Las inundaciones dejan al descubierto la «enorme tarea» de Europa para evitar futuros daños climáticos

firefighters walk in an area affected by floods caused by heavy rainfalls in Bad Muenstereifel, Germany.
'The floods have put climate change at the top of the political agenda.'Image: REUTERS/Wolfgang Rattay
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  • Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos.

  • Las catastróficas inundaciones en Europa han causado la muerte de más de 150 personas.

  • Los planes de la UE contra el cambio climático son a largo plazo e incluyen la reducción de los gases de efecto invernadero y el fortalecimiento de la resiliencia económica.

  • También se necesita una respuesta más directa, con nueva infraestructura que ayude a los países a adaptarse.

Las catastróficas inundaciones que azotaron el noroeste de Europa fueron una dura advertencia de que los diques, las presas y los sistemas de drenaje más robustos son tan urgentes como la prevención a largo plazo del cambio climático, ya que los fenómenos meteorológicos antes poco frecuentes se están volviendo más comunes.

A medida que las aguas retroceden, las autoridades evalúan la destrucción provocada por las torrenteras que azotaron amplias zonas del oeste y el sur de Alemania, Bélgica y los Países Bajos, derribando edificios y puentes y causando la muerte de más de 150 personas.

El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, que visitó el balneario de Bad Neuenahr-Ahrweiler el lunes, afirmó que el coste de la reconstrucción ascenderá a miles de millones de euros, además de los millones necesarios para la ayuda de emergencia.

Pero el coste de diseñar y construir una infraestructura mejor para mitigar estos fenómenos podría ser muchas veces superior.

Tras las graves olas de calor e incendios forestales en Norteamérica y Siberia, las inundaciones han situado el cambio climático en el primer puesto de la agenda política.

La Unión Europea puso en marcha un ambicioso paquete de medidas para abordar el cambio climático en su origen, centrado en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para frenar el incesante aumento de la temperatura global.

También está aplicando un paquete de recuperación frente al coronavirus de 750 000 millones de euros, en gran medida orientado a proyectos que impulsen la resiliencia económica y la sostenibilidad.

Pero la devastación causada por las inundaciones de la semana pasada ha dejado claro que los fenómenos meteorológicos extremos que predicen los científicos del clima ya están ocurriendo y requieren una respuesta directa.

«Necesitamos construir nueva infraestructura —balsas de contención, diques, zonas de desbordamiento de drenaje junto a los ríos— y reforzar los sistemas de alcantarillado, las presas y las barreras», afirmó Lamia Messari-Becker, catedrática de Tecnología de la Edificación y Física de la Construcción en la Universidad de Siegen.

«Es una tarea gigantesca. Ha llegado la hora de los ingenieros.»

«Está ocurriendo de verdad»

Tras una serie de graves inundaciones en los últimos 25 años, algunos de los países afectados ya habían tomado medidas, por ejemplo, rebajando las llanuras aluviales para ayudarlas a absorber más agua.

Al mismo tiempo, la rapidez y la magnitud del desastre, causado por lluvias excepcionalmente intensas provocadas por un potente sistema de bajas presiones, demostraron lo difícil que será prepararse para fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes.

«A medida que el cambio climático avanza y los fenómenos extremos aumentan en intensidad y frecuencia, existen límites reales a la capacidad de protegerse», afirmó Wim Thiery, científico del clima de la Vrije Universiteit Brussel.

Los recortes drásticos de las emisiones de gases de efecto invernadero son sin duda necesarios, pero no influirán de forma sustancial en el clima, y menos aún enfriarán el planeta, durante décadas.

Mucho antes de que eso ocurra, los países tendrán que adaptarse o construir infraestructuras básicas que vayan más allá de la gestión del agua y abarquen la agricultura, el transporte, la energía y la vivienda.

«Nuestras ciudades se desarrollaron a lo largo de los siglos, en algunos casos desde el periodo romano, para unas condiciones climáticas muy distintas de las que nos esperan», declaró Thiery.

Incluso antes de las inundaciones de la semana pasada, que convirtieron las calles principales y las viviendas en montones de escombros fangosos, la afamada infraestructura de transporte y urbana de Alemania ya se estaba deteriorando como consecuencia de años de restricciones presupuestarias.

En otras zonas vulnerables de Europa, como el norte de Italia, las inundaciones destructivas ponen de manifiesto casi cada año la debilidad de carreteras y puentes deteriorados.

Y la epidemia de coronavirus ha dejado a los gobiernos con aún menos fondos disponibles para mantener sus infraestructuras, y mucho menos para reforzarlas.

Pero quizá no tengan otra opción.

«Creo que ahora todos nos damos cuenta de que esos fenómenos extremos están ocurriendo de verdad», afirmó Patrick Willems, catedrático de ingeniería hidráulica de la Universidad KU Leuven, en Bélgica.

«No es solo una previsión, está ocurriendo de verdad.»

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