Asia es una historia de éxito económico. Ha logrado avances espectaculares en la reducción de la pobreza, la mejora del bienestar y el aumento de las perspectivas de futuro de millones de personas.
Pero la historia no se detiene para ninguna nación ni región. Siempre habrá más trabajo por hacer para garantizar que los avances en desarrollo, incluso los más impresionantes, perduren no solo para esta generación, sino también para la siguiente.
En este momento, las niñas de Asia se están quedando atrás. En una región donde las niñas suelen superar a los niños en la escuela, tienen más educación que nunca y constituyen la mayoría del alumnado de educación terciaria en algunos países, su capacidad para dar forma a la Cuarta Revolución Industrial sigue estando limitada. Esto se debe a que quienes crean actualmente los sistemas educativos, de producción y de gobernanza que la impulsan son predominantemente hombres. Inevitablemente, es probable que estos «nuevos» sistemas se parezcan a los antiguos y corran el riesgo de ampliar aún más la brecha de género, obstaculizando el acceso de las mujeres y las niñas a la tecnología, su uso y su capacidad para beneficiarse de ella.
En todo el mundo, la proporción de mujeres que usan internet es un 12 % menor que la de los hombres, cifra que asciende al 32,9 % en los países menos desarrollados. Esta brecha es un reflejo de un problema mayor: la exclusión digital de las mujeres y las niñas, que debemos abordar antes de que sea demasiado tarde.

Retos complejos
Es bien sabido que Asia afronta serios desafíos de cara al futuro. La región experimentará importantes cambios demográficos, como el envejecimiento de la población y el aumento de la población joven, junto con las fuerzas disruptivas de la inteligencia artificial y la automatización, que están transformando la fuerza laboral y las oportunidades de empleo.
Un nuevo informe de Solutions for Youth Employment destaca que esta transformación digital está teniendo un impacto profundo y específico en los jóvenes. Está cambiando su forma de aprender, su acceso a las oportunidades y su seguridad laboral, y podría impulsar una mayor desigualdad. En estos tiempos de rápidos cambios, no invertir en el potencial de las niñas hará que estos desafíos sean aún más difíciles de abordar.
La actual brecha de género en las TIC comienza en la primera juventud, continúa durante los años de formación y llega al ámbito laboral, donde perjudica no solo a las mujeres, sino también a las perspectivas económicas futuras de todos. Es producto de normas y estereotipos de género perjudiciales que ocasionan numerosos obstáculos para las niñas, como el acceso desigual a una educación y formación de calidad, especialmente en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. También es consecuencia de nuestro fracaso colectivo a la hora de proteger a las niñas y las jóvenes de amenazas como el matrimonio precoz, la explotación —incluidas las amenazas en línea— y la violencia sexual.

En los sectores de crecimiento y de alto valor de Asia, como la tecnología y el ámbito digital, las mujeres están muy poco representadas y tienen muchas menos probabilidades de alcanzar puestos directivos. Apenas un tercio de todos los puestos directivos de la ASEAN está ocupado por mujeres. Según la OIT, también se espera que las mujeres en Asia realicen 4,1 veces más trabajo no remunerado y de cuidados que los hombres. El coste mundial del trabajo de cuidados no remunerado realizado por las mujeres asciende a la asombrosa cifra de 10 billones de dólares.
Capacitar a las mujeres para dar forma a la Cuarta Revolución Industrial
Accenturepredice que podríamos alcanzar la igualdad de género en el ámbito laboral para 2040 en los países desarrollados y para 2060 en los países en desarrollo si aceleramos el ritmo al que las mujeres adquieren competencias digitales. Pero la triste realidad es que las niñas tienen cinco veces menos probabilidades de plantearse una carrera en tecnología o en las TIC.

Si Asia espera aprovechar la gran oportunidad que ofrece la igualdad digital, debemos hacer más que hablar de la participación de las niñas en la Cuarta Revolución Industrial. Tenemos que cambiar de rumbo para darles las herramientas, las competencias y las oportunidades que necesitan para triunfar y, algo fundamental, impulsar un futuro digital.
Debemos empezar empoderando a las mujeres y las niñas para que sean creadoras y líderes de este futuro. Tenemos que asegurarnos de que puedan crear tecnologías que nos ayuden a evitar la reproducción de los antiguos estereotipos y desigualdades de género en el ámbito digital. Al ampliar las oportunidades y ofrecer formas de trabajar más flexibles, así como construir infraestructuras seguras, podemos dar a las niñas la oportunidad de aprender las competencias necesarias para convertirse en la próxima generación de líderes y emprendedoras. Pero nada de esto será posible hasta que abordemos la discriminación por razón de género, la explotación y los peligros específicos a los que se enfrentan cada día.

Romper con el statu quo
Cuando escasean los empleos, ¿cómo puede ser correcto que la gente crea que los hombres tienen más derecho a un empleo que las mujeres? Hay que acabar con normas tóxicas como estas, que impiden que las niñas participen en pie de igualdad en sus sociedades. También tenemos que garantizar que existan leyes, políticas e infraestructuras que permitan a las niñas acceder a la formación, los recursos financieros y el empleo de forma segura, sin temor a la violencia, el acoso ni la discriminación. Asimismo, debemos cuestionar la idea de que la tecnología no es para las mujeres ni las niñas, y animar a más jóvenes a estudiar estas materias después de la educación secundaria.
Todas y todos debemos contribuir
Ahora nos corresponde dar un paso al frente y apoyar las carreras profesionales de las jóvenes. Al mejorar las competencias digitales de las niñas, podemos ayudarlas a ocupar su lugar como líderes en los sectores de crecimiento del futuro. Como mentores, podemos ayudarlas a hacer oír su voz en la mesa y abrir más espacios para las mujeres en nuestras estructuras directivas.
Hago un llamamiento a todos los líderes que asistan a la cumbre de la ASEAN del Foro Económico Mundial para que se unan a mí y a mis compañeros copresidentes y se comprometan a aumentar nuestro compromiso e inversión en la igualdad para las niñas, garantizar su seguridad mediante el aprendizaje, cuestionar los estereotipos perjudiciales y aumentar la representación de las mujeres en nuestros respectivos ámbitos de influencia.
Juntos podemos empezar a cambiar la percepción de a qué empleos y puestos deberían aspirar las jóvenes de hoy en el mundo del mañana. También podemos garantizar que las perspectivas futuras de esta región sigan siendo prometedoras y que Asia y sus jóvenes continúen liderando e inspirando al mundo.
Anne-Birgitte Albrectsen es copresidenta del Foro Económico Mundial sobre la ASEAN 2018.

