Europa se unió para proteger a sus ciudadanos, empresas y países miembros durante la pandemia de COVID-19, convirtiéndose en un modelo para el mundo.
La audaz respuesta monetaria y fiscal de la UE demostró solidaridad y reforzó la posición de Europa en el mundo.
El Pacto Verde Europeo impulsará la recuperación en Europa y hará que los estándares europeos se conviertan en estándares mundiales.
La reacción inmediata ante la COVID-19 en Europa no fue ejemplar. Los suministros médicos esenciales permanecieron en almacenes nacionales mientras se cerraban las fronteras, en una reacción de «mi nación primero», como la describió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Pero Europa aprendió, y aprendió rápido. En cuestión de semanas, los países europeos se unieron para salvar vidas, empleos y empresas.
Los primeros pasos
Primero, el Banco Central Europeo puso en marcha el Programa de Compras de Emergencia frente a la Pandemia, dotado con 750.000 millones de euros, un paquete monetario para contrarrestar los riesgos para la liquidez y las perspectivas de la zona del euro. Se amplió a 1,35 billones de euros apenas dos meses y medio después.
A continuación, se presentó un enorme paquete de respuesta paneuropea a la crisis. La Comisión Europea (CE), el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) acordaron financiar hasta 540.000 millones de euros para ayudar a las personas, las empresas y los países de toda Europa, incluidos el apoyo a la liquidez de las empresas, la financiación del desarrollo de tratamientos y vacunas, y la financiación del empleo, así como de los costes sanitarios directos e indirectos relacionados con la pandemia.
Europa hizo todo lo posible por retomar el rumbo. Los gobiernos intervinieron con medidas de apoyo sin precedentes dirigidas a los hogares, las empresas y los trabajadores autónomos. La UE respaldó los esfuerzos nacionales al flexibilizar las normas sobre ayudas estatales y las reglas fiscales.
El camino hacia la recuperación
El impacto económico fue mucho más grave de lo previsto inicialmente. El FMI espera que el PIB de la zona del euro se contraiga un 10,2 % en 2020, y que se recupere con un crecimiento del 6 % en 2021, dependiendo de cómo evolucione la pandemia. Algunos sectores (la aviación, el turismo, la cultura y el arte) cerraron por completo durante semanas, mientras que otros (la energía, el petróleo y el gas, y la automoción) se vieron gravemente afectados. Se interrumpieron las cadenas de suministro, lo que dejó al descubierto la vulnerabilidad de la UE y su dependencia de recursos externos al bloque comercial, especialmente en el caso de los suministros médicos.
La UE necesitaba medidas audaces para reactivar las economías y garantizar que el bloque saliera de la crisis más fuerte, no más débil. La canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron propusieron una respuesta fiscal europea de 500.000 millones de euros, además de lo que los países tenían previsto hacer a escala nacional. La Comisión Europea elevó la cifra a 750.000 millones de euros y, tras 90 horas de negociaciones, los jefes de Estado y de Gobierno europeos la aprobaron el 21 de julio de 2020. El paquete consta de 390.000 millones de euros en subvenciones y 360.000 millones de euros en préstamos.
Se trata de un acontecimiento histórico para la UE por varios motivos.
En primer lugar, la Comisión Europea emitirá más deuda común en los mercados de capitales (que se reembolsará hasta 2058), lo que podría elevar el activo seguro europeo, junto con el BEI y el MEDE, hasta cerca de 2 billones de euros.
En segundo lugar, supone un paso hacia una respuesta fiscal común europea más sólida en tiempos de crisis, que refuerza la posición de Europa en el mundo.
Por último, demuestra una auténtica solidaridad europea. Los fondos fluirían de los países más ricos a los más afectados y de menores ingresos. Este paquete de estímulo sin precedentes se suma a un ambicioso presupuesto de siete años de la UE, o Marco Financiero Plurianual (MFP).

Hacia un futuro verde, inteligente y sostenible
Con el lanzamiento del Pacto Verde Europeo, la UE dio un paso audaz para convertirse en líder mundial en tecnologías verdes y sostenibilidad económica. El Pacto Verde Europeo es ahora la estrategia de crecimiento de Europa. Las inversiones respaldadas por el paquete de recuperación y el presupuesto de la UE estarán plenamente alineadas con sus objetivos de lograr una economía climáticamente neutra. La Estrategia de Finanzas Sostenibles de la UE y la taxonomía canalizarán el capital privado hacia inversiones ambientalmente sostenibles y liberarán todo el potencial de los mercados de capitales para alcanzar los objetivos climáticos. Esta importante iniciativa política provocará un cambio sustancial en la mentalidad del sector privado respecto a la inversión. Además, Europa está bien posicionada para desempeñar este papel, ya que el euro es ya la principal moneda mundial en las finanzas verdes.

Para seguir siendo competitiva en una era de rápida transformación tecnológica, Europa debe aumentar su inversión en investigación y desarrollo, así como en la adopción de tecnologías digitales y competencias pertinentes. La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de la digitalización para las empresas y el sector público. Durante el confinamiento, las empresas y los países que habían integrado tecnologías digitales obtuvieron mejores resultados que aquellos que no lo habían hecho. La crisis provocó cambios sustanciales y probablemente permanentes en nuestra forma de vivir, trabajar, comprar y aprender. Este plan garantizará que Europa esté a la vanguardia de la era digital.
Mientras tanto, en plena crisis, la UE acordó pasar a la siguiente etapa de las negociaciones de adhesión con Macedonia del Norte y Albania. En lugar de aislarse, la UE sigue tendiendo puentes. La guinda del pastel fue el acuerdo de julio de 2020 sobre la incorporación de Bulgaria y Croacia al Mecanismo de Tipos de Cambio (MTC II), lo que significa que, después de dos años, ambos países podrían adoptar el euro; de manera similar, durante la crisis del euro, Letonia, Lituania y Estonia se incorporaron a la moneda única. Esto demuestra que la crisis no menoscaba el atractivo de la unión y de la moneda única.

Europa como modelo mundial
A pesar de la crisis, Europa ha defendido firmemente el multilateralismo: ha colaborado para buscar soluciones y ha mostrado solidaridad con las naciones más afectadas, tanto dentro como, igualmente importante, fuera de la Unión Europea. Por ello, Europa también ha mirado más allá de sus fronteras, recaudando 7.400 millones de euros para apoyar medidas contra la COVID-19 y garantizar que los países pobres tengan acceso a posibles vacunas y tratamientos.
Europa ha intentado, con la mejor intención, servir tanto a sus propios ciudadanos como a los del mundo mediante un poder blando que ha descrito muy bien su colega Young Global Leader Anu Bradford en su último libro, El efecto Bruselas. Dicho de otro modo, los estándares europeos líderes suelen convertirse en estándares mundiales.
Y, durante la crisis de la COVID-19, Europa podría ser un modelo por la manera en que ha protegido a sus ciudadanos, empresas y países miembros y, al mismo tiempo, ha ejercido un liderazgo mundial en beneficio de la humanidad.
