
En diciembre de 2016, la autoridad medioambiental de China emitió una alerta roja en Beijing. Es el nivel más alto de un sistema de cuatro niveles y advierte a los residentes cuando la contaminación alcanza niveles críticos.
Se cerraron las escuelas, se ordenó retirar miles de vehículos de las carreteras, algunas fábricas cesaron sus operaciones y se indicó a los residentes que permanecieran en interiores.
China sabe que su población se está asfixiando por el esmog. En 2013, el primer ministro Li Keqiang declaró la guerra a la contaminación y prometió reducir la dependencia del país de la energía generada con carbón e invertir considerablemente en fuentes de energía renovable. El plan también incluía cerrar antiguas cementeras y acerías, una fuente importante de contaminación.
Y un estudio reciente sugiere que las cosas podrían estar empezando a mejorar.

Científicos de la Universidad de Tsinghua, en Beijing, llevaron a cabo un estudio para determinar si el plan del Gobierno estaba dando resultado.
Midieron las concentraciones de PM2.5 en el aire mediante observaciones satelitales y terrestres. PM2.5 es una medida de las partículas finas. Estas diminutas partículas contaminantes representan el mayor riesgo para la salud humana por su capacidad de penetrar en los pulmones y el sistema cardiovascular.
A continuación, los científicos utilizaron un modelo informático para estimar la exposición de la población a la contaminación en todo el país. El modelo mostró que las concentraciones de PM2.5 en China disminuyeron un 21.5% entre 2013 y 2015, al pasar de 60.5 μg m−3 (microgramos por metro cúbico de aire) a 47.5 μg m−3.
Como resultado, los científicos estimaron que las muertes debidas a la contaminación por PM2.5 disminuyeron de 1.22 millones en 2013 a 1.10 millones en 2015, una reducción del 9.1%. Los autores del estudio afirman que este “presenta las primeras estimaciones del impacto de este estricto plan de acción en los niveles de contaminación y las tasas de mortalidad entre 2013 y 2015”.
Según el estudio Global Burden of Disease 2015, la exposición al PM2.5 en el exterior contribuye a aproximadamente 1.1 millones de muertes en China cada año.
La Organización Mundial de la Salud afirma que la salud humana se ve afectada por encima de un límite de 10 μg m−3.

Un estudio de 2016 realizado por Greenpeace también señaló que el aire de China estaba mejorando. El estudio utilizó imágenes satelitales de la NASA para medir partículas microscópicas y determinó que los niveles de PM2.5 habían disminuido un 17% entre 2010 y 2015.
“Los esfuerzos sistemáticos de China para combatir la contaminación atmosférica han logrado una mejora notable de la calidad media del aire en el país”, afirmó Greenpeace.
Mano dura contra la contaminación
China está endureciendo las medidas contra la contaminación, según la agencia nacional de noticias. Actualmente está poniendo en marcha su más reciente central termoeléctrica en el distrito de Chaoyang, en Beijing: una de las cuatro grandes centrales termoeléctricas alimentadas con gas que, en conjunto, reducirán el consumo de carbón de la ciudad en 9.2 millones de toneladas cada año.
Mientras tanto, en una operación contra la contaminación, se descubrió que nueve empresas constructoras infringían las normas de control del polvo y se les prohibió licitar en proyectos de Beijing durante un mes.
El precio de una economía en auge

La crisis de contaminación de China es consecuencia de su rápida industrialización: a medida que crecía la economía y surgían fábricas, el país se convirtió en el mayor contaminador del mundo.
Sin embargo, en los últimos años China ha canalizado enormes inversiones y esfuerzos para convertirse en una economía más ecológica.
A principios de este año, el país anunció que daría prioridad al desarrollo ecológico y se centraría en la tecnología limpia.

