Cómo Estonia se digitalizó, explicado por su presidenta

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A menudo se describe a Estonia como una sociedad verdaderamente digital. Hoy en día, la mayoría de los servicios gubernamentales se ofrecen en línea las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y la tecnología blockchain garantiza la integridad de los datos. Se pueden usar recetas médicas electrónicas, presentar la declaración de impuestos o incluso comprar un coche por internet sin tener que acudir a la oficina de matriculación de vehículos. Solo hay unas pocas cosas que todavía hay que hacer en el mundo analógico, como casarse o comprar una propiedad.

¿Por qué pasar la vida haciendo cola para obtener un papel que demuestre quién eres? Los gobiernos deben aprender a prestar servicios públicos con la misma eficiencia con la que Amazon vende libros: sin presencia física, sin costes de solicitud y sin horarios de apertura.

Por alguna razón extraña e inexplicable, la gente suele esperar mejores servicios de las empresas privadas que de sus propios gobiernos. No es el caso de nuestros ciudadanos en Estonia. Esperan mucho de su gobierno y nos exigen constantemente que mejoremos e innovemos. Los estonios esperan que, si el sector privado innova constantemente, el gobierno también lo haga.

Image: Statista

Si puedes comprar libros fácilmente por internet, hacer transacciones bancarias e iniciar sesión en tus redes sociales en cuestión de segundos, ¿por qué un servicio público no puede funcionar igual de bien? Si la gente puede gestionar sus finanzas en línea, ¿por qué no su cuenta de servicios sociales? Si tu operador de telefonía móvil puede enviarte avisos para informarte de cuándo llegará un paquete, ¿no debería tu gobierno poder enviarte mensajes de texto para recordarte que renueves el permiso de conducir?

Los servicios del sector público no pueden permitirse ser peores que su versión privada en línea. Para nosotros, tiene todo el sentido ofrecer servicios electrónicos a nuestros ciudadanos del mismo modo que lo hacen las empresas privadas; son como accionistas que exigen mejores resultados en todos los aspectos de su vida.

La historia de cómo Estonia se digitalizó

Entonces, ¿por qué los estonios viven en una sociedad digital mientras que los demás todavía no?

Hace un cuarto de siglo, cuando Estonia restableció su condición de Estado independiente tras la URSS, éramos un país pobre que necesitaba construir un Estado moderno, eficiente y democrático. Había que llevar a cabo reformas radicales en todos los ámbitos de la vida. Tras recuperar la independencia, no teníamos una red de oficinas tributarias, oficinas de servicios sociales ni, de hecho, ningún punto de prestación de servicios públicos. Teníamos una página en blanco sobre la que construir una sociedad nueva, y hacerlo de otra manera.

Para ofrecer servicios universales a un precio asequible, se ideó el modelo digital. Pero la decisión de apostar por la tecnología no fue fácil.

Queríamos aprovechar el potencial de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para que la prestación de servicios públicos fuera más barata y estuviera disponible en las zonas rurales. La decisión de invertir los escasos recursos de un Estado independiente recién restablecido en construir conexiones a internet y equipar escuelas y bibliotecas públicas con puntos de acceso gratuito a internet entrañaba riesgos. Hubo que renunciar a reparar baches y edificios escolares en ruinas para invertir en las nuevas tecnologías.

Por alguna razón extraña, la gente suele esperar mejores servicios de las empresas privadas que de sus propios gobiernos.

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Aunque la primera década fue complicada, en retrospectiva, esta decisión dio a toda la sociedad estonia el impulso para dar un salto digital hacia el futuro. Ese acto de fe transformó los fundamentos de nuestra sociedad en muchos ámbitos de la vida pública. Los escolares, que aprendieron informática desde pequeños, llevaron a casa las habilidades recién adquiridas e inocularon también el entusiasmo por lo digital a sus padres y abuelos. Cambiaron las prioridades de las familias y se animó a los padres a invertir en un ordenador y una conexión a internet.

En ningún momento de la transformación digital de la sociedad estonia creamos tecnología de vanguardia desde cero. En cuanto a tecnología, todo lo que usamos es bastante corriente y lo utilizan habitualmente otros actores, en su mayoría privados. Esto es positivo, porque hace que sea asequible y fiable.

La experiencia estonia también demuestra que una amplia penetración de tecnologías básicas da mejores resultados que la tecnología de vanguardia en manos de unos pocos. Las tecnologías baratas y comunes, utilizadas de forma inclusiva por toda la sociedad, aportan muchos más beneficios que las exclusivas, accesibles solo a poblaciones con movilidad social ascendente.

Con la infraestructura digital básica ya establecida, llegó el momento de ampliar la plataforma en línea que habíamos creado: ahora que nuestros servicios eran digitales, nuestros ciudadanos también podían serlo.

Ciudadanos virtuales

A mediados de la década de 2000, gran parte del país ya estaba conectado a internet. Entonces, los sectores de las TIC y la banca acudieron al gobierno y propusieron que todos se beneficiarían de tener identidades digitales seguras. Así que decidimos proporcionárselas a todos.

Aunque la prensa solo ha empezado a informar recientemente sobre los programas nacionales de identidad, los estonios llevan casi dos décadas teniendo tarjetas de identidad digitales. Podemos usar estas tarjetas con chip como documento de identidad al cruzar fronteras en Europa, firmar y sellar documentos con una marca de tiempo, solicitar distintos servicios públicos, pagar multas e impuestos en línea, consultar registros o simplemente enviar correos electrónicos cifrados. Así, se han convertido en un pasaporte en línea plenamente reconocido para nuestros ciudadanos.

Como ya se ha mencionado, las nuevas tecnologías son inútiles sin un marco jurídico que las respalde y garantice su uso responsable. La ley protege la firma en línea, la seguridad y los derechos de las personas. Al mismo tiempo, los ciudadanos tienen la responsabilidad de proteger su tarjeta de identidad (y, por tanto, su identidad digital), lo que significa que, si permiten que otra persona la use, también son legalmente responsables.

Este sistema también es más barato. Se calcula que el sistema de autenticación y firma digital utilizado por toda la población permite ahorrar hasta un 2 % del PIB al año. La eficiencia de estos servicios electrónicos que el gobierno y las empresas privadas ofrecen a instituciones, empresas y ciudadanos ha superado con creces el coste de la inversión. A juzgar por ese dato, la decisión es obvia.

El efecto macroeconómico de un sector de las TIC bien desarrollado es aún mayor:casi el 7 % del PIB de Estonia procede de él. La sociedad digital también ha propiciado una cultura de empresas tecnológicas innovadoras. Nuestra densidad de unicornios, de aproximadamente cuatro por cada millón de habitantes, es impresionante para un país que hace 30 años era extremadamente pobre y tenía una penetración limitada de las tecnologías modernas.

Pero la innovación también reside en el proceso de reunir a las empresas, la gente y el gobierno. Los bancos y otras empresas privadas con altos requisitos de seguridad y confianza también utilizan la infraestructura de identidad digital del gobierno, y todas las empresas privadas tienen libertad para desarrollar servicios sobre esta base. Estonia es, por tanto, un ejemplo de referencia de «APP», una asociación público-privada. Esto garantiza que todas las personas se beneficien de los servicios digitales.

Confianza y seguridad

Dado que gran parte de la vida pública y privada de Estonia se almacena en línea, esto siempre plantea cuestiones de confianza y seguridad. Creemos que, del mismo modo que un Estado expide pasaportes para ofrecer una identificación segura en el mundo analógico, debe proteger a sus ciudadanos en el ámbito digital. Las soluciones técnicas para proteger los datos, incluida la protección de los datos de todos los ciudadanos, son importantes, pero no bastan. Hay que adaptar el marco jurídico para utilizar las facultades coercitivas del Estado en la protección de datos.

Lo digital solo es tan seguro como nosotros lo hagamos, pero su potencial es mucho mayor que el de lo analógico.

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Por supuesto, no existe la seguridad absoluta. Pero es fácil demostrar que las tecnologías digitales ofrecen más seguridad que sus equivalentes en papel. El formato digital permite controlar mucho más los datos personales que el formato en papel, siempre que el marco jurídico establezca reglas claras para la recopilación, el almacenamiento y el uso de los datos. Los estonios saben que cualquier intromisión en las bases de datos públicas no puede pasar inadvertida, porque quedaría registrada y protegida mediante marcas de tiempo basadas en blockchain, y los funcionarios saben que fisgonear constituye un delito. Esto genera más confianza entre los ciudadanos, el Estado y los servicios electrónicos.

Pero lo más importante es que tus datos personales nopertenecen al Estado estonio. Que estén en una base de datos no significa que Estonia sea su propietaria: te pertenecen a ti. En cualquier momento tienes derecho a saber y controlar qué ocurre con esos datos.

Esto hace que el mundo digital sea mucho más transparente que el mundo analógico. Por ejemplo, ¿tienes un registro completo de todas las personas que han consultado tus historiales médicos? Lo digital solo es tan seguro como nosotros lo hagamos, pero su potencial es mucho mayor que el de lo analógico.

Protección frente a los ciberataques

Pero no podemos disfrutar únicamente de los beneficios de la digitalización. Los riesgos no son el lado negativo de una sociedad digital: forman parte de cualquiersociedad. Así como los países toman medidas para proteger sus documentos en papel ante diversas amenazas —inundaciones, incendios o robos—, nosotros hacemos lo mismo con nuestros datos digitales.

En 2007, Estonia fue víctima de una serie de ciberataques, originados en gran medida en direcciones IP rusas. En cierto modo, fue una llamada de atención, porque nos llevó a crear una estrategia de ciberseguridad y propició la creación de una unidad permanente de la OTAN centrada en reforzar la ciberseguridad.

Decidimos reforzar aún más nuestra seguridad. En el verano de 2017 anunciamos la apertura de la primera embajada de datos del mundo, en Luxemburgo para proteger la información gubernamental en caso de ataque militar o cibernético. Estos servidores se encuentran en territorio soberano de Estonia en Luxemburgo, como ocurre con cualquier embajada, y tanto los datos como los servidores pertenecen a Estonia. Elegimos Luxemburgo como primera sede de una embajada de datos por su disposición y flexibilidad para trabajar en un concepto nuevo.

Luego, en 2017, tuvimos que corregir un fallo técnico que afectaba al menos a la mitad de las medidas de seguridad de nuestras tarjetas de identidad. El riesgo era teórico: no hubo ataques informáticos, pero tuvimos que reaccionar con rapidez en cuanto detectamos el problema. Algunas personas pudieron actualizar sus certificados en línea; otras tuvieron que acudir en persona a las comisarías para recibir tarjetas nuevas.

De repente, las redes sociales se llenaron de «historias de terror» (enlace en estonio) sobre cómo la gente tenía que hacer cola y esperar a que se prestara el servicio. Tras dos décadas evitando las colas, era evidente que la gente no estaba dispuesta a volver a soportarlo. Para nuestro pueblo, volver al papel ya no es una opción aceptable.

La digitalización en otros países

Ningún país cambiará solo por digitalizarse. Cada Estado es una cultura, y la combinación de elementos que conforma la personalidad de una nación sigue siendo la misma en el mundo analógico y en el digital. Cada país debe encontrar su propio camino.

Los estonios esperan que, si el sector privado innova constantemente, el gobierno también lo haga.

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Creo que todos los gobiernos electrónicos deben diseñarse a medida para responder a necesidades específicas. Podemos compartir nuestra experiencia sobre lo que ha hecho Estonia y cómo lo ha hecho, pero cada país debe usar la tecnología para promover su modelo de gobernanza, no para armonizarlo con los modelos de otros gobiernos tecnológicos. Aun así, siempre es posible mejorar la eficiencia de los procesos, porque para pasar a la prestación digital de servicios hay que replantear y renovar los procesos.

Ya no somos un pequeño gigante que permanece solo ante el viento del cambio. Alemania ha dotado a sus ciudadanos de una tarjeta de identidad con chip digital, y Finlandia se ha unido ahora a nosotros en la misma plataforma de intercambio de datos, lo que significa que pronto podremos intercambiar datos a través de las fronteras. También están ocurriendo cosas extraordinarias en África, que tiene un gran potencial para dar el salto a la era digital mucho más rápidamente que los países desarrollados con sistemas heredados. Entre ellas figuran el uso generalizado de pagos móviles y distintas aplicaciones prácticas para los agricultores de Ruanda y Senegal.

Pronto quedará en el olvido acudir a una oficina pública para un trámite rutinario como registrar un cambio de domicilio. El ejemplo estonio demuestra que el sector público puede adaptarse eficazmente al cambio tecnológico sin tardar décadas. Da igual que un país sea grande o pequeño: solo hacen falta voluntad política, la confianza de la población y buenos socios del sector privado para llevar a cabo la transformación digital.

Este camino es inevitable, y pronto la gente exigirá a sus dirigentes políticos la misma comodidad virtual que ofrece el envío gratuito en dos días.

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