George Soros: qué podría significar para el Brexit un cambio de enfoque de Theresa May

Britain's Prime Minister Theresa May, leaves 10 Downing Street in central London, Britain June 13, 2017. REUTERS/Stefan Wermuth - RTS16VIM
"The British are fast approaching the tipping point that characterizes all unsustainable economic trends."Image: REUTERS/Stefan Wermuth
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La realidad económica empieza a alcanzar a las falsas esperanzas de muchos británicos. Hace un año, cuando una exigua mayoría votó a favor de la retirada del Reino Unido de la Unión Europea, creyeron las promesas de la prensa popular y de los políticos que apoyaban la campaña por la salida, según las cuales el Brexit no reduciría su nivel de vida. De hecho, durante el año transcurrido desde entonces, han logrado mantenerlo endeudando a los hogares.

Esto funcionó durante un tiempo, porque el aumento del consumo de los hogares estimuló la economía. Pero el momento de la verdad para la economía del Reino Unido se acerca rápidamente. Según muestran las últimas cifras publicadas por el Banco de Inglaterra, el crecimiento salarial en Gran Bretaña no sigue el ritmo de la inflación, por lo que los ingresos reales han comenzado a caer.

A medida que esta tendencia continúe en los próximos meses, los hogares pronto se darán cuenta de que su nivel de vida está disminuyendo y tendrán que ajustar sus hábitos de gasto. Para empeorar las cosas, también comprenderán que se han endeudado en exceso y tendrán que reducir su deuda, lo que disminuirá aún más el consumo de los hogares que ha sostenido la economía.

Además, el Banco de Inglaterra ha cometido el mismo error que el hogar medio: subestimó el impacto de la inflación y ahora intentará ponerse al día elevando los tipos de interés de manera procíclica. Estos tipos más altos harán aún más difícil pagar la deuda de los hogares.

Los británicos se acercan rápidamente al punto de inflexión que caracteriza a todas las tendencias económicas insostenibles. Llamo «reflexividad» a ese punto de inflexión: cuando la causa y el efecto se influyen mutuamente.

La realidad económica se ve reforzada por la realidad política. Lo cierto es que el Brexit es una propuesta en la que todos pierden, perjudicial tanto para Gran Bretaña como para la UE. El referéndum sobre el Brexit no puede revocarse, pero la gente puede cambiar de opinión.

Al parecer, eso es lo que está ocurriendo. El intento de la primera ministra Theresa May de fortalecer su posición negociadora convocando elecciones anticipadas salió muy mal: perdió la mayoría parlamentaria y dejó un Parlamento sin mayoría (ningún partido cuenta con mayoría).

La causa principal de la derrota de May fue su fatal error al proponer que las personas mayores pagaran una parte sustancial de su atención social con sus propios recursos, por lo general, con el valor de las viviendas en las que habían vivido toda su vida. Este «impuesto a la demencia», como llegó a conocerse ampliamente, ofendió profundamente al electorado central del Partido Conservador de May: las personas mayores. Muchas no votaron o apoyaron a otros partidos.

La mayor participación de los jóvenes también contribuyó de manera importante a la derrota de May. Muchos votaron al Partido Laborista como protesta, no porque quisieran afiliarse a un sindicato ni porque apoyaran a su líder, Jeremy Corbyn (aunque este tuvo un desempeño sorprendentemente convincente durante toda la campaña).

La actitud de los jóvenes británicos ante el mercado único es diametralmente opuesta a la de May y los partidarios de un Brexit «duro». Los jóvenes desean encontrar empleos bien remunerados, ya sea en Gran Bretaña o en otros lugares de Europa. En ese sentido, sus intereses coinciden con los de la City de Londres, donde se encuentran algunos de esos empleos.

Si May quiere mantenerse en el poder, debe cambiar su enfoque de las negociaciones del Brexit. Y hay indicios de que está dispuesta a hacerlo.

Si aborda con ánimo conciliador las negociaciones que comenzarán el 19 de junio, May podría llegar a un entendimiento con la UE sobre la agenda y acordar seguir siendo miembro del mercado único durante un período suficientemente largo para realizar todo el trabajo jurídico necesario. Esto supondría un gran alivio para la UE, porque aplazaría el nefasto día en que la ausencia de Gran Bretaña abriría un enorme agujero en el presupuesto de la UE. Sería un acuerdo beneficioso para ambas partes.

Solo siguiendo este camino puede May esperar convencer al Parlamento de que apruebe todas las leyes que deberán estar vigentes una vez concluidas las negociaciones del Brexit y que Gran Bretaña se retire de la Unión. Quizá tenga que abandonar su alianza poco meditada con el Partido Unionista Democrático en el Ulster y apoyar con más firmeza a los conservadores de Escocia, partidarios de una versión más suave del Brexit. May también tendrá que expiar los pecados de los conservadores en el distrito londinense de Kensington relacionados con el incendio de la Torre Grenfell de la semana pasada, en el que perdieron la vida al menos 30 personas, y quizá muchas más.

Si May adopta una plataforma así, podría seguir encabezando un gobierno minoritario, porque nadie más querría ocupar su lugar. El Brexit aún tardaría al menos cinco años en completarse, durante los cuales se celebrarían nuevas elecciones. Si todo saliera bien, los dos partidos quizá quisieran volver a casarse incluso antes de divorciarse.

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