El cólera es el principal factor que contribuye a los brotes de enfermedades en todo el mundo: se registraron 308 eventos entre 2011 y 2017.
El cólera está asociado a zonas con altos niveles de pobreza y poco acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene, como África y Asia.
Desarrollar fuentes de agua potable y saneamiento reduciría drásticamente el número de personas que contraen el cólera.
África soporta una carga desproporcionadamente alta de cólera. La Organización Mundial de la Salud informa que entre 40 y 80 millones de personas en África viven en zonas críticas de cólera. A escala mundial, los brotes de enfermedades se han más que triplicado desde 1980, con 1.307 episodios epidémicos entre 2011 y 2017. El cólera fue el principal factor contribuyente a esta cifra, con 308 eventos.
Esto es especialmente preocupante, dado que el cólera es una enfermedad infranotificada.
El cólera está asociado a zonas con altos niveles de pobreza y poco acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene. Más de un tercio de la población sigue sin tener acceso al agua en África central y occidental, y menos del 40 % cuenta con saneamiento adecuado, según UNICEF.
La inacción tiene consecuencias especialmente graves para los niños y las mujeres. Esto se debe a que el cólera es una causa importante de mortalidad infantil. Además, las niñas y las mujeres son las principales responsables de recoger agua, lo que reduce el tiempo disponible para el trabajo o la educación y las expone al riesgo de violencia sexual.
En un artículo reciente analicé los brotes de cólera relacionados con la sequía en África y las implicaciones del aumento de los períodos secos a causa del cambio climático. Mi investigación se centra en las enfermedades infecciosas, incluido el cólera, que tienen varios vínculos y relaciones con las sequías.
Me centré en este tema porque, por lo general, las sequías son un peligro natural poco estudiado. Esto quizá se deba a su complejidad, que abarca cambios meteorológicos, hidrológicos, agrícolas y sociales. Intenté reunir los factores de riesgo documentados históricamente y entender qué regiones habían registrado estos brotes relacionados con la sequía. Encontré poca bibliografía sobre el tema, pero sí varias desigualdades recurrentes que deben abordarse para brindar un mejor apoyo a las comunidades afectadas por la sequía, incluida la asistencia alimentaria y de agua.
Cambio climático y cólera
Una consecuencia del calentamiento del planeta son los períodos secos prolongados y las sequías. Una consecuencia conocida de las sequías y de sus factores de riesgo asociados son los brotes de enfermedades infecciosas, que se agravan por la malnutrición, el escaso acceso al agua, el saneamiento y la higiene, y los desplazamientos de población.
Estas son condiciones ideales para que aumenten los brotes de cólera.
Es difícil predecir dónde se producirán futuras sequías. Sin embargo, las pruebas disponibles indican que es probable que algunas zonas de África sufran sequías más intensas y prolongadas. Su duración e intensidad probablemente dependerán de cómo se adapten y respondan los países, incluida la gestión del agua.
Entre los mecanismos propuestos por los que las sequías podrían agravar la transmisión del cólera figuran el aumento de la concentración del patógeno, el uso del agua potable para múltiples fines, la reducción del combustible para cocinar y el uso de alimentos y agua alternativos.
Se conocen los vínculos ambientales y climáticos del cólera. Sin embargo, algunas investigaciones han sugerido que estos quizá solo sean importantes hasta cierto umbral; a partir de ahí, hacen falta condiciones socioeconómicas para establecer el vínculo entre las personas y el medio ambiente.
Las pruebas al respecto son claras en las zonas que sufren brotes de cólera después de fenómenos climatológicos. Por ejemplo, Europa y América del Norte tienen una larga historia de sequías y períodos secos, pero no se producen brotes de cólera después de ellos. Esto se debe a que existe un amplio acceso al agua potable y al saneamiento.
La sequía y los brotes de cólera también pueden provocar desplazamientos, un factor de riesgo citado con frecuencia como causa de brotes de enfermedades infecciosas. Los desplazamientos pueden contribuir a propagar el cólera a nuevas zonas. Por ejemplo, durante la sequía de Mozambique de 1991-1992, más de un millón de personas se vieron obligadas a buscar refugio en otros lugares. Esto provocó una llegada masiva de refugiados a Zimbabue, que posteriormente sufrió un brote de cólera de rápida propagación.
Otros grupos de población que sufren especialmente en épocas de sequía son las comunidades nómadas y las comunidades rurales más pobres. Esto se debe a su dependencia de la agricultura, a que no pueden permitirse fuentes de agua alternativas y a su aislamiento de la sociedad.
Mitigación
En mi artículo concluyo que los desastres no causan brotes. Lo que los causa es la respuesta social, o la falta de ella.
Podría decirse que la medida más fundamental para reducir los efectos de la sequía y los brotes de cólera que se derivan de ella es reducir las vulnerabilidades de la población antes de que ocurra el peligro. Entre esas medidas se incluyen:
Ampliar el acceso al agua y al saneamiento
Reducir la pobreza
Y reducir la marginación de los grupos.
Esto permitiría que las personas se adaptaran mejor a un clima cambiante.
Además, hacen falta planes de respuesta a la sequía y acuerdos sobre el agua entre varios países. La forma en que un país gestiona una fuente de agua puede tener repercusiones en otros, y las sequías rara vez afectan a un solo país de manera aislada.
Cuando se producen brotes de cólera, la respuesta debe ser rápida debido al breve período de incubación de la enfermedad: de menos de dos horas a cinco días.
Las vacunas orales contra el cólera son una herramienta esencial para controlar los brotes, junto con el suministro de agua clorada.
Hace falta una mayor concienciación sobre las repercusiones de la sequía en la salud, así como reforzar la investigación, la tecnología, la vigilancia y la previsión para evaluar la salud desde una perspectiva interdisciplinaria. Se necesita una mejor diplomacia en torno a la sequía, que consiste en utilizar actividades relacionadas con ella para crear nuevas oportunidades diplomáticas en vez de conflictos, en todos los niveles, con el fin de mejorar la capacidad de respuesta y ofrecer soluciones eficaces.
También es necesario consultar a las comunidades e involucrarlas en las conversaciones y negociaciones sobre adaptación climática.
La actual pandemia de cólera no muestra señales de remitir y es poco probable que lo haga mientras tantas personas vivan en condiciones que permitan su transmisión. Estos problemas solo empeorarán a medida que avance el cambio climático. Es necesario un mayor llamamiento a la acción para garantizar el derecho humano básico al agua y al saneamiento.


