La Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Con ello, afirma que quiere reconocer que
las lenguas desempeñan un papel fundamental en la vida cotidiana de las personas…
Las lenguas indígenas suelen ser habladas por grupos políticamente marginados, cuyas naciones fueron colonizadas históricamente y cuyas lenguas quedaron relegadas en favor de las de los colonizadores.
Hay más de 7.000 lenguas vivas conocidas; alrededor de un tercio de ellas se encuentra en África. La mayoría de los niños africanos crece en entornos multilingües y suele conocer más de una lengua antes de empezar la escuela.
El llamamiento de la ONU ofrece una oportunidad propicia para examinar cuál es la mejor manera de revitalizar estas lenguas mediante su intelectualización y su uso habitual en la educación. A partir de mi extensa investigación, realizada durante décadas —y del trabajo de otras personas en los campos del multilingüismo y la educación lingüística—, he elaborado una lista de cinco medidas que prometen ser eficaces para alcanzar estos objetivos. También he explicado por qué estos enfoques son importantes a largo plazo.
Hacerlo es una valiosa forma de desarrollar, fortalecer y promover estas lenguas. Mantener sin más la situación actual de la educación, con un uso casi exclusivo de idiomas como el inglés, el francés, el portugués y el árabe, serviría únicamente a los intereses de las antiguas potencias imperialistas y perpetuaría la dominación política y cultural poscolonial.
Reglas de oro
Reconocer y aceptar el multilingüismo como norma: Muchos modelos de desarrollo del mundo «occidental» impuestos a los países africanos suelen basarse en la idea de que los Estados nación son étnica y culturalmente homogéneos y, en esencia, monolingües. Son totalmente inadecuados ante el pluralismo y la diversidad lingüísticos fundamentales que caracterizan a los países del Sur Global, incluidos los de África.
No enseñar a los niños en una lengua que no entienden: En todo el mundo, el 40 % de los niños no tiene acceso a una educación en una lengua que entienda. No hay datos sólidos para África, pero es probable que la proporción sea mucho mayor.
Esto se debe a que la mayoría de los países africanos dan prioridad, en la educación, a una lengua que los niños no hablan en casa ni entienden cuando empiezan la escuela. Lo hacen por varios motivos. Uno es que el sistema educativo ya estaba establecido al alcanzar la independencia y la gente no quería cambiar algo que consideraba que funcionaba. Otro es que la mayoría de los países del continente albergan varias lenguas indígenas y los nuevos gobiernos no querían provocar conflictos al dar prioridad a una sobre las demás.
Esto tiene graves consecuencias. Por un lado, aprender en una lengua extranjera tiene un efecto negativo en las calificaciones de prácticamente todas las asignaturas de contenido. Las investigaciones han demostrado repetidamente que los niños que aprenden en sus propias lenguas, o lenguas maternas, participan más en clase y tienen más probabilidades de completar sus estudios.
Aprender en la lengua materna también facilita que los niños aprendan otro idioma. Puede ser el inglés u otra lengua «global», que les abra las puertas para estudiar o vivir en otros países.
Si es necesario, impartir la educación en tres lenguas: Algunos países quizá deban introducir una tercera lengua en sus sistemas educativos. Esto se debe a la migración, los desplazamientos y la gran variedad de lenguas que se hablan en África.
En este modelo, las escuelas enseñarían en la lengua materna local como primera lengua; en una lingua franca regional o una lengua nacional como segunda lengua, y en una lengua extranjera o global (inglés, portugués o francés) como tercera. Esto garantizaría el éxito escolar en las primeras etapas mediante el uso de la primera lengua. Permitiría que los estudiantes adquirieran una segunda lengua pertinente para participar y desenvolverse plenamente en la actividad económica regional y nacional. Además, les proporcionaría una «lengua mundial» para los asuntos oficiales, comerciales y políticos, tanto nacionales como internacionales.
Este enfoque reduciría las barreras lingüísticas y daría a los estudiantes una ventaja competitiva al terminar la escuela.
La educación trilingüe se debate ampliamente en todo el mundo, pero se está implementando con cautela. El fallecido lingüista camerunés Maurice Tadadjeu propuso este enfoque para su país ya en 1975; Kazajistán trabaja para establecer un sistema educativo trilingüe en kazajo, ruso e inglés. Y Luxemburgo es un caso de éxito: allí, la mayoría de la población es trilingüe. Cualquiera de los países africanos, entre ellos Tanzania, Kenia, Etiopía, Nigeria y Sudáfrica, podría seguir su ejemplo.
Hacer inclusiva la política lingüística: La educación basada en la lengua materna promueve la inclusión y la equidad. Se ha demostrado que tiene efectos positivos en la matriculación, la asistencia, los logros académicos y las tasas de transición de la escuela a la universidad de las niñas. También contribuye a dejar de marginar a los grupos minoritarios de la población y puede ayudar a integrar a las personas migrantes.
Costará dinero ahora, pero los beneficios a largo plazo son enormes: Algunos sostienen que establecer un sistema educativo multilingüe cuesta mucho dinero. Es cierto, pero no tanto: las investigaciones han concluido que este enfoque puede representar como máximo el 2 % del presupuesto nacional de educación de un país. Y, como he señalado, los beneficios superan con creces la inversión.
¿Qué sigue?
El Año Internacional de las Lenguas Indígenas es un buen impulso para empezar a aplicar políticas que den prioridad a las lenguas propias de África en el continente. Todas las pruebas indican que esto podría poner en marcha un auténtico «renacimiento africano».

