El COVID-19 está provocando una catástrofe del hambre en la India: aquí hay una oportunidad para romper el ciclo

A homeless woman holding a child waits to receive food during a 21-day nationwide lockdown to slow the spreading of the coronavirus disease (COVID-19) in Kolkata, India, April 3, 2020. REUTERS/Rupak De Chowdhuri - RC2YWF9E1LI6
Solutions must both address food insecurity and provide livelihood opportunities for vulnerable people.Image: REUTERS/Rupak De Chowdhuri
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  • El COVID-19 ha agravado el hambre y la pobreza en todo el mundo, especialmente en la India.

  • La crisis subraya la importancia de hacer llegar la ayuda directamente a las personas vulnerables.

  • Las soluciones deben abordar tanto la inseguridad alimentaria inmediata como ofrecer oportunidades de sustento para romper el ciclo del hambre y la pobreza.

El COVID-19 ha demostrado ser no solo una crisis sanitaria, sino también una crisis de medios de vida, que se ha convertido rápidamente en una catástrofe de hambre y malnutrición.

La pandemia ha provocado un aumento de la inseguridad alimentaria mundial, que afecta a hogares vulnerables en casi todos los países. Ha agravado las desigualdades existentes, empujando a millones de personas hacia los ciclos viciosos del estancamiento económico, la pérdida de medios de vida y el empeoramiento de la inseguridad alimentaria.

El Banco Mundial estima que 71 millones de personas caerán en la pobreza extrema en todo el mundo como consecuencia de la pandemia. El Programa Mundial de Alimentos estima que otros 130 millones de personas podrían caer en la categoría de «inseguridad alimentaria», además de los 820 millones que ya estaban clasificados como tales según el Informe sobre el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo de 2019.

La pandemia de COVID-19 está agravando el hambre en todo el mundo.Image: Bloomberg/FAO

Mientras la mortífera segunda ola azota la India, los estados han impuesto confinamientos y restricciones estrictas para frenar la propagación del virus. Durante la primera fase, quedaron al descubierto la situación y el sufrimiento de los trabajadores migrantes y de otras comunidades vulnerables. Pero esta vez, la crisis sanitaria ha desbordado la crisis de medios de vida y hambre existente, que aún se cierne sobre la mayoría de nuestras ciudades y pueblos.

Los datos de desempleo del CMIE revelan un panorama sombrío, con un desempleo rural que se dispara al 14,34 % y un desempleo urbano que alcanza el 14,71 % al 16 de mayo de 2021. En un país donde la mayoría de la fuerza laboral trabaja en el sector informal, las personas se han visto afectadas masivamente por la pérdida de empleos y la falta de acceso a las prestaciones (incluida la seguridad social) que conlleva el empleo formal. Los jornaleros diarios, los trabajadores de la construcción, los vendedores ambulantes y el personal doméstico se han visto afectados de manera desproporcionada por la pandemia y los confinamientos, y viven una vida de incertidumbre e ingresos interrumpidos. La agricultura es la principal ocupación en los pueblos, pero los frecuentes confinamientos han interrumpido las cadenas de suministro y el acceso al mercado para la venta de productos agrícolas, lo que afecta a los ingresos de los hogares rurales. Y, aunque no existen datos desagregados por género sobre el impacto del COVID-19 específicamente en las mujeres, la experiencia demuestra que estas se ven afectadas de manera desproporcionada durante las pandemias, las recesiones económicas y los periodos de inseguridad alimentaria.

En el Índice Global del Hambre 2020, la India ocupa el puesto 94 de 107 países. La pandemia y el desempleo resultante han agravado la crisis del hambre en la India. La primera fase de la Encuesta Nacional de Salud Familiar (2019-2020) ha revelado hallazgos alarmantes, con hasta 16 estados que registran un aumento de niños menores de 5 años con bajo peso y con emaciación grave. La pandemia se está convirtiendo en una crisis nutricional, debido a la sobrecarga de los sistemas sanitarios, la alteración de los patrones alimentarios y la pérdida de ingresos, junto con la interrupción de programas como el Esquema Integrado de Desarrollo Infantil (ICDS) y el almuerzo escolar de mediodía.

La crisis subraya la importancia de los programas de bienestar existentes, como el Programa Mahatma Gandhi de Garantía de Empleo Rural (MGNREGS), Sistema Público de Distribución (PDS) y Pradhan Mantri Garib Kalyan Yojana (PMGKY), que entregan dinero en efectivo y ayuda directamente a las personas más vulnerables para ayudarlas a sobrellevar la angustia económica. Es imperativo mejorar la seguridad alimentaria aumentando la producción local de alimentos y fortaleciendo las cadenas de suministro. La disponibilidad de grandes reservas de alimentos presenta una oportunidad para un PDS universal, que es muy necesario. Dado que muchos jóvenes que eran el sostén económico de sus familias han sucumbido al virus durante la segunda ola, es de suma importancia proporcionar a estas familias un apoyo adecuado en efectivo, asistencia alimentaria y oportunidades de empleo para evitar que caigan aún más por debajo de la línea de pobreza.

Desde el inicio de la pandemia, una gran cantidad de organizaciones de la sociedad civil han estado a la altura de las circunstancias para brindar ayuda humanitaria. Fundamos Samarpann (www.samarpann.org) para ofrecer soluciones sostenibles en materia de salud, educación, alimentación y sustento para las comunidades más marginadas de las zonas rurales y tribales de la India.

Durante la primera ola de COVID-19, de marzo a junio de 2020, distribuimos 2,5 millones de comidas en seis estados de la India a jornaleros diarios, trabajadores migrantes y habitantes de barrios marginales, cuando los medios de vida y los ingresos se habían paralizado por completo a causa del confinamiento. Cuando, junto con nuestro equipo, visitamos los pueblos de Rajastán, Uttarakhand y Cachemira, constatamos que nada había cambiado para estas familias en la segunda ola en comparación con la primera, salvo que más personas enfermaban y las familias perdían a seres queridos por la falta de atención médica oportuna. Aunque estamos proporcionando ayuda inmediata en forma de raciones y kits de saneamiento, es importante empezar a reconstruir la vida de estas familias, especialmente la de quienes han perdido a sus miembros que aportaban ingresos. Por ello, estamos comprando material de ayuda alimentaria a los Grupos de Autoayuda (SHG) con el fin de aumentar sus fuentes de ingresos y proporcionar ese mismo material como ayuda a las personas marginadas de la propia comunidad. Creemos que la solución a la crisis del hambre debe seguir un enfoque de doble vertiente: abordar la inseguridad alimentaria y, al mismo tiempo, ofrecer oportunidades de sustento a las personas cuyas voces han quedado en gran medida sin ser escuchadas en esta segunda ola.

El COVID-19 supone tanto un desafío para nuestros problemas de larga data en materia de seguridad alimentaria y nutrición como una oportunidad para abordarlos. La necesidad del momento es idear soluciones sostenibles que nos ayuden no solo a superar la crisis actual, sino también a sacar a millones de personas del ciclo del hambre y la pobreza.

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