En la cumbre del G20 de este año, Trump contra el mundo

U.S. President Donald Trump waves at Joint Base Andrews, Maryland, U.S., upon his return to Washington after a weekend at the Trump National Golf Club in Bedminster, New Jersey, July 3, 2017. REUTERS/Yuri Gripas - RTX39X91
Trump is attempting to leverage the United States' economic power to negotiate new deals in the country's favour at the G20 summit.Image: REUTERS/Yuri Gripas
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El presidente Trump y varios líderes mundiales clave se encaminan a un choque antes de la cumbre del Grupo de los Veinte que se celebra esta semana en Alemania, pues el lema «Estados Unidos primero» de Trump, que defiende sin complejos en materia de comercio y cambio climático, se enfrenta a una oposición internacional cada vez más decidida y unida.

El miércoles, Trump reiteró sus amenazas de retirar a Estados Unidos de los acuerdos comerciales vigentes, argumentando que iban en contra del interés nacional. Mientras Trump amenaza con replegarse del comercio mundial, otras potencias exploran nuevos vínculos económicos.

Se espera que la Unión Europea y Japón anuncien el jueves sus planes para un nuevo e importante acuerdo de libre comercio. Según informaciones de prensa, el acuerdo entre la UE y Japón, que hasta ahora solo se ha negociado en términos generales, reduciría las barreras a las exportaciones de automóviles en ambas direcciones y también las barreras japonesas a la importación de trenes y productos agrícolas, como queso y chocolate. Crearía una zona de libre comercio de tamaño similar a América del Norte, unida por el acuerdo TLCAN de 1994.

Si se concreta, el acuerdo comercial entre la UE y Japón sería una señal de que otras grandes economías se están adaptando a un nuevo orden mundial en el que intentan prescindir de Estados Unidos, en vez de buscar su orientación para construir el comercio mundial. Con el apoyo del Congreso, Trump ya puso fin a un intento de que Estados Unidos alcanzara un acuerdo comercial con Japón y otros países asiáticos, y ha amenazado con retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de otro acuerdo comercial con Corea del Sur.

En medio de una oposición internacional cada vez más firme, Trump afronta una de las decisiones económicas más trascendentales de su mandato hasta la fecha: sopesa imponer nuevas restricciones a las importaciones de acero para proteger a los productores estadounidenses, una medida a la que se oponen vehementemente Alemania y otros aliados de Estados Unidos. El Departamento de Comercio estaba a punto de recomendar nuevas restricciones, pero otros asesores de alto rango de Trump advirtieron que podrían acarrear graves consecuencias económicas. Ahora, la decisión se cierne tanto sobre el Gobierno como sobre la cumbre de líderes mundiales.

Los asesores de Trump planean presionar a otros países en el G20 para que acuerden medidas concretas que frenen la manera en que China exporta acero, dijeron personas informadas sobre los preparativos. Si Trump tiene éxito en este empeño, podría reforzar su disposición a desafiar a otros países en diversos asuntos. Pero, si el intento fracasa y numerosos países rechazan la iniciativa estadounidense, podría aislar aún más al país.

Las distintas posturas sobre el comercio han convertido al G20 en una posible encrucijada para el orden económico internacional. Trump intenta aprovechar el poder económico de Estados Unidos para negociar nuevos acuerdos favorables al país, mientras que los líderes extranjeros parecen cada vez más dispuestos a dejar de lado a Estados Unidos y estrechar vínculos con otros países.

«Había una incógnita: si la UE podría seguir firmando acuerdos de libre comercio en el futuro», dijo André Sapir, experto en comercio internacional y exasesor económico del director general de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea. «Esto demuestra, efectivamente, que la UE puede hacerlo».

«De cara al G20, esto demuestra que la UE y Japón quieren seguir impulsando una agenda comercial liberal y mostrar que hay otros países capaces de llevarla adelante sin Estados Unidos», dijo Sapir.

También hay indicios de que otros países están dispuestos a desafiar a Trump de manera más directa. La canciller alemana Angela Merkel, que afronta elecciones en septiembre en un país donde Trump es profundamente impopular, dijo que presionaría a Trump por sus amenazas comerciales y por su reciente decisión de retirarse del acuerdo climático de París de 2016, cuyo objetivo era reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Antes de la reunión, Merkel y Trump hablaron por teléfono el lunes sobre el «exceso de capacidad mundial de producción de acero», un asunto que podría convertirse en el principal tema comercial de la cumbre. Alemania es un gran exportador de acero y sus funcionarios temen que pueda verse afectada por cualquier medida represiva de Estados Unidos.

«Desde el principio no ha habido simpatía entre Alemania y Trump, pero ahora la canciller Merkel está en modo de campaña y todas las cifras muestran que el presidente Trump es profundamente impopular», dijo Michal Baranowski, director de la oficina de Varsovia del German Marshall Fund de Estados Unidos, un centro de estudios. «La preocupación por el lenguaje proteccionista y las posibles ideas proteccionistas de la Administración Trump es, sin duda, muy grande».

«Para nosotros es importante enarbolar la bandera del libre comercio como respuesta a las tendencias proteccionistas mundiales, concluyendo rápidamente el acuerdo de libre comercio con Europa», dijo el martes el primer ministro japonés Shinzo Abe, según Reuters, al destacar el posible pacto comercial entre Japón y la UE.

Trump parecía dispuesto a un enfrentamiento antes de la reunión. «Estados Unidos ha firmado algunos de los peores acuerdos comerciales de la historia mundial. ¿Por qué deberíamos seguir con estos acuerdos con países que no nos ayudan?», escribió en una publicación de Twitter el miércoles por la mañana. Antes, el lunes, Trump había publicado un mensaje en el que insinuaba que pronto podría tomar medidas sobre el acero; escribió «¡No me gusta el dumping de acero y aluminio!»

Funcionarios estadounidenses han acusado a China —no a Alemania ni a Canadá— de «dumping»: vender el excedente de acero en los mercados mundiales de una forma que hace bajar los precios. Como China forma parte del G20, Trump podría intentar, por primera vez, desafiar directamente en persona al líder chino Xi Jinping en la reunión de Hamburgo. Estados Unidos importa muy poco acero de China, pero funcionarios de la Administración Trump dicen que la forma en que China produce y exporta acero sigue perjudicando a la industria siderúrgica estadounidense, porque lo vende a bajo precio a otros países y hace bajar los precios.

China produce ahora más de la mitad del acero mundial. Parte de ese acero se destina a abastecer las fábricas y a construir las carreteras y los rascacielos que han surgido por todo el país a medida que la economía china crecía en las últimas décadas.

Pero las empresas estadounidenses sostienen que el auge siderúrgico chino también se debe a subsidios públicos injustos y a la propiedad estatal, que protegen las acerías de las fuerzas del mercado y las llevan a producir mucho más acero del que necesita el mundo. Gran parte de este excedente de acero chino acaba en los mercados internacionales y reduce el precio mundial del acero hasta un nivel que impide a las empresas extranjeras competir de forma rentable. En 2015, China produjo diez veces más acero bruto que Estados Unidos.

«Estados Unidos se mantiene firme contra todas las prácticas comerciales injustas, incluidas las enormes distorsiones del mercado mundial del acero y otras prácticas ajenas al mercado que perjudican a los trabajadores estadounidenses», dijo Gary Cohn, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca. «Pedimos a las economías del G20 que se sumen a este esfuerzo y adopten medidas concretas para resolver estos problemas».

Las relaciones entre Estados Unidos y China se ven aún más complicadas por las tensiones internacionales en torno a Corea del Norte, después de que el régimen del dictador Kim Jong Un —ante la condena generalizada de la comunidad internacional— realizara un ejercicio militar que parecía destinado a demostrar el mayor alcance de su tecnología de misiles.

Antes de la reunión, Trump adoptó una postura combativa frente a China y arremetió contra el país por supuestamente aumentar su comercio con Corea del Norte. «El comercio entre China y Corea del Norte creció casi un 40 por ciento en el primer trimestre. ¡Y eso que China supuestamente colabora con nosotros, pero teníamos que intentarlo!», escribió Trump en otro mensaje de Twitter el miércoles por la mañana.

En los últimos meses, Trump había adoptado una postura más conciliadora con China: se había retractado de su amenaza de calificar a Pekín de manipulador de divisas y había dicho que creía que ambos países podían colaborar estrechamente en diversos asuntos. Pero las relaciones parecen haberse deteriorado en las últimas semanas, y la acusación que lanzó el miércoles, según la cual China ha facilitado los programas de misiles de Corea del Norte, marca un punto bajo en la relación entre su Administración y Xi.

Varios expertos en comercio dijeron que aún no está claro si Trump se limita a amenazar con aranceles para inducir a otros países a ofrecerle concesiones, o si realmente impondrá nuevas restricciones, desoyendo los consejos de muchos miembros de su gabinete. Ha dado pasos para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y también ha dicho que quiere un nuevo acuerdo comercial con Corea del Sur. Pero, hasta ahora, esos esfuerzos solo están en sus etapas iniciales. Los líderes mundiales han visto una oportunidad para convencer a Trump de que cambie de rumbo: tras una intensa presión de Canadá y México, tomó a última hora la decisión de renegociar el TLCAN en vez de retirarse de él.

«Hay una gran diferencia entre ser impredecible con los adversarios y ser errático con los amigos y aliados», dijo Daniel Price, exasesor de asuntos económicos internacionales del presidente George W. Bush, quien contribuyó a organizar la primera cumbre del G20 en 2008.

Aun así, Merkel se ha perfilado como una de las líderes mundiales más dispuestas a desafiar el enfoque de Trump.

«Quienes creen que los problemas de este mundo pueden resolverse con el aislacionismo o el proteccionismo están muy equivocados», dijo la semana pasada ante el Parlamento alemán.

Trump y algunos de sus asesores han reprendido a Merkel porque Alemania exporta muchos más bienes a Estados Unidos de los que Estados Unidos exporta a Alemania: automóviles, maquinaria y otros productos por valor de 64.000 millones de dólares en 2016.

Muchos expertos en comercio creen que el desequilibrio comercial se debe en gran medida a que Alemania comparte moneda con el resto de la eurozona, lo que hace que el euro sea más barato de lo que sería con una economía fuerte como la alemana. Durante meses, funcionarios alemanes han intentado explicar esta dinámica a Trump y sus asesores, pero los funcionarios de la Administración Trump creen que Alemania podría hacer más para impulsar sus importaciones.

Los alemanes sostienen que sus empresas, incluidas las fabricantes de automóviles de lujo, invierten mucho en Estados Unidos y dan empleo a más de 100.000 estadounidenses.

Antes de asumir la presidencia, Trump había amenazado a BMW con imponerle un arancel del 35 por ciento por su plan de construir una nueva planta en México. Y en su último viaje a Europa, durante una reunión del Grupo de los Siete en Italia, Trump dijo a los líderes europeos que los alemanes eran «muy malos» en materia comercial. «Tenemos un DÉFICIT comercial ENORME con Alemania, y además pagan MUCHO MENOS de lo que deberían por la OTAN y el gasto militar. Muy malo para Estados Unidos. Esto cambiará», tuiteó Trump a finales de mayo.

Trump hizo campaña electoral vilipendiando las prácticas comerciales de China y podría intentar usar la cumbre del G20 para aislar a Pekín por la forma en que produce y exporta acero. Trump suavizó sus críticas a China durante los primeros meses de su mandato, pero en las últimas semanas su Administración ha intensificado las críticas al país por las violaciones de los derechos humanos y por no ayudar con Corea del Norte.

Las reuniones del G20, que se celebran una vez al año en distintos países de forma rotatoria, suelen concluir con una declaración conjunta de todas las naciones sobre diversos asuntos, que pueden incluir la política económica, la asistencia internacional y la seguridad. Es probable que los funcionarios afronten tensiones al tratar de redactar la declaración conjunta —conocida como «comunicado»— de esta reunión, porque Trump podría bloquear fácilmente cualquier formulación que, a su juicio, intente constreñir sus iniciativas comerciales o climáticas. Pero Trump también podría arriesgarse a distanciar a la Casa Blanca de los líderes extranjeros que a menudo han recurrido a Estados Unidos para que lidere todos estos asuntos, sobre todo ahora que busca más influencia en las iniciativas de seguridad mundial y lucha contra el terrorismo.

También se espera que Merkel sea la principal adversaria de Trump en materia climática, tras el anuncio que hizo en junio de que iniciaba el proceso para retirarse del acuerdo de París. El anuncio dividió a los funcionarios de la Casa Blanca, algunos de los cuales se oponían a la medida, y fue condenado por numerosos líderes mundiales, incluidos los de China, Canadá y el Reino Unido.

Desde entonces, sin embargo, altos funcionarios de la Casa Blanca han defendido la decisión de Trump y han dicho que refleja su empeño en ayudar a proteger los empleos estadounidenses y en no ceder ante objetivos sobre los gases de efecto invernadero que podrían dar lugar a regulaciones.

«Le importa mucho el clima», dijo Cohn al hablar de Trump. «Le importa el medio ambiente. Pero tiene que alcanzar un acuerdo que sea justo para el pueblo estadounidense, para los trabajadores estadounidenses. Todo lo que ha hecho se ha basado en crear empleo y promover el crecimiento económico en Estados Unidos».

Se espera que Trump y sus asesores vuelvan a transmitir este mensaje en los próximos días durante la reunión del G20, cuando otros líderes los cuestionen.

Trump partirá el miércoles hacia la reunión del G20 y hará primero una escala en Polonia.

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