El año decisivo de Europa: ¿estará a la altura del desafío?

European Union flags fly outside the European Commission headquarters in Brussels, Belgium, March 6, 2019. REUTERS/Yves Herman - RC1FA9B117A0
2019 is set to be a year of challenges for the European Union.Image: REUTERS/Yves Herman
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Mientras la economía europea se desacelera e Italia cae en recesión, la eurozona debe seguir centrándose en las reformas económicas que han contribuido a mantener su economía estable en los últimos años, señala este artículo de opinión de Kalin Anev Janse, secretario general y miembro del consejo de administración del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el prestamista de última instancia de la eurozona. En 2018 se completó parte del trabajo sobre las reformas necesarias y las perspectivas de avanzar más este año son favorables, escribe.

Cada año, en este artículo de opinión, me gusta examinar el futuro inmediato de Europa e identificar las grandes tendencias que marcarán el año. Y, por supuesto, quiero saber si se cumplió lo que predije la última vez. Así que, antes de volver la mirada al futuro, ¿qué tal me fue al trazar el panorama del año pasado?

Hace un año, la economía europea estaba en auge. La elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia, un año antes, había silenciado a muchos euroescépticos. Tras la votación sobre el Brexit, y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, la Unión Europea había demostrado que podía mantenerse unida. Por eso, expresé la esperanza de que pudiéramos estrechar aún más los lazos que nos unen.

Identifiqué las cinco reformas más urgentes para Europa. Todas eran medidas para garantizar que la zona del euro —el grupo de 19 países de la UE que utilizan el euro como moneda— estuviera mejor protegida frente a una crisis. La crisis anterior tuvo un costo enorme para los ciudadanos europeos, y eso no debe volver a ocurrir. El sistema de protección que Europa ha establecido desde entonces es bueno, pero aún debe perfeccionarse. Por eso necesitamos estas nuevas medidas.

De las cinco medidas que enumeré, la cumbre del euro —una reunión de los 19 jefes de Estado o de Gobierno— puso en marcha tres en diciembre de 2018. Además, existe un compromiso claro de seguir trabajando en las otras dos. Las enumero aquí.

- El respaldo al Fondo Único de Resolución (FUR), que ayudará a resolver a escala europea los casos de bancos en dificultades que requieran una resolución, se pondrá en marcha. Lo proporcionará el MEDE, la institución a la que pertenezco.

- Existe el mandato de elaborar una propuesta concreta para un instrumento presupuestario para la zona del euro destinado a la convergencia y la competitividad. Es un primer paso hacia algún tipo de capacidad fiscal para la zona del euro. La estructura concreta se debatirá durante el primer semestre de 2019.

- Y el papel del MEDE se ha reforzado considerablemente. Actualmente se está modificando el tratado intergubernamental en el que se basa mi institución para incluir los nuevos mandatos relacionados con el respaldo al FUR, un papel más importante en futuras crisis y un mejor uso de las líneas de crédito precautorias para los países de la zona del euro. El MEDE tendrá un papel más destacado en el análisis de la evolución económica de los 19 países de la zona del euro, sin duplicar, por supuesto, la función de vigilancia de la Comisión Europea. También podría facilitar las negociaciones entre países e inversores del sector privado en caso de reestructuración de deuda (como en el Club de Londres).

Es realmente alentador que 19 naciones soberanas hayan decidido conjuntamente adoptar estas medidas de cooperación internacional, aunque ninguna crisis las obligaba a hacerlo.

¡Tres de cinco: un gran trabajo!

El trabajo en las otras dos continúa. Existe un compromiso político claro de establecer un seguro común de depósitos para Europa (la cuarta medida). La quinta medida —armonizar los mercados financieros— también sigue en curso, pero suscita poca o ninguna controversia política.

Es realmente alentador que 19 naciones soberanas hayan decidido conjuntamente adoptar estas medidas de cooperación internacional, aunque ninguna crisis las obligaba a hacerlo. De eso se trata la UE: solidaridad, multilateralismo y decisiones pragmáticas en beneficio de los ciudadanos.

¿Qué nos depara 2019?

Es un año decisivo para Europa. El continente está en movimiento: cambia la situación económica, habrá elecciones que renovarán todo el liderazgo europeo y se elegirá un nuevo presidente del Banco Central Europeo. Estos son los principales temas que conviene seguir este año en Europa.

En primer lugar, el crecimiento económico se está moderando. La zona del euro lleva algún tiempo creciendo por encima de su potencial, y es inevitable una desaceleración cíclica. Se prevé que el crecimiento se modere hasta el 1,3% en 2019 y el 1,6% en 2020. Sigue siendo sólido y se produce después del máximo de la última década, el 2,4% de 2017. Esta desaceleración se debe en gran medida a economías clave como Alemania y los Países Bajos, que funcionan a pleno rendimiento y con un empleo casi pleno. Si toda la fuerza laboral está empleada, un país solo puede crecer más rápido si logra aumentos de productividad (tecnológica), lo que lleva tiempo. Además, Italia, la tercera economía más grande de la zona del euro, ha entrado en recesión.

Image: Comisión Europea/Wharton

La incertidumbre sobre las perspectivas es alta y existen muchos riesgos: tensiones comerciales entre China, Europa y Estados Unidos, el impacto del Brexit, el auge de los partidos populistas y la incertidumbre sobre lo que ocurrirá en Italia. Sin embargo, la zona del euro tiene fortalezas intrínsecas que a veces se pasan por alto. Por ejemplo, el déficit fiscal de Europa es mucho menor que el de Estados Unidos y Japón. La relación entre deuda y PIB de la zona del euro también es menor que la de Estados Unidos. Y, mientras la relación entre deuda y PIB estadounidense ha ido en aumento, Europa aprovechó los buenos tiempos de los últimos cuatro años para reducir la suya. Esto le da a Europa una ventaja competitiva. Como los tipos de interés son más bajos en Europa que en Estados Unidos, los contribuyentes europeos pueden pagar su deuda de forma más barata y sencilla. Europa también dispone de mucho más margen político y fiscal para aplicar medidas de estímulo —si fueran necesarias— y responder a estos riesgos. Así que, aunque las perspectivas no son tan buenas como el año pasado, no hay motivos inmediatos de preocupación y existen ciertas fortalezas estructurales.

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En segundo lugar, las elecciones al Parlamento Europeo son un factor que conviene seguir. Sin duda, se escribirán ríos de tinta sobre los partidos euroescépticos. Todo apunta a que ganarán más escaños en el Parlamento. Pero ¿obtendrán poder suficiente para descarrilar la integración europea? No lo creo.

Las protestas de los «chalecos amarillos» en Francia este invierno han demostrado que no podemos ignorar las preocupaciones de quienes se sienten cada vez más privados de representación en las democracias modernas. Pero eso no significa que el multilateralismo vaya a llegar a su fin. Los europeos comprenden muy bien los beneficios de la cooperación internacional. La popularidad del euro, que alcanza máximos históricos en toda la zona del euro, es solo una prueba. La gente reconoce que los países se necesitan mutuamente para abordar cuestiones como la migración, la amenaza del terrorismo y el cambio climático.

Las votaciones tendrán lugar en mayo de 2019. Si el Brexit se produce según lo previsto a finales de marzo, se disputarán un total de 705 escaños en el Parlamento Europeo, frente a los 751 actuales. Quienes resulten elegidos influirán en la elección del presidente de la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE.

Los principales partidos políticos —como los demócrata-cristianos y los socialdemócratas— competirán por presentar un candidato que suceda a Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión. Sin embargo, no se espera que ningún bloque de partidos obtenga suficientes escaños en el Parlamento para imponer a su candidato preferido, el llamado «Spitzenkandidat». Cabe esperar, por tanto, negociaciones entre partidos para formar una coalición y encontrar un acuerdo que permita ocupar este influyente cargo.

No solo cambiará el presidente, sino que probablemente también lo hará la mayoría de los 27 comisarios. Además, el mandato de Donald Tusk —presidente del Consejo Europeo— termina en noviembre de 2019. Juncker y Tusk ocupan los dos cargos más influyentes de la UE; representan a la UE y a sus Estados miembros en el G7 y el G20. Sin duda, los nuevos dirigentes darán un nuevo impulso al papel internacional de Europa.

Image: Comisión Europea/Wharton

En tercer lugar, Bruselas no será el único lugar donde cambiará el liderazgo. En Fráncfort, en 2019 estará en juego el liderazgo del Banco Central Europeoindependientemente de las elecciones europeas. Mario Draghi, que desempeñó un papel crucial en la lucha contra la crisis de la deuda del euro, dejará el cargo tras ocho años. Se abrirá así una de las posiciones más codiciadas de las finanzas internacionales.

El presidente del BCE marca el tono de la política monetaria de la zona del euro y, por tanto, influye de manera importante en la percepción que los mercados tienen de la institución, aunque la política del BCE la decide conjuntamente su Consejo de Gobierno, integrado por 25 miembros. Además del presidente, deben renovarse otros dos miembros del Comité Ejecutivo, lo que significa que la mitad de la junta ejecutiva será nueva. Estos cambios llegan en un punto de inflexión para los mercados, ahora que la Reserva Federal de Estados Unidos ha aplazado nuevas subidas de los tipos de interés, y el BCE ha puesto fin a su programa de expansión cuantitativa.

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En cuarto lugar, continuará el proceso para reforzar la Unión Económica y Monetaria. Se está modificando el Tratado en el que se basa el MEDE para incorporar sus nuevas tareas. Después, deberán ratificarlo todos los países miembros del MEDE. Los demás puntos acordados en diciembre también requieren más trabajo para hacerse realidad. A medida que los resultados de estas decisiones se concreten, creo que contribuirán aún más a mejorar la confianza de los mercados financieros en Europa.

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Europa ha avanzado mucho durante la última década. A otras grandes regiones económicas les llevó mucho más tiempo alcanzar los progresos logrados en nuestra arquitectura institucional y en la gobernanza económica. Europa está ahora mucho mejor preparada para afrontar la incertidumbre y los riesgos económicos y financieros. Esto me lleva al quinto y último factor que conviene seguir en 2019: reforzar el papel internacional del euro.

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Gracias a la mayor resiliencia e independencia de Europa, el euro puede desempeñar un papel más importante en el escenario mundial. No aspiramos a sustituir al dólar. Nuestro objetivo es un sistema multipolar en el que varias monedas tengan un papel comparable, entre ellas el dólar, el euro y el renminbi. Para lograrlo, Europa puede tomar muchas medidas distintas. Algunos ejemplos son profundizar aún más la unión monetaria, reducir la fragmentación del sector financiero, completar la Unión de los Mercados de Capitales, mejorar la infraestructura de los mercados de capitales y reducir la dependencia de Europa en materia de seguridad de los proveedores estadounidenses de tecnologías de la información e infraestructura financiera. Un resultado concreto podría ser la puesta en marcha de una verdadera plataforma europea de emisión de deuda pública, gestionada por un organismo europeo y respaldada por los emisores de deuda en euros; una necesidad que el BCE y el MEDE han expresado y defendido.

La creación de activos seguros en Europa sería otro paso importante. Por eso, cabe esperar que se hable mucho de estos asuntos, no solo en las capitales europeas, sino también en la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Parlamento Europeo. El MEDE también abordará esta cuestión en relación con los mercados financieros.

Estos son los cinco factores que conviene seguir en 2019. Si se gestionan bien, dentro de un año Europa volverá a salir fortalecida. Y eso es importante, porque la cooperación entre los países europeos protege los valores que apreciamos, como la solidaridad y la tolerancia, una sociedad justa y próspera y, como ha quedado claro tras unos 70 años de paz sin precedentes en el continente, la seguridad de sus ciudadanos.

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