En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de 2018 en Davos, se encomendó a líderes del mundo empresarial, gubernamental y académico encontrar maneras de fortalecer la cooperación en un mundo cada vez más fragmentado. El crecimiento general de entonces quizá era más sólido que en cualquier otro momento desde la Gran Recesión, pero ocultaba profundas divisiones, tanto dentro de las sociedades como entre países.
Sudáfrica, bajo un nuevo liderazgo y alentada por los primeros indicios de una recuperación económica, se destacó como un faro de optimismo. Su gobierno, bajo la presidencia de Cyril Ramaphosa, está decidido a anunciar un nuevo amanecer para el país. Ha logrado generar confianza en la comunidad internacional en torno al programa de reformas que sabe necesario para encauzar de nuevo la trayectoria de Sudáfrica.
Ahora es el momento de convertir la buena voluntad en acción. Esta semana, por invitación del Foro Económico Mundial, 70 líderes de empresas globales se reunirán en Johannesburgo para asesorar y concebir nuevas maneras en que el sector privado pueda ayudar a abordar los arraigados desafíos del país. Están aquí porque saben que el gobierno de Sudáfrica no puede ofrecer soluciones por sí solo y que una Sudáfrica próspera, justa e inclusiva responde a sus intereses a largo plazo.
La máxima prioridad para las empresas es volver a convertir a Sudáfrica en un imán para la inversión. Las mejores empresas del mundo quieren invertir y crear empleo en el país; eso quedó claro en la Reunión Anual. El desafío consiste en reconstruir un entorno propicio que permita prosperar a la competencia. Según el Informe de Competitividad Global, la competitividad de Sudáfrica a largo plazo está disminuyendo, no solo por desafíos crónicos como la educación, sino también en ámbitos que antes eran relativamente sólidos, como la calidad de sus instituciones y mercados financieros. Este declive apunta a una complacencia que no se puede permitir que continúe.
El objetivo último de la inversión es crear empleo y una sociedad más próspera. El liderazgo de Sudáfrica no pierde de vista la urgencia de esta tarea, pero la transformación global de los mercados laborales es una megatendencia que ningún gobierno puede resolver por sí solo. La ansiedad económica provocada por la automatización y la globalización impulsa las agendas políticas en todo el mundo. Mientras busca diversificar y fortalecer su economía, Sudáfrica necesita atraer más empleos manufactureros. Pero debe ir más allá, con una iniciativa masiva de recapacitación para preparar a los trabajadores para tener éxito en el siglo XXI.
Mejorar las perspectivas laborales de los sudafricanos es importante, pero también lo es construir una sociedad más justa. Según el Índice de Desarrollo Inclusivo, Sudáfrica es uno de los países más desiguales del mundo. La riqueza y los ingresos están muy concentrados, y, sin embargo, se considera pobre al 36% de la población, cuyo nivel de consumo mediano ronda los 5 dólares al día. Se necesita urgentemente un modelo de crecimiento más inclusivo que fomente el emprendimiento, adopte una postura de tolerancia cero ante la corrupción, desaliente la búsqueda de rentas y la inversión improductiva, y proporcione una red de protección a quienes han sido desplazados.
Por último, los líderes empresariales globales quieren que Sudáfrica se prepare para la Cuarta Revolución Industrial. La tecnología está cambiando rápidamente las reglas del comercio mundial y alterando no solo categorías laborales, sino industrias enteras. Las consecuencias para Sudáfrica son profundas y exigen replantear por completo la estrategia de desarrollo. Esto implica ir más allá de las industrias manufactureras y de servicios tradicionales, y aplicar las tecnologías del futuro, como la cadena de bloques, el análisis de macrodatos, la inteligencia artificial y los drones, para situar a Sudáfrica entre las economías líderes preparadas para el futuro. Este enfoque no debe considerarse una opción más: el país no puede depender de una bonanza de empleos en la manufactura, como hicieron otras economías en el pasado al ascender por la senda del desarrollo.
Los desafíos de Sudáfrica no se resolverán de la noche a la mañana. Construir una sociedad más justa, próspera y resiliente será una tarea continua. Requiere recuperar la confianza en las instituciones y la gobernanza. Exige compromiso y energía de todas las partes interesadas del país, desde la sociedad civil y los sindicatos hasta las empresas y el gobierno. La comunidad empresarial internacional está preparada para desempeñar su papel en el apoyo a esta gran transformación.

