Democrática, innovadora y segura: cómo puede India moldear el futuro de internet 

Employees demonstrate the use of the newly-designed prototype of a touch-sensitive table at Microsoft India's Development Center in the Gachibowli IT district in Hyderabad, in the southern state of Andhra Pradesh March 6, 2012. Picture taken on March 6, 2012. REUTERS/Vivek Prakash (INDIA - Tags: BUSINESS SOCIETY EMPLOYMENT SCIENCE TECHNOLOGY) - GM1E8450XD101
'India has both the capacity and the moral authority to shape a global digital economy'Image: REUTERS/Vivek Prakash
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India se está convirtiendo rápidamente en una nación indispensable del ciberespacio. El mercado indio podría decidir el futuro de muchos gigantes tecnológicos. Por ello, puede considerarse pionera en materia de políticas.

En noviembre, Ajit Pai, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, anunció la revocación de las normas de la era Obama sobre la neutralidad de la red. Como arquitecto histórico de internet y árbitro de sus valores de apertura y libertad, Estados Unidos parece estar cediendo su influencia normativa sobre este medio.

Mientras tanto, las reservas de la UE respecto de las empresas tecnológicas estadounidenses la han llevado a promulgar un nuevo régimen de protección de datos que establece sus propios estándares muy restrictivos para los mercados digitales, la regulación de contenidos y la privacidad. Esto es habitual en una comunidad cada vez más ensimismada, que ya no se considera un modelo para otros países.

Más al este, China ha rechazado abiertamente el modelo abierto de internet de Occidente y ha presentado una visión para convertirse en una superpotencia cibernética basada en la soberanía y el control estatales.

A raíz de estos acontecimientos, el liderazgo en el ciberespacio está disputado, y el nuevo régimen mundial seguirá el modelo que mejor equilibre varias prioridades en competencia. Con una población en línea de 450 millones de personas —y en crecimiento—, India tiene capacidad para ejercer una influencia considerable en la configuración del futuro de internet. Sus múltiples identidades refuerzan aún más ese peso: como la democracia más grande del mundo, cuenta con legitimidad para dar forma a una internet abierta y libre; y, como país en desarrollo, se asegurará de tener en cuenta lo que importa al Sur Global, como el acceso asequible, la creación de contenidos locales y la seguridad de las plataformas.

Dos acontecimientos recientes han reforzado aún más la pretensión de liderazgo de India en el ciberespacio. El primero fue la recomendación de la Autoridad Reguladora de las Telecomunicaciones de India (TRAI, por sus siglas en inglés) de que los proveedores de servicios no restrinjan el acceso a internet mediante medidas discriminatorias. Aunque aún quedan aspectos por resolver, como la función del órgano consultivo propuesto con múltiples partes interesadas y la regulación de los servicios OTT (Over the Top), la TRAI ha hecho bien en respaldar el principio de neutralidad de la red en sus propuestas al Departamento de Telecomunicaciones.

A pesar de la creciente convergencia con Estados Unidos en cuestiones de tecnología de la información, Nueva Delhi no se dejó influir por las deliberaciones estadounidenses. En cambio, la TRAI optó por respaldar un modelo pragmático que equilibrara los imperativos comerciales con los intereses de los consumidores. En este proceso, también ha dado a Nueva Delhi la posibilidad de reivindicar un liderazgo moral sobre los principios que definen internet.

El segundo acontecimiento fue la publicación del documento de consulta del Ministerio de Electrónica y Tecnología de la Información sobre un marco de protección de datos para India. A raíz de la sentencia del Tribunal Supremo en el caso Puttaswamy, el Gobierno indio trabaja ahora para proteger la privacidad individual en el mundo digital. Aunque la ley definitiva sin duda suscitará debate, el informe deja claro, de manera destacable, que India equilibrará las libertades civiles, la seguridad y la innovación basada en datos.

Ningún país ha logrado aún encontrar el equilibrio perfecto. En países como China, la privacidad ha quedado subordinada a la seguridad nacional. En democracias como Estados Unidos, las plataformas de redes sociales han quedado expuestas a la influencia extranjera; y en la UE, unas leyes estrictas de protección de datos podrían frenar la innovación. Si India consigue perfeccionar su propio modelo de economía basada en datos y, al mismo tiempo, proteger los derechos y la seguridad de sus ciudadanos, habrá creado un prototipo único y, a la vez, reproducible.

Ambos acontecimientos ponen de relieve algo significativo: India está forjando una posición propia y singular en el ciberespacio, que probablemente emularán los mercados emergentes. Con diversas instituciones —desde los tribunales hasta el liderazgo político y la sociedad civil— que contribuyen activamente a la diversidad de opiniones, poco a poco va tomando forma un consenso indio sobre el ciberespacio. La iniciativa India Digital podría culminar en una propuesta distintiva que no solo dinamice la economía india, sino que también sirva de modelo para otros países, incluido el Occidente industrializado.

Internet está suscitando nuevos debates sobre el contrato social emergente entre la ciudadanía, las empresas y el Estado. Estos debates acabarán plasmándose en normas y regímenes internacionales. Para evitar la aparición de una «splinternet» y preservar el carácter democrático del ciberespacio, India debe contar proactivamente su propia historia digital.

India ya tiene una larga trayectoria en la protección de los bienes comunes mundiales, combinando idealismo y pragmatismo. En su intervención en la Conferencia de París de 2015, el primer ministro Modi reconoció que más de 300 millones de indios carecen de acceso a la energía. A pesar de ello, India estaba decidida a garantizar que dicho acceso no se lograra a costa del medio ambiente. Según Modi, esa determinación estaba «guiada por nuestra convicción de que las personas y el planeta son inseparables; de que el bienestar humano y la naturaleza son indivisibles».

La postura de India sobre el ciberespacio es igualmente progresista. En la situación actual, India cuenta tanto con la capacidad como con la autoridad moral para dar forma a una economía digital mundial. En la Conferencia Mundial sobre el Ciberespacio celebrada en Nueva Delhi, el primer ministro Modi sostuvo que internet confirma la antigua e inclusiva filosofía india de «Vasudhaiva Kutumbakam»: el mundo es una familia. «A través de la tecnología, podemos dar sentido a esta expresión y, de hecho, a los mejores valores democráticos», añadió.

Un ciberespacio democrático, innovador y seguro concuerda tanto con los antiguos valores morales de India como con sus imperativos económicos modernos. Las recientes medidas políticas de India sobre neutralidad de la red y protección de datos son un paso en la dirección correcta. Ahora Nueva Delhi debe elaborar un relato sobre la economía digital india que atraiga al resto del mundo.

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