Denis Mukwege, ginecólogo que ayuda a víctimas de violencia sexual en la República Democrática del Congo, y Nadia Murad, activista por los derechos yazidíes y superviviente de la esclavitud sexual perpetrada por el Estado Islámico, ganaron el viernes el Premio Nobel de la Paz 2018.

El Comité Noruego del Nobel dijo que les había concedido el premio por sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra.
«Ambos galardonados han contribuido de manera decisiva a centrar la atención en esos crímenes de guerra y a combatirlos», señaló en su comunicado.
Mukwege dirige el Hospital Panzi, en la ciudad de Bukavu, al este de la República Democrática del Congo. La clínica, inaugurada en 1999, recibe a miles de mujeres cada año, muchas de las cuales necesitan cirugía debido a la violencia sexual.
Según el comunicado, había dedicado su vida a defender a estas víctimas.

Murad defiende a la minoría yazidí en Irak y los derechos de las personas refugiadas y de las mujeres en general. En 2014, combatientes del Estado Islámico la esclavizaron y violaron en Mosul, Irak.
Según el comunicado, era una testigo que relata los abusos cometidos contra ella y otras personas.
«Cada una, a su manera, ha contribuido a dar mayor visibilidad a la violencia sexual en tiempos de guerra, para que los perpetradores rindan cuentas por sus actos», señaló.
«Violación y nada más»
Murad tenía 21 años en 2014, cuando militantes del Estado Islámico atacaron la aldea del norte de Irak donde había crecido. Los militantes mataron a quienes se negaron a convertirse al islam, entre ellos seis de sus hermanos y su madre.
Murad, junto con muchas otras jóvenes de su aldea, fue capturada por los militantes y vendida repetidamente para mantener relaciones sexuales como parte del comercio de esclavos del Estado Islámico.
Finalmente logró escapar del cautiverio con ayuda de una familia musulmana suní en Mosul, la capital de facto del grupo en Irak, y se convirtió en defensora de los derechos de su comunidad en todo el mundo.
En 2017, Murad publicó sus memorias sobre lo vivido, «La última chica». En ellas relató con detalles estremecedores sus meses de cautiverio, su huida y su camino hacia el activismo.
«En algún momento, solo había violaciones y nada más. Eso se convierte en tu día a día», escribió.
El ataque de los militantes contra las comunidades yazidíes del norte de Irak formó parte de lo que las Naciones Unidas han calificado de campaña genocida emprendida por los militantes suníes contra esta minoría religiosa.
La concesión del premio llega tras un año en que los abusos y el maltrato de las mujeres en todos los ámbitos de la vida y en todo el mundo han acaparado la atención.
Al preguntarle si el movimiento #metoo, un destacado foro de activistas por los derechos de las mujeres, había inspirado el premio de este año, la presidenta del Comité Nobel, Berit Reiss-Andersen, respondió: «Metoo y los crímenes de guerra no son exactamente lo mismo. Pero tienen en común que visibilizan el sufrimiento y los abusos que padecen las mujeres, y que es importante que ellas dejen atrás la vergüenza y alcen la voz».
El premio se entregará en Oslo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte del industrial sueco Alfred Nobel, quien creó los premios en su testamento de 1895.

