Con un crecimiento anual del PIB del 7% desde 2013, Tanzania es una de las economías de más rápido crecimiento del África subsahariana. Gran parte de este crecimiento económico se debe a las pequeñas y medianas empresas, más de la mitad de las cuales son propiedad de mujeres.
Sin embargo, las empresas propiedad de mujeres en economías emergentes como Tanzania a menudo no pueden crecer por falta de financiación.
La principal fuente de financiación para las pequeñas empresas de todo el mundo es la deuda. Sin embargo, la investigación demuestra que muchas empresarias de economías emergentes no tienen préstamos formales, como los préstamos bancarios y de microfinanzas. Tradicionalmente, se ha supuesto que esto se debe a una falta de oferta. Pero los datos apuntan a una respuesta diferente.
Una encuesta realizada en 2013 entre empresarias de Tanzania mostró que se había aprobado más del 80% de las solicitudes de préstamos bancarios y más del 90% de las solicitudes de préstamos de microfinanzas. Al mismo tiempo, solo el 18% de las empresarias solicitó préstamos bancarios y el 28%, préstamos de microfinanzas.
Esto sugiere que la escasa demanda, y no la falta de oferta, es la causa del uso limitado de los préstamos formales por parte de las empresarias tanzanas. Esto se debe al desaliento de las prestatarias: las mujeres tienen creencias negativas sobre los préstamos bancarios y de microfinanzas, lo que las disuade de solicitarlos.
En nuestro estudio nos propusimos identificar las creencias de las empresarias sobre los préstamos bancarios y de microfinanzas. También exploramos el origen de esas creencias y cómo exactamente las disuaden de pedir préstamos. Entrevistamos a 29 empresarias de Dar es Salaam, la ciudad más grande y capital económica de Tanzania.
Descubrimos que hay muchos motivos distintos por los que las empresarias no solicitan préstamos, y que muchos están relacionados entre sí.
Falta de confianza
La mayoría de las mujeres con las que hablamos dijeron que no creían que los agentes de crédito discriminaran a las mujeres. Pero se quejaron de las condiciones poco atractivas que ofrecían los bancos para los préstamos. Oímos relatos de tipos de interés extremadamente altos (de hasta el 20% o incluso el 30% anual) y de requisitos de garantías.
Muchas mujeres nos dijeron que no tenían garantías. O bien no eran propietarias de una vivienda o de tierras, o bien no contaban con el permiso de sus maridos para utilizarlas como garantía.
Además, quienes podían utilizar sus viviendas como garantía no querían arriesgarse a perderlas si no pagaban el préstamo.
Las empresarias mencionaron que los impuestos elevados, así como las condiciones económicas y políticas desfavorables, reducían sus beneficios.
Como resultado, muchas temían no poder devolver el préstamo y sufrir entonces acoso o abusos por parte de los agentes de crédito.
Además de las condiciones poco atractivas de los préstamos y el riesgo de impago, muchas afirmaron que los procesos de solicitud eran largos y costosos. Una entrevistada nos contó que no podía proporcionar la extensa información financiera exigida porque no llevaba la contabilidad.
Además, los agentes de crédito solían pedir sobornos para agilizar el proceso o flexibilizar los requisitos.
Las mujeres también se quejaron de diversos tipos de comportamiento inapropiado por parte de los agentes de crédito. Dos mujeres mencionaron que estos les habían pedido favores sexuales a cambio de un préstamo. Otras los acusaron de aprovecharse de la falta de conocimientos financieros de las empresarias.
Por ejemplo, las mujeres que finalmente solicitan préstamos no saben que los pagos aumentan si se retrasan en devolverlos, ni que el banco tiene derecho a vender las garantías.
También oímos relatos de agentes de crédito que visitaban a las empresarias en sus negocios o incluso en sus casas para convencerlas de que solicitaran un préstamo. Una entrevistada afirmó que los agentes de crédito buscaban deliberadamente a empresarias con activos valiosos con la esperanza de quedarse con ellos en caso de impago.
Experiencias dolorosas
Dos mecanismos moldean las creencias de las empresarias: las experiencias personales y los relatos de otras personas.
Algunas entrevistadas habían solicitado préstamos en el pasado y se los habían denegado; otras habían tenido dificultades para devolverlos o habían experimentado otros problemas, como la corrupción. Aunque estas experiencias se hubieran producido al solicitar préstamos informales, también afectaron a sus creencias sobre los préstamos formales.
Los relatos sobre las experiencias negativas de otras personas con préstamos tanto formales como informales también moldearon sus creencias. Estos relatos procedían de la red personal de la empresaria o se transmitían dentro de la comunidad.
Las creencias negativas de las empresarias sobre los préstamos formales generan actitudes negativas. Algunas mencionaron que obtener un préstamo reduciría su libertad para dirigir el negocio y utilizar el dinero como consideraran oportuno.
Debido a esas actitudes negativas, la mayoría de las empresarias dijeron que no tenían intención de solicitar un préstamo en un futuro próximo. Una dijo que un préstamo bancario o de microfinanzas sería lo último que haría para conseguir dinero para su negocio.
Qué hay que hacer
En el pasado, los responsables de formular políticas han intentado resolver la falta de financiación de las empresas propiedad de mujeres aumentando la oferta de financiación. Pero nuestra investigación muestra que así se aborda el problema equivocado. En Tanzania, la falta de oferta no disuade a las empresarias. No solicitan préstamos formales por muchos motivos, la mayoría de ellos relacionados con creencias negativas.
Esto es lo que hay que cambiar. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.
A menudo, las creencias de las empresarias tienen su origen en problemas legítimos, como el comportamiento inapropiado de los agentes de crédito. Por eso es imprescindible que los responsables de formular políticas aborden problemas como la corrupción, el acoso y los abusos.
En otros casos, las creencias negativas probablemente se deban a la falta de conocimientos y a los bajos niveles de educación financiera de las empresarias. Esto puede mitigarse enseñándoles a llevar la contabilidad y a invertir los préstamos, y explicándoles la relación entre los intereses y el riesgo.

