La Organización Mundial de la Salud declaró recientemente el fin del brote más reciente brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC).
Cuando se contuvo el brote, ocho personas se habían infectado. Cuatro sobrevivieron. El primer paciente diagnosticado durante el brote (el caso índice), un hombre de mediana edad que murió de camino al hospital, enfermó en abril. No está claro cómo se infectó. Sin embargo, quienes lo ayudaron a trasladarse al hospital también enfermaron.
Este brote tuvo el segundo menor número de pacientes entre los ocho brotes de ébola registrados en la RDC desde 1976. El último en 2014 duró tres meses y murieron tres cuartas partes de las 66 personas diagnosticadas con la enfermedad. El brote se atribuyó a una mujer embarazada que había descuartizado un mono que su marido había llevado a casa. La enfermedad se propagó cuando, tras enfermar, ella se sometió a una intervención quirúrgica tradicional.
El brote más reciente se controló de manera más eficiente que el brote de 2014 y constituye un ejemplo para otros países. Una combinación de factores hizo posible frenar la propagación de la enfermedad. Entre ellos estuvieron una respuesta rápida, el diagnóstico y el tratamiento inmediatos, un enfoque coordinado y la participación de la comunidad en la identificación del caso y la reducción de la propagación del brote.
La logística
Tras recibirse informes de que se había identificado una enfermedad desconocida en una comunidad remota situada a 1400 kilómetros de la capital del estado, se desplegó un equipo multidisciplinario de trabajadores sanitarios y funcionarios administrativos. De inmediato, se puso en marcha con investigaciones sobre el terreno. Localizó los casos sospechosos, recogió muestras de sangre y las envió a la capital para su análisis. Las pruebas dieron positivo.
El equipo de respuesta utilizó un sistema de alerta para informar a los miembros de la comunidad sobre los casos. También recogió muestras y las analizó con un laboratorio móvil.
El equipo también logró garantizar que los trabajadores sanitarios no se infectaran. En brotes anteriores en África Occidental, esto había sido un problema. Muchos trabajadores sanitarios que acudieron a ayudar contrajeron la enfermedad y la transmitieron a pacientes y miembros de la comunidad.
Rastrear el origen
Los estudios muestran que los murciélagos son el reservorio del virus del ébola. Los animales salvajes se infectan al entrar en contacto con heces o fluidos corporales contaminados de los murciélagos.
El virus se transmite a las personas cuando entran en contacto directo con fluidos o cuando comen carne de animales salvajes infectados. A su vez, una persona infectada propaga la enfermedad a otras. Un brote termina cuando se interrumpe la transmisión de persona a persona.
El periodo de incubación del virus oscila entre 2 y 21 días, lo que significa que una persona infectada puede tardar hasta 21 días en presentar síntomas.
Se declara el fin de un brote de ébola cuando han transcurrido 42 días desde que el último caso confirmado da negativo en la prueba del virus. Por tanto, el cómputo de los 42 días empieza cuando se declara que el último caso confirmado está libre del virus.
Durante esos 42 días se establece un elaborado sistema de vigilancia. Este incluye un sistema de alerta que puede activarse si se identifica un nuevo caso sospechoso, así como la capacidad para realizar pruebas. El sistema de vigilancia se mantiene durante varias semanas después de que se haya declarado negativo al último caso confirmado. Esto permite identificar cualquier caso. También se permanece atento a posibles infecciones procedentes de animales salvajes.
Lecciones aprendidas
La experiencia de la RDC pone de relieve que hay varias áreas que requieren atención especial durante un brote de ébola.
En primer lugar, los gobiernos deben contar con sistemas nacionales de vigilancia eficientes para supervisar las condiciones de salud prioritarias, empezando por el nivel comunitario. Este sistema de alerta temprana puede detectar desviaciones de lo habitual, incluidos casos sospechosos de ébola.
Los sistemas de vigilancia deben estar conectados con servicios de diagnóstico de laboratorio para confirmar rápidamente los casos. Hoy esto es especialmente posible gracias a la aparición de tecnologías listas para su uso sobre el terreno, que reducen el tiempo necesario para obtener un diagnóstico.
En segundo lugar, debe establecerse y ponerse a prueba un equipo de respuesta a brotes con centros regionales de operaciones antes de que comience un brote. Se requiere coordinación entre las distintas partes interesadas para permitir una respuesta rápida. También deben mantenerse en contacto con organismos internacionales en caso de emergencias transfronterizas.
En tercer lugar, la educación en salud pública desempeña un papel fundamental, porque la rápida propagación de la enfermedad suele verse impulsada por prácticas comunitarias como los ritos funerarios y la aceptación de las personas que han sobrevivido a la enfermedad. Esto significa que se debe proporcionar al público información adecuada sobre los riesgos de la enfermedad, el contagio, el tratamiento y la gestión, de una manera culturalmente apropiada.comunicación sobre los riesgos de la enfermedad, la infección, el tratamiento y la gestión debe difundirse entre la población de una manera culturalmente apropiada.
Por último, se necesita un sistema de salud pública con recursos suficientes para responder a tiempo. Los gobiernos deben mejorar los centros de atención primaria contratando y formando a más trabajadores sanitarios, y contar con sistemas eficientes de infraestructura, logística, información sanitaria, gobernanza y suministro de medicamentos.
En definitiva, debemos mantenernos alerta, porque nos enfrentamos a la cuestión de «cuándo» ocurrirá el próximo gran brote, no a la de «si» ocurrirá.


