Antes de que el pueblo de Chris Conder, en el norte de Inglaterra, construyera su propia red de banda ancha, la conexión a internet era tan mala que los jóvenes que se marchaban a estudiar se negaban a volver a casa durante las vacaciones.
Los agricultores tenían que desplazarse hasta la biblioteca pública más cercana para solicitar las subvenciones agrícolas a las que tenían derecho o presentar al Gobierno los informes obligatorios sobre su ganado.
Ahora cuenta con algunas de las mejores velocidades de banda ancha de Gran Bretaña, después de que los habitantes del pueblo tomaran las riendas del asunto, como parte de una tendencia creciente de redes comunitarias gestionadas de forma independiente a los principales proveedores.
«Podemos prescindir del agua, la electricidad y el gas, como hacemos muchos de nosotros... En el campo se puede ser autosuficiente, pero no se puede generar banda ancha», dijo Conder a la Fundación Thomson Reuters.
«Es el único servicio básico que no puedes producir por ti mismo. Hemos encontrado una forma de conectar nuestros pueblos con el mundo».
Conder trabaja ahora con Broadband for the Rural North (B4RN), que tiene la condición jurídica de empresa social, es decir, que funciona en beneficio de la comunidad.
B4RN ofrece banda ancha a pueblos rurales del norte de Inglaterra, con velocidades de internet cientos de veces superiores a las de los principales proveedores nacionales. Conectó sus primeras 1.000 viviendas en 2011 y ahora tiene unos 5.000 clientes.
Las comunidades que quieren conectarse recaudan fondos para la infraestructura —los cables y el espacio para servidores— comprando acciones de B4RN a 1 libra (1,30 dólares) cada una. La compra mínima es de 100 acciones, que solo pueden venderse de nuevo a la empresa.
Quien quiera conectarse paga después una cuota mensual de 30 libras por el servicio de B4RN.
Conder, miembro fundador de B4RN, recibió un reconocimiento de la reina Isabel en 2015 por su trabajo para conectar a comunidades rurales. Dijo que el impacto social de la iniciativa había sido mucho mayor que el técnico.
Uno de los mayores desafíos, dijo, fue conseguir acceso a terrenos públicos para tender los cables necesarios, sobre todo en las inmediaciones de escuelas y espacios comunitarios.
«Si hubiéramos sabido lo difícil que iba a ser y cuántos obstáculos tendríamos que superar, no lo habríamos hecho», dijo Conder, quien describió a las autoridades como «muy, muy obstruccionistas».


