De los 186 países evaluados en un estudio reciente sobre vulnerabilidad climática, Chad fue considerado el más expuesto al peligro. La combinación de una pobreza elevada, conflictos frecuentes y el riesgo tanto de sequías como de inundaciones sitúa a esta nación de África central al final de la lista, justo por debajo de Bangladés y muy por detrás de Noruega, el país menos vulnerable al cambio climático.
¿Por qué Chad? Para empezar, es uno de los países más pobres del mundo. Alrededor del 87% de los chadianos está clasificado como pobre, según el Índice de Pobreza Multidimensional, que tiene en cuenta la salud, la educación y el nivel de vida. Es la cuarta tasa más alta del mundo. El porcentaje de personas en situación de «indigencia» (63%), la categoría más extrema de pobreza, también es el cuarto más alto del mundo.
La situación se ve agravada por el hecho de que el país ha estado en guerra civil o conflicto durante 35 de los 57 años transcurridos desde que obtuvo la independencia de Francia.
Cualquier país pobre o propenso a los conflictos siempre será vulnerable, pero la geografía de Chad hace que el cambio climático suponga un riesgo particular. Chad es más grande de lo que muchos occidentales quizá imaginan. Con 1,28 millones de km², supera en tamaño a Nigeria y duplica la superficie de Texas. Alrededor del 90% de sus 10 millones de habitantes vive en la mitad sur del país, ya que gran parte de la mitad norte se adentra profundamente en el desierto del Sáhara.
La mayoría de los chadianos basa sus medios de vida en la agricultura de subsistencia y la cría de ganado. Las zonas de pastoreo semiáridas del Sahel, al norte del país, proporcionan pastos para el ganado durante la estación lluviosa, mientras que los fértiles campos agrícolas del sur producen la mayoría de los cultivos comerciales y alimentarios. Cuando comienza la estación seca, los pastores trasladan sus rebaños al sur para alimentarlos con los restos de la cosecha agrícola.
El clima cambiante de Chad
Desde mediados del siglo XX, las temperaturas en Chad han aumentado mientras que las precipitaciones han disminuido. El noventa por ciento del lago más grande del país, el lago Chad, ha desaparecido en los últimos 50 años debido a una combinación de sequías y un aumento de las extracciones de agua para riego. Los estudios climáticos prevén que el clima será cada vez más cálido y árido a lo largo del siglo XXI, lo que significa menores cosechas, pastos de peor calidad y una vida más difícil para quienes dependen del lago Chad.

Las zonas rurales son las más expuestas al cambio climático porque allí se concentra la mayor parte de la población y de la pobreza. Sin embargo, las zonas urbanas tampoco están a salvo: las ciudades en crecimiento del país tienen dificultades para acoger a los nuevos residentes. Los servicios de saneamiento, como las redes de alcantarillado y de drenaje de aguas pluviales y la recogida de residuos, son deficientes, según el Banco Mundial. En caso de inundaciones, como ocurrió en 2010, 2011 y 2012, la infraestructura no da abasto y las aguas residuales sin tratar podrían contaminar el suministro de agua, lo que genera un alto riesgo de enfermedades infecciosas como el cólera.
Retos demográficos
La población de Chad es mayoritariamente joven, y el elevado desempleo juvenil ya ha provocado disturbios en la capital, Yamena. La vulnerabilidad climática se ve agravada por los disturbios civiles o los conflictos, porque la población no puede recibir la ayuda que necesita durante desastres relacionados con el clima, como sequías o inundaciones.
Chad también acoge a unos 300.000 refugiados de Darfur en su frontera oriental con Sudán, según cifras de la ONU, mientras que otros 67.000 refugiados de la República Centroafricana viven en campamentos en su frontera sur. Estos refugiados consumen los escasos recursos de Chad y a veces compiten con la población local. Esto genera resentimiento y, en ocasiones, violencia entre los refugiados y las comunidades que los acogen.
Para empeorar la situación, la crisis de Boko Haram en el noreste de Nigeria se ha extendido a la región de Lac, en Chad, donde ahora hay más de 60.000 desplazados registrados y varios miles más sin registrar. Esto es preocupante, ya que los jóvenes desempleados del país, inquietos y con mucho tiempo libre, podrían correr el riesgo de ser reclutados y radicalizados por Boko Haram.
El camino a seguir
A pesar de estos desafíos, hay formas de mitigar los efectos del cambio climático. Por ejemplo, los agricultores de la zona semiárida saheliana de Chad llevan tiempo utilizando una técnica autóctona de captación de agua de lluvia llamada Zaï para cultivar con éxito. La técnica Zaï consiste en cavar pequeñas hoyas y sembrar cultivos en ellas. Las hoyas retienen el agua durante mucho tiempo y son especialmente eficaces cuando llueve poco.
La técnica Zaï se mejoró incorporando estiércol y compost a las hoyas para aportar nutrientes a los cultivos. Esto contribuyó a rehabilitar suelos muy degradados y aumentó considerablemente el rendimiento de los cultivos alimentarios.
La agroforestería, que combina cultivos y árboles en una misma parcela, también puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático y adaptarse a ellos. Las raíces de los árboles estabilizan los suelos y los protegen de la erosión durante las lluvias intensas, además de restaurar su fertilidad mediante la producción de hojarasca, que con el tiempo se incorpora de nuevo a la tierra.
Por supuesto, cualquier país estaría en mejores condiciones para hacer frente al cambio climático si simplemente se volviera mucho más rico. Chad empezó a producir petróleo en 2003, y este representa ahora el 93% de todas las exportaciones. Sin embargo, esto dejó al país expuesto a las caídas de los precios del petróleo. Así que, cuando el precio efectivamente se desplomó a finales de 2014, Chad sufrió una importante pérdida de ingresos. No hace falta decir que el impacto de los desastres relacionados con el clima, como las sequías o las inundaciones, se agrava si el país carece de recursos para combatirlos.
Chad no puede depender del petróleo para siempre. La agricultura sigue siendo el pilar de su economía y, a largo plazo, desarrollar una agricultura y una ganadería sostenibles será fundamental para generar empleo y mantener la seguridad alimentaria.

