Tras casi dos décadas de sólido crecimiento, la actividad económica del África subsahariana se ha desacelerado bruscamente. La caída de los precios de las materias primas, junto con los crecientes desequilibrios en algunas de las mayores economías de la región, redujo el crecimiento medio de toda la región a cerca del 1,5 % en 2016. Se espera un ligero aumento hasta alrededor del 2,5 % este año, muy por debajo del 5-6 % de años anteriores.

El panorama completo es más complejo: desde 2014, los exportadores de petróleo, entre ellos Nigeria y Angola, han experimentado fuertes caídas del crecimiento, que han provocado grandes pérdidas de ingresos y presiones sobre la balanza de pagos. Las condiciones también han seguido siendo difíciles en muchos otros países con uso intensivo de recursos, como Sudáfrica. Al mismo tiempo, la mayoría de los países que no dependen intensivamente de los recursos —como Côte d’Ivoire, Kenya o Senegal— continúan creciendo con solidez. Sin embargo, incluso en estos países de crecimiento más rápido, se acumulan vulnerabilidades.

Entonces, ¿cómo puede reactivarse el motor del crecimiento en el África subsahariana? Siguiendo el espíritu del ave Sankofa de los akan de Ghanaave Sankofa de los akan de Ghana, deberíamos recurrir al pasado para trazar el camino a seguir.
Al analizar el período de 1950 a 2016, vemos que los países del África subsahariana no han tenido dificultades para poner en marcha el crecimiento. Además, desde 2000, en contraste con otras economías en desarrollo, los países de la región han experimentado un crecimiento menos volátil y menos desaceleraciones del crecimiento («rupturas a la baja»), a la vez que han registrado numerosas aceleraciones («rupturas al alza»).
Asimismo, los períodos sostenidos de crecimiento («episodios de crecimiento») han sido habituales en el África subsahariana. Entre 1950 y 2016, la región registró unos 40 episodios de crecimiento, una cifra acorde con la de otras regiones. Además, estos episodios se volvieron más frecuentes en el África subsahariana después de 1995. Esto refleja mejoras en el entorno empresarial y macroeconómico, una mayor integración comercial y un entorno mundial generalmente favorable, con precios altos de las materias primas y condiciones financieras flexibles. Este buen desempeño se extendió por toda la región —tanto en los países con uso intensivo de recursos como en los que no dependen intensivamente de ellos— y brindó la oportunidad de mejorar las condiciones de vida en todo el continente.

Poner en marcha el crecimiento es una cosa; mantenerlo es otra. Nuestro trabajo muestra que, en comparación con otras regiones, los episodios de crecimiento tienden a ser más breves y terminan con mayor frecuencia en «aterrizajes bruscos», cuando las economías caen en recesión. Este resultado se mantiene incluso después de controlar la incidencia de conflictos armados y políticos.
Para comprender estos hallazgos, analizamos los factores que sustentan episodios de crecimiento duraderos y sostenidos. Encontramos que los principales factores impulsores son un entorno externo favorable y políticas e instituciones económicas adecuadas. Pero ¿cuánto influyen estos factores y políticas en la prolongación de los episodios de crecimiento? Resulta que influyen mucho. Partiendo del valor mediano del África subsahariana, una mejora de 25 puntos percentiles en las variables macroeconómicas o las instituciones aumenta la duración habitual de un episodio de crecimiento entre uno y ocho años. Esos años adicionales de crecimiento ofrecen oportunidades significativas para elevar aún más los niveles de vida.
En suma, los países del África subsahariana saben poner en marcha el crecimiento; últimamente ha habido muchos más episodios de crecimiento; y para sostenerlo es necesario aplicar políticas internas adecuadas. Entonces, ¿qué medidas concretas hacen falta en este momento?
En los países donde han surgido desequilibrios macroeconómicos importantes, las prioridades de reforma son: reducir los déficits fiscales mediante una mayor movilización de ingresos internos; priorizar mejor el gasto en proyectos de infraestructura esenciales y protección social; y, cuando el régimen monetario lo permita, aumentar la flexibilidad del tipo de cambio para fomentar la competencia y la diversificación económica.
En los países donde el crecimiento sigue siendo vigoroso, es importante evitar un aumento insostenible de la deuda pública mientras aún se encuentran en una posición sólida. Aquí también, una mayor movilización de ingresos ofrece la mejor vía para mantener el margen fiscal necesario para los numerosos objetivos de gasto en desarrollo de los países.
Para todos los países de la región, es fundamental complementar las reformas de política macroeconómica con reformas que liberen el potencial de crecimiento. Estos esfuerzos incluyen reforzar las políticas macroestructurales que respaldan la inversión y la diversificación económica; facilitar la adopción de tecnología; y promover la apertura y la integración en la economía mundial.
Ha llegado el momento de adoptar medidas para ajustar las políticas y garantizar la estabilidad macroeconómica, de modo que la región pueda superar su actual período difícil y reactivar el motor del crecimiento a mediano plazo.

