto en marcha por la Organización Mundial de la Salud. Los científicos de Sudáfrica también están investigando la utilidad de los medicamentos existentes para tratar la COVID-19.

Image: Wellcome Global Monitor, parte de la Encuesta Mundial de Gallup 2018

Afrontar la COVID

Los científicos africanos han asumido varias funciones vitales durante la pandemia actual. Forman parte de un ejercicio de alcance continental dirigido por la Academia Africana de Ciencias para establecer prioridades en la investigación y el desarrollo sobre la COVID-19. Esto incluye la prevención y el control de infecciones, los estudios epidemiológicos, el manejo clínico, la investigación y el desarrollo de posibles terapias, las posibles vacunas y otros muchos ámbitos de investigación. Los gobiernos africanos y los organismos de financiación han adaptado sus inversiones a estas prioridades.

La Academia Africana de Ciencias ha comprometido 2,8 millones de dólares en fondos para la investigación y el desarrollo de intervenciones científicas contra la COVID-19 en nueve áreas prioritarias principales. Se detallan en un informe, Objetivos de investigación y desarrollo para la Covid-19 en África: el ejercicio de establecimiento de prioridades de la AAS. El Fondo de Subvenciones Rápidas para la COVID-19 en África, de 4,75 millones de dólares, puesto en marcha bajo los auspicios de la Iniciativa de Consejos de Concesión de Subvenciones Científicas en el África Subsahariana (SGCI), también se basó en estas prioridades.

África cuenta con un amplio grupo de personas talentosas y apasionadas que están dispuestas a dedicarse a mejorar el futuro del continente y a aportar sus ideas y experiencia al mundo de la ciencia. El desafío consiste en utilizar sus recursos con sabiduría y dotar a estas personas del apoyo que necesitan para prosperar. Ha llegado el momento de afrontar el desafío y sentar las bases de una edad de oro de la ciencia africana.

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