El río Huai se nutre de afluentes que nacen en las montañas Tongbai y Dabie, en China, y serpentea 660 millas por las provincias de Henan y Anhui antes de desembocar en el lago Hongze, en la provincia de Jiangsu.
Históricamente, el río proporcionaba agua para los cultivos de los agricultores de ambas orillas, y en torno a él se desarrollaron los medios de vida. Hoy, en cada orilla, la población disfruta de una calidad de vida similar.
Pero quienes viven al norte del río tienen una esperanza de vida inferior, de hasta tres años menos, a la de quienes viven en sus orillas sur. ¿La razón? La exposición a niveles más altos de contaminación causada por la quema de carbón gratuito para la calefacción invernal.
Así lo descubrieron el profesor Guojun He y sus colegas al analizar el impacto en la salud de la Política del río Huai de China, que desde la década de 1950 ha venido proporcionando carbón gratuito o subvencionado a los residentes que viven al norte del río.
El estudio mostró que la contaminación por partículas es un 46 % mayor justo al norte del río, lo que conlleva una reducción de la esperanza de vida media de 3,1 años.
La contaminación es un problema de salud global. Unos 4500 millones de personas en todo el mundo están expuestas a concentraciones de material particulado en suspensión (PM) en el aire, a el doble del nivel que la Organización Mundial de la Salud considera seguro, según el informe de He.
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Según él, si todo el país cumpliera sus propias normas de Clase 1 para PM 10 (material particulado de 10 micrómetros o menos de diámetro), se podrían salvar más de 3700 millones de años de vida solo en China.
Aquí, el profesor adjunto de Economía, Medio Ambiente y Sostenibilidad, y Ciencias Sociales de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong (HKUST), cuyo trabajo ha servido para desarrollar el índice de vida según la calidad del aire (AQLI), nos guía por su investigación sobre la calidad del aire en China y explica por qué la contaminación es uno de los mayores riesgos ambientales a los que se enfrenta la humanidad.

¿Cómo logró su investigación establecer por primera vez un vínculo entre la contaminación y la esperanza de vida?
Desde hace mucho tiempo se sabe que la contaminación del aire es perjudicial para la salud. Pero es bastante complicado cuantificar esos efectos sobre la salud, sobre todo a largo plazo. La gente se traslada y, según su estatus socioeconómico, puede estar expuesta a niveles de contaminación diferentes. Normalmente es difícil controlar todos los factores que se correlacionan con la contaminación del aire.
Por eso, el estudio del río Huai ofrece un escenario único para investigar esta cuestión. El gobierno trazó una línea que decía: «Vale, por encima de esta línea vamos a proporcionar calefacción invernal», lo que supone un gran consumo de carbón. Por debajo de esa línea no existe ningún sistema similar. Por supuesto, la medida pretendía ser beneficiosa, pero sus consecuencias no deseadas fueron que el norte de China sufre niveles de contaminación mucho más altos. Así que, tras décadas de exposición, podemos usar este escenario tan interesante para analizar el impacto de la exposición prolongada a la contaminación del aire sobre la salud.

¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando respiramos aire contaminado?
La gente se preocupa por el material particulado fino, PM 2,5. Debido a que las partículas son tan pequeñas, pueden penetrar en los pulmones y en el sistema sanguíneo. Pueden circular por el cuerpo y llegar al corazón y al cerebro. Por ejemplo, si alguien padece enfermedades respiratorias o cardiovasculares previas, el PM 2,5 puede desencadenar, entre otras cosas, un infarto o un ictus.
El cuerpo tiene una respuesta inflamatoria ante el material particulado, que es lo que ocurre cuando algo procedente del exterior entra en el organismo. Entonces, el cuerpo intenta evitar que cause daño, y eso provoca inflamación.
Pero no es solo físico: cuando las partículas de humo llegan al corazón e incluso al cerebro, también dañan las capacidades cognitivas. Así que es mucho más amplio que la mera inflamación. El año pasado hubo estudios que demostraban que la contaminación afecta a las capacidades cognitivas y a la productividad, pero aún no se sabe cómo.
El director general de la Organización Mundial de la Salud ha descrito la contaminación del aire como una emergencia silenciosa de salud pública. ¿Está de acuerdo?
Sí, pero hasta cierto punto, creo que subestiman los posibles daños de la contaminación del aire. Pero, en general, estoy totalmente de acuerdo.
Desde el punto de vista metodológico, la OMS y muchas organizaciones internacionales se basan en estimaciones de lo que llamamos estudios de asociación, que analizan la relación entre la contaminación del aire y la salud. Muchos nuevos estudios que exploran los llamados experimentos naturales y experimentos causales están descubriendo que los impactos son mayores que los de los estudios de asociación.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Es una pregunta complicada, ¡pero intentaré responder lo mejor que pueda! La razón básica es que, cuando los países pobres empiezan a industrializarse, debido a los retrasos relativos en las normas medioambientales, atraen gran cantidad de industria manufacturera, parte de la cual es muy contaminante. Pero cuando la gente es pobre, la disposición a pagar por el aire limpio es bastante baja. Por eso, tanto los gobiernos como el público en general no se preocupan demasiado por la contaminación del aire hasta que los ingresos alcanzan un nivel determinado y la gente empieza a pensar: «Vale, queremos un mejor medio ambiente, no queremos esas enfermedades».
En economía, la contaminación del aire suele denominarse «externalidad», situación en la que las empresas toman decisiones de producción, pero no tienen en cuenta el coste externo que se impone a la población. En tales casos, si el gobierno no hiciera nada, observaríamos a muchos terceros afectados por esos contaminantes. Es como cuando alguien fuma: los presentes también se ven afectados, pero no son parte de la transacción, es decir, ni compradores ni vendedores.
También investigó la limpieza del aire de Pekín para los Juegos Olímpicos de 2008. ¿Cuál fue el impacto en las tasas de mortalidad?
La comunidad internacional estaba muy preocupada por la contaminación del aire en China, así que exigió a Pekín que la mejorara. En un período de tiempo realmente corto, algo más de un año, se implantaron muchas normativas, lo que dio lugar a una mejora muy notable. La calidad del aire durante los Juegos fue aproximadamente un 30 % mejor que el año anterior.
Ese tipo de mejoras eran casi inéditas en la historia. Por eso realizamos un estudio para analizar si la mejora de la calidad del aire durante los Juegos afectó a la salud de la población. Y descubrimos una enorme mejora en la salud de la población, incluso a corto plazo. El número de personas que morían por enfermedades cardiorrespiratorias descendió de inmediato cuando el aire se volvió más limpio. Y comparamos las ciudades afectadas por las normativas con las que no lo estaban. Cuando la calidad del aire mejoró, murieron menos personas por esas enfermedades.
Efecto estimado de las normativas implantadas con motivo de los Juegos Olímpicos en la tasa mensual de mortalidad

¿Cómo es ahora la calidad del aire en Pekín y en otras ciudades?
Tras los Juegos, entre 2010 y 2013, la calidad del aire en China volvió a empeorar. Pero en 2013, el gobierno puso en marcha la llamada guerra contra la contaminación. En los últimos cinco años, la calidad del aire en las ciudades del norte de China, muy contaminadas, ha mejorado de media más de un 35 %. Así que, si comparamos Pekín en la actualidad con hace cinco años, casi se puede decir que la calidad del aire actual es incluso mejor que la de los Juegos Olímpicos. Demuestra que una aplicación firme y una mejor regulación pueden mejorar la contaminación del aire.
¿Cómo ha logrado China esto?
Es un plan bastante completo. En primer lugar, analizó las principales fuentes de contaminación del aire: los coches, las fábricas y la quema de paja en los campos de cultivo. Por ejemplo, trasladaron muchas fábricas fuera de esa zona central y cerraron y retiraron muchas plantas contaminantes. El gobierno concede subvenciones a los agricultores para reciclar la paja, de modo que no tengan que quemarla.
¿Quiénes en la sociedad se ven más afectados por la contaminación del aire?
Si analizamos los efectos agudos, los bebés y las personas mayores son los más afectados, porque sus cuerpos son los más vulnerables a la contaminación del aire. Pero a largo plazo, es decir, a lo largo de muchos años y no de unos pocos días o meses, todo el mundo se ve afectado.
Pero en cuanto a la desigualdad de exposición, esta se está convirtiendo en un problema emergente en China, y quizá también en otros países en desarrollo. Las personas más ricas pueden permitirse comprar equipos de protección, en casa y en la oficina, pero las personas pobres no. Hoy en día, las personas más ricas pasan el 80 % de su tiempo en interiores, donde la calidad del aire es mucho mejor que en el exterior. Pero las personas pobres no tienen la capacidad ni el dinero para comprar esos equipos, por lo que su nivel de exposición es mucho mayor. Así que el desarrollo de esa tecnología de protección amplía la desigualdad ambiental entre pobres y ricos.
En las distintas economías, ¿cómo podemos cerrar la brecha en cuanto a la desigualdad en la contaminación del aire?
Yo también lo he estado pensando. Por supuesto, a todos nos preocupa la calidad del aire y el medio ambiente, pero la gente también se preocupa por los ingresos y el crecimiento. Creo que lo ideal es contar con una norma adaptada a las etapas de desarrollo de cada país.
Por un lado, decimos que debería existir un nivel óptimo de regulación. No queremos que la regulación sea tan estricta que destruya empleos. Tampoco queremos que sea tan laxa que muchas personas se vean realmente afectadas por la contaminación. Necesitamos un debate más coordinado.
¿Es optimista en cuanto a que, a escala mundial, podamos reducir las emisiones para cumplir con las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre la contaminación?
A largo plazo, creo que es viable, teniendo en cuenta las tendencias actuales y la determinación y el consenso que existen en torno a la contaminación del aire. Pero también debemos reconocer que el coste de reducir la contaminación es elevado, sobre todo para los países en desarrollo, que dependen en gran medida de la industria manufacturera.
Los gobiernos y el mundo académico deberían trabajar juntos para encontrar la forma más económica de hacerlo. Lo que China está haciendo, es decir, suspender la producción, reubicar y cerrar empresas, resulta bastante costoso. Pero deberíamos ser capaces de encontrar una forma de bajo coste para alcanzar los objetivos. Ahora bien, en este momento, carecemos de pruebas científicas sobre cómo hacerlo.
En todos los países, en última instancia, es responsabilidad del gobierno regular las industrias contaminantes. Actualmente, muchas ONG intentan publicar en internet datos sobre contaminación y emisiones, lo que informa al público y presiona a los reguladores para que actúen. Por eso, necesitaremos la colaboración entre gobiernos, ONG y el público en general para trabajar en esta cuestión.

