La India ha logrado mucho en las últimas décadas. Sin embargo, la desaceleración económica de los últimos trimestres ha suscitado comentarios preocupados sobre el potencial de crecimiento de la India. No obstante, nuestro análisis de casi cinco décadas de datos revela que el proceso de crecimiento a largo plazo de la India es constante, estable, diversificado y resiliente. ¿Sienta esto las bases para un crecimiento más sostenido del 8 % en el futuro? Sí, posiblemente, pero hace falta más. Veámoslo en detalle.
En primer lugar, el crecimiento económico a largo plazo de la India se ha acelerado de forma constante durante un período de cincuenta años, sin reveses prolongados. Así, mientras que el crecimiento promedió un 4,4 % anual durante las décadas de 1970 y 1980, se aceleró hasta el 5,5 % durante el período comprendido entre la década de 1990 y principios de la de 2000, y llegó al 7,1 % en la última década. La aceleración del crecimiento es evidente no solo en el PIB agregado, sino aún más en el PIB per cápita. El ritmo medio de crecimiento per cápita fue del 5,5 % anual en la última década. Resulta interesante que, al compararse con algunas de las mayores economías emergentes del mundo, esta aceleración constante del crecimiento destaque como un rasgo único de la India.
En segundo lugar, la tasa de crecimiento de la India se ha vuelto más estable. Esto se debe en parte a la estabilización del crecimiento en cada sector —agricultura, industria y servicios— y en parte a la transición de la economía hacia el sector de los servicios, donde el crecimiento es más estable. Resulta especialmente interesante el marcado aumento de la estabilidad del crecimiento del PIB desde 1991. Antes de entonces, el crecimiento se aceleraba de forma episódica, estaba marcado por grandes variaciones anuales y a menudo no se mantenía. Así, el crecimiento no solo se ha acelerado tras la liberalización, sino que también se ha vuelto más estable.
En tercer lugar, el crecimiento se ha diversificado ampliamente. Se ha acelerado más en los servicios, seguidos de la industria y, en menor medida, la agricultura. A largo plazo, el crecimiento de la India ha estado impulsado por una proporción cada vez mayor de la inversión y las exportaciones, con una importante contribución del consumo. El crecimiento también se ha caracterizado por aumentos de la productividad —tanto de la productividad laboral como de la productividad total de los factores.
Por último, el crecimiento ha mostrado una resiliencia generalizada ante las perturbaciones, tanto internas como externas. La resiliencia del crecimiento de la India puede atribuirse al tamaño de su economía y a su diversificación geográfica, así como a una estructura productiva diversificada que no depende de unos pocos productos, materias primas o recursos naturales. También puede atribuirse a la diversidad de la cesta comercial de la India y a su amplia gama de socios comerciales, de modo que una desaceleración en cualquier parte del mundo no tendría un gran impacto en la India.
La resiliencia del proceso de crecimiento de la India quedó patente en los últimos años, cuando el país se recuperó rápidamente de los efectos de dos importantes medidas de política: la desmonetización y la aplicación del impuesto sobre bienes y servicios (GST), una importante reforma de los impuestos indirectos. Sostenemos que la desaceleración, con tasas de crecimiento inferiores al 7 % entre el tercer trimestre de 2016-17 y el segundo trimestre de 2017-18, fue una anomalía atribuible a perturbaciones temporales de la actividad económica, mientras la economía se adaptaba a la desmonetización y las empresas se preparaban para la aplicación del GST. En la actualidad, hay indicios de que la economía ha tocado fondo y, en los próximos trimestres, la actividad económica debería volver a la tasa de crecimiento tendencial de alrededor del 7,5 %. Proyectamos que el crecimiento del PIB será del 6,7 % en 2017-18 y se acelerará hasta el 7,3 % y el 7,5 %, respectivamente, en 2018-19 y 2019-20.
Sin embargo, nuestro análisis muestra que, aunque la tasa de crecimiento se recupere, alcanzar de forma sostenida una tasa del 8 % o superior dependerá de una agenda eficaz de reformas estructurales. En las últimas cinco décadas se han producido seis episodios de alto crecimiento, aproximadamente uno por década, en los que las tasas superaron el 8 %. La mayoría de esos episodios duraron solo entre uno y dos años y luego registraron una fuerte corrección. En algunos casos, el alto crecimiento se debió al efecto de una base baja tras un crecimiento lento en años anteriores, seguido de una producción agrícola excepcionalmente buena (1976, 1989); en otros, se debió a un déficit fiscal insostenible u otra medida de política macroeconómica (como en 2010-11). El único episodio duradero en que el crecimiento se mantuvo por encima del 8 % durante cinco años consecutivos fue el comprendido entre 2004 y 2008. Este episodio se benefició del efecto combinado de importantes reformas emprendidas en las décadas de 1990 y principios de 2000, así como de un dinamismo inusual de la economía mundial y de una abundante liquidez global, lo que propició un crecimiento elevado y sostenido en todos los sectores y componentes del PIB.
De cara al futuro, mantener una tasa de crecimiento superior a la tasa tendencial del 7 al 7,5 % y alcanzar una tasa del 8 % o más requerirá la contribución de todos los sectores nacionales, además del apoyo de la economía mundial. Para lograrlo, hará falta un esfuerzo concertado de reforma que mantenga el impulso reformista y amplíe su alcance, y que consiga revertir la desaceleración de la inversión, la oferta de crédito y las exportaciones. Mantener la estabilidad macroeconómica, conseguida con tanto esfuerzo; alcanzar una solución definitiva y duradera a los problemas del sector bancario; materializar los dividendos previstos del GST en términos de crecimiento e ingresos fiscales; y recuperar el impulso de la agenda de reformas estructurales pendiente son otros componentes clave para alcanzar una tasa de crecimiento del 8 % o más.
Para elevar los ingresos de al menos el 50 % de la población india hasta niveles propios de la clase media mundial, la economía no solo debe volver a crecer un 8 % o más, sino también mantener ese crecimiento durante las próximas tres décadas. La experiencia de todo el mundo demuestra que no es tarea fácil: la mayoría de los países que experimentaron un alto crecimiento sufrieron desaceleraciones unos años después.
Aun así, la extraordinaria experiencia de crecimiento de la India da credibilidad a sus perspectivas de crecimiento a largo plazo. Un mayor esfuerzo de reforma y la eliminación de los obstáculos que afectan a determinados motores del crecimiento pueden contribuir a acelerar las tasas hasta el 8 % o más.
Figura 1: La tasa de crecimiento de la India se ha acelerado de forma constante a largo plazo Figura 2: La aceleración del crecimiento ha sido más rápida en el ingreso per cápitaFigura 3: La tasa de crecimiento a largo plazo de la India se ha vuelto cada vez más estable




