China padece de «senioritis». El país cuenta con 230 millones de personas mayores de 60 años. La mayor esperanza de vida, sumada a tres décadas de política del hijo único, hace que esa cifra solo pueda crecer. Según algunas estimaciones, la proporción entre trabajadores y jubilados en China podría pasar a 1,6:1 para 2040, frente a 5:1 en la actualidad.
El envejecimiento de la población china ha provocado una menor productividad y la reducción de las arcas fiscales, además de cambios sociales, como la aparición de residencias para mayores de estilo occidental destinadas a los padres ancianos de hijos que trabajan en ciudades alejadas. Ahora, el gobierno chino está invirtiendo en un recurso fundamental para las personas mayores del país: la educación financiada con fondos públicos.
Creadas en la década de 1980, las universidades para personas mayores de China suman hoy 60.000. La agencia de noticias estatal Xinhua afirma que actualmente hay 7 millones de estudiantes mayores matriculados. De cara a 2020, el gobierno afirma que espera contar con una de estas universidades en cada ciudad, así como en el 50 % de las localidades y en el 30 % de las aldeas.
Las clases de estos centros abarcan una gran variedad de materias, desde inglés conversacional hasta el uso del smartphone o yoga. En el Dezhou College for the Aged, en la provincia de Shandong, las clases de un trimestre cuestan unos 80 yuanes (12 dólares) cada una, y los horarios están organizados de forma que los estudiantes puedan seguir llevando a sus nietos al colegio.
«Las universidades para personas mayores tienen ahora más demanda porque muchos de los recién jubilados tienen un mayor nivel de estudios», explicó Xiong Fangjie, vicepresidenta de la Universidad de Shanghái para Personas Mayores en declaraciones a The Sixth Tone. «No se conforman con jugar al mahjong o charlar con sus amigos».
De hecho, la demanda de estas universidades es tan alta que los futuros estudiantes suelen formar largas colas durante la noche frente a las oficinas de admisión. En la Universidad de Hebei para Personas Mayores, en Tianjin, los solicitantes se seleccionan incluso mediante un sistema de sorteo.
El gobierno chino considera la educación para mayores una forma de mantener a la población envejecida sana, mentalmente activa, socialmente integrada y alejada de las residencias de ancianos.
«Asistir a clases hace que salgan de casa», afirmó Yu Ning, experta en educación para mayores de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái en declaraciones a The Financial Times (contenido de pago). «Es una forma de ejercicio físico; puede mantenerles de buen humor y en buena forma física, mejorar la esperanza de vida y la calidad de vida después de la jubilación».
Mejorar el bienestar de las personas mayores también puede ser una necesidad urgente. El suicidio se está volviendo habitual en las zonas rurales de China, donde los ciudadanos mayores con una salud deteriorada suelen quedarse solos mientras sus hijos trabajan en la ciudad.
China no es el único país que se enfrenta a una población envejecida. Para 2050, se prevé que las personas de 65 años o más representen casi el 17 % de la población mundial. Eso equivale aproximadamente a 1.600 millones de personas mayores. Las iniciativas orientadas a mantener a las personas mayores sanas y activas serán cada vez más cruciales.
«La sociedad está cambiando», afirmó Peng Xizhe, catedrático de Población y Desarrollo de la Universidad de Fudan en Shanghái, en declaraciones a The Christian Science Monitor. «Por un lado, es importante mantener el… sistema tradicional de apoyo a los mayores. Pero, por otro, debemos encontrar nuevas formas de abordar esta cuestión».


