Esto es lo que quieren los europeos de la UE

A worker is pictured in front of an entrance of the European Commission headquarters in Brussels, Belgium, April 30, 2019. REUTERS/Francois Lenoir
Are the populists right about European views on Europe?Image: REUTERS/Francois Lenoir
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A pocos días de las elecciones al Parlamento Europeo, es un buen momento para reflexionar sobre por qué los europeos se unieron para formar una unión política y económica. Y conviene que los candidatos reconozcan qué quieren ahora los votantes de la Unión Europea.

Los partidos populistas emergentes han presentado un retrato negativo de la UE, afirmando que forma parte del problema y no de la solución. Sin embargo, los datos del Eurobarómetro muestran que la proporción de europeos que se sienten «bastante» o «muy» vinculados a la UE aumentó del 46% en 2014 al 56% en 2018. Y, en cuanto al futuro, el apoyo a la pertenencia a la UE es mayor entre los votantes más jóvenes; entre quienes tienen de 18 a 29 años, el 73% tiene una opinión favorable de la UE, frente al 58% de las personas de 50 años o más. Además, estas tendencias favorables a la UE también se observan en países con gobiernos euroescépticos, como Hungría e Italia.

Image: Comisión Europea

Del mismo modo, en noviembre de 2018, el 68% de los europeos encuestados por el Eurobarómetro afirmó que su país se había beneficiado de la pertenencia a la UE, y solo el 30% dijo que a su país le iría mejor fuera de la UE. A modo de comparación, pese a llevar más de 173 años en una unión federal, aproximadamente una cuarta parte (26%) de los tejanos apoyaría la secesión de Estados Unidos.

¿Qué hay de la afirmación populista de que los europeos quieren «recuperar el control»? De hecho, el 60-80% de los europeos querría que hubiera más toma de decisiones a escala de la UE en materia de protección del medio ambiente, inversión en empleo, lucha contra el terrorismo, promoción de la igualdad de género, defensa de la democracia y gestión de los asuntos sanitarios y de seguridad social.

Además, el 65% está a favor de una política exterior común, el 69% apoya una política migratoria común de la UE, el 74% quiere una política energética común y el 76% respaldaría una política de defensa común. Este nivel de apoyo a una mayor toma de decisiones en materia de defensa a escala de la UE es especialmente notable, dado que durante mucho tiempo este ámbito ha estado reservado a los gobiernos nacionales. A principios de la década de 1990, los europeos estaban divididos por igual sobre esta cuestión.

Sin duda, el creciente apoyo a la acción de la UE no significa que sea fácil llegar a un acuerdo sobre estos asuntos. Pero sí apunta a un reconocimiento cada vez mayor entre la ciudadanía de que la toma de decisiones integrada es mejor que las iniciativas nacionales descoordinadas para abordar los complejos problemas actuales.

Además, los ámbitos de política que más preocupan a los votantes europeos —como la migración o la lucha contra el desempleo— son precisamente aquellos en los que la UE no ha logrado ofrecer una respuesta coherente, alimentando así el discurso euroescéptico. Si los gobiernos nacionales permitieran que la UE liderara la acción en estos asuntos, los europeos verían que esta tiene un papel importante que desempeñar y el euroescepticismo perdería aún más aceptación.

Para desencadenar ese tipo de círculo virtuoso, la UE debería destinar más recursos a políticas y programas que establezcan un vínculo directo con la ciudadanía. Esto ayudaría a abordar el hecho de que menos del 50% de los europeos siente que su voz «cuenta», aunque la mayoría no percibe realmente que la UE sea antidemocrática. Un mercado único operativo, un sistema satelital de última generación y un Consejo Europeo de Investigación admirado en todo el mundo son, sin duda, logros importantes, pero están bastante alejados de la ciudadanía europea promedio. En cambio, los asuntos cotidianos, como el uso del móvil en itinerancia sin coste, y las iniciativas como el programa de intercambio estudiantil Erasmus ocupan un lugar destacado cuando los europeos explican cómo se han beneficiado personalmente de la UE.

Otro ámbito en el que se considera que la UE es muy eficaz es la política de competencia, gracias a una misión y unas competencias operativas bien definidas. Al asignar claramente competencias en otros ámbitos en los que los europeos apoyan una acción más coordinada, la UE podría mejorar tanto su eficacia como la percepción pública de su labor.

La objeción habitual a una mayor centralización es que requeriría una «unión política» que no tiene posibilidades de materializarse a corto plazo. Pero hay indicios de un apoyo creciente a una integración política más profunda. Por ejemplo, la crisis del euro obligó a muchos europeos a reconocer que lo que ocurre en un país puede afectar a todos. Al mismo tiempo, crece la conciencia de que las políticas elaboradas en Bruselas pueden tener un impacto significativo en asuntos como la protección de datos, los derechos de autor, la migración, el cambio climático y la sostenibilidad del euro.

Por ello, por primera vez desde 1979, partidos transnacionales como DiEM25 y Volt concurren a las elecciones europeas con programas para toda la UE, en lugar de plataformas nacionales. Además, están surgiendo movimientos de base orientados a la UE en distintos sectores. Quienes no viven en el Reino Unido quizá no se den cuenta, pero antes del Brexit habría sido inimaginable ver constantemente banderas de la UE ondeando frente a Westminster, como ocurre ahora. Estos movimientos incipientes de participación ciudadana en la UE desde la base merecen ser valorados y seguir desarrollándose, porque ofrecen un medio inestimable para reducir la brecha entre las instituciones de la UE y la ciudadanía, que a menudo siente que no tiene voz.

No hace falta decir que los distintos gobiernos nacionales tendrán opiniones diferentes sobre cómo proceder en los ámbitos de política mencionados. Pero esos desacuerdos no tienen por qué ser un obstáculo para una integración más profunda. Hay pruebas abundantes de que la diversidad de orígenes y perspectivas dentro de una organización es una fuente de fortaleza, aunque implique debates intensos y una retórica apasionada. Al fin y al cabo, el lema de la UE sigue siendo «Unida en la diversidad». Y, como dejan claro los datos, la mayoría de los europeos todavía quiere una «unión cada vez más estrecha».

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