Adoptar la «islandización»: cómo una oportunidad inesperada podría ayudar a África a lograr un crecimiento inclusivo

Traders work at the Egyptian stock exchange in Cairo, Egypt, March 8, 2016. Stock markets in the Gulf may firm on Tuesday as investors could be encouraged to enter longer-term positions with further evidence that oil prices may have bottomed. Egypt may be supported by positive earnings from Telecom Egypt. REUTERS/Mohamed Abd El Ghany - RTS9S5T
How can Africa take advantage of an increasingly "islandized" world?Image: REUTERS/Mohamed Abd El Ghany
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En 1624, el poeta inglés John Donne escribió el célebre verso: «Ningún hombre es una isla». Sus palabras transmiten la idea de que nadie es autosuficiente; todos dependemos de los demás.

Al entrar en la Cuarta Revolución Industrial, en la que la fabricación avanzada y la convergencia de nuevas tecnologías son clave para el éxito económico —o el fracaso—, estas palabras nunca habían parecido tan premonitorias.

Un mundo en transformación

Las oportunidades que ofrecen los avances tecnológicos emergentes son enormes. Combinados y conectados, tienen el potencial de transformar nuestros sistemas de fabricación y producción, los modelos de negocio en su conjunto, nuestras perspectivas económicas, el futuro del empleo e incluso nuestra gestión del mundo que nos rodea.

La clave está en las palabras «combinados» y «conectados»: más que en cualquier otro momento de nuestra historia industrial, se necesita una colaboración profunda que trascienda las fronteras cívicas, organizativas y nacionales para liberar el verdadero valor que ofrecen estos nuevos sistemas de producción.

Por desgracia, la incapacidad hasta la fecha para combinar y conectar está teniendo consecuencias muy reales. Algunos grupos y regiones dentro de los países sienten que el sistema de libre mercado mundial va en contra de sus intereses y recurren a líderes políticos que promueven el regreso al nacionalismo y a políticas proteccionistas: una «islandización» de lo que fue la globalización.

Además de las consecuencias políticas reales y percibidas de la desigualdad en mercados clave, nuestra época se caracteriza por una volatilidad, una imprevisibilidad y unas tensiones geopolíticas cada vez mayores. Este giro hacia enfoques económicos divergentes ha ralentizado el movimiento transfronterizo de bienes, servicios, capital y personas.

Otro factor determinante es el grado de industrialización que han alcanzado las economías de todo el mundo. Cabe sostener que las que han podido traducir los descubrimientos científicos en innovación tecnológica saldrán con ventaja. Otras quizá tengan que buscar oportunidades para eludir las vías tradicionales de desarrollo.

Está claro que distintos países y regiones necesitarán estrategias propias para aprovechar este nuevo futuro de la producción en un mundo cada vez más «islandizado», es decir, menos favorable al comercio mundial y mucho menos propicio para quienes se incorporan al escenario global. África es uno de los ejemplos más interesantes.

Perspectivas para África

Como conjunto de economías dispares y con una experiencia desigual en la fabricación, África apenas aprovechó las oportunidades que ofrecía la globalización. Hoy empieza a recuperar terreno y cuenta con varios casos de éxito, en particular en Mauricio, Etiopía y Tanzania.

También hay señales alentadoras de crecimiento en el continente en su conjunto. La fabricación en África —aunque haya disminuido como porcentaje del PIB en la mayoría de los países— está creciendo en términos absolutos. Entre 2005 y 2014, la producción se duplicó con creces, de 73.000 millones de dólares a 157.000 millones. Además, la inversión extranjera directa (IED) ha aumentado, y la inversión directa de un país africano en otro es ahora una fuente importante de IED.

Sin embargo, la participación total de África en las exportaciones mundiales de productos manufacturados sigue por debajo del 1 %. Además, junto con América Latina, concentra menos del 8 % del mercado de las cinco principales nuevas tecnologías de producción (el internet de las cosas, la inteligencia artificial, la robótica, la impresión 3D y los dispositivos vestibles empresariales).

Adopción de tecnologías por región geográfica

Como escribí el año pasado, el crecimiento demográfico y la consiguiente necesidad de crear empleo hacen que África no tenga más opción que seguir desarrollando una sólida base manufacturera de valor añadido. Además, el aumento del consumo, impulsado por una clase media en expansión, ofrece otro argumento a favor de la industrialización.

Dos ventanas de oportunidad

Para África, la llegada de la Cuarta Revolución Industrial y la tendencia a la «islandización» ofrecen oportunidades para alcanzar o incluso aventajar a sus competidores mundiales mediante enfoques innovadores de industrialización.

En primer lugar, las nuevas tecnologías están sin duda mejorando la economía de los sistemas de producción locales, lo que permite a las comunidades en desarrollo ser más autosuficientes. La producción local también reduce la necesidad de transportes costosos y de larga distancia, que durante mucho tiempo han limitado la capacidad competitiva de África. Mientras tanto, a medida que aumentan los costes en China y otras economías ascienden en la cadena de valor, África podría convertirse en una fuente alternativa de manufactura ligera. Junto con la mejora del entorno empresarial, la Cuarta Revolución Industrial podría ofrecer a África una plataforma de lanzamiento para acelerar su desarrollo industrial.

La «islandización» puede parecer una oportunidad inesperada, pero, aunque la tendencia es sin duda problemática desde la perspectiva de la economía racional, no cierra el paso al derecho de África a prosperar económicamente. Al contrario, ofrece un plan adicional para el éxito futuro. Mientras otros actores importantes establecen sus propias economías «islandizadas», África podría aprovechar la oportunidad de hacer lo mismo de una manera inspiradora. Si considera su propio bloque de mercado como la base de consumidores finales de su producción, África puede aumentar su competitividad mundial. Si se pone en práctica, la propuesta de Zona de Libre Comercio Continental de la Unión Africana podría duplicar el comercio intraafricano respecto al nivel de 2012 para 2022.

Por supuesto, esto no quiere decir que África deba volverse proteccionista ni sustituir todas las importaciones extranjeras por producción nacional; la idea es encontrar formas de reducir sus propias barreras internas y establecer el libre comercio en todo el continente. Esto impulsaría mercados orientados al interior y la libre circulación de personas e ideas, y establecería cadenas de valor en el continente, al tiempo que abordaría los persistentes desafíos de infraestructura.

Si África logra aprovechar estas dos tendencias, dará un impulso inicial a la expansión industrial y abrirá una oportunidad para que el continente se convierta en una potencia económica por derecho propio.

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