En África, la demanda de electricidad supera con creces la oferta. La escasez de 173.000 MW en Nigeria (para una nación cuyas necesidades energéticas actuales rondan los 180.000 MW) dio lugar a importaciones a gran escala de grupos electrógenos ruidosos y contaminantes.

La mayoría de los países del África subsahariana experimentan lo mismo. En las zonas rurales de Ruanda, donde vive más del 70 % de la población, solo el 18 % de la población tiene acceso a la electricidad. Un gran número de hogares y edificios públicos de las comunidades rurales no están conectados a la red eléctrica estatal. Los habitantes urbanos y las empresas medianas conectadas a la red tampoco pueden tener la certeza de contar con electricidad durante todo el día. El Gobierno de Ruanda se ha fijado como objetivo lograr una electrificación exitosa para 2024.
El coste de generación y distribución de la energía es elevado. Por razones económicas y políticas, estas comunidades tardarán mucho tiempo en ser tenidas en cuenta. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 de la ONU, que busca garantizar el acceso universal a la energía para todos en 2030, junto con otros acuerdos internacionales, está impulsando un consenso mundial sobre la energía renovable en las comunidades sin conexión a la red.
En varios países africanos, la energía renovable ha sido el eje de la estrategia de desarrollo y de la inversión. Las importantes inversiones y el apoyo del Banco Africano de Desarrollo (BAfD), la Corporación Estadounidense de Inversión Privada en el Extranjero y el Banco Mundial en energía solar fotovoltaica y eólica están dando resultados.
Esto se debe a que la forma más sencilla y asequible de llevar electricidad a las comunidades rurales de África es mediante una fuente de energía descentralizada, como la solar fotovoltaica y la eólica. Estas comunidades, que no están conectadas a la red eléctrica nacional, aliviarán la carga que supone para el Gobierno invertir en centrales de gran tamaño para satisfacer la creciente demanda de electricidad.
Togo, Nigeria y la República Democrática del Congo avanzan bien en la creación de políticas y marcos regulatorios en este sector. En un ambicioso plan para lograr el acceso universal a la energía en todo el continente para 2025, el BAfD está movilizando capital para ayudar a materializar el potencial del continente para generar al menos 160 GW para 2025.
Aunque esto es loable, los expertos señalan que la penetración de las energías verdes en el mercado africano es baja y que, hasta ahora, el éxito de los planes de electrificación se mide por el número de conexiones realizadas y los megavatios instalados, y no por el uso final de esa energía.
Sin embargo, se está produciendo un cambio en la forma de medir el éxito de la electrificación. En África, las comunidades necesitan disponer de electrodomésticos, aulas, equipos, sistemas de riego, etc., listos y disponibles para funcionar con electricidad. La energía suministrada debe satisfacer una demanda que impulse la productividad.
No es necesario ampliar la energía descentralizada si el uso final no mejora la vida de las personas ni satisface necesidades esenciales. El Banco Mundial utiliza esta misma medida para comprobar los avances en el acceso a la electricidad.
La innovación para acelerar el acceso mediante la energía descentralizada se orienta cada vez más hacia la gestión de la demanda y la distribución, aprovechando la conectividad y los datos.
Con la aparición de la cadena de bloques (un protocolo que elimina intermediarios), es posible establecer un libro de registro cifrado y auditable que puede registrar el consumo de energía y los historiales crediticios (que son relevantes cuando se necesita financiación para acceder a la energía), además de facilitar el comercio de energía entre hogares, lo que da a los consumidores más control sobre sus necesidades y su consumo de energía.
En 2017, una organización sin ánimo de lucro, la Energy Web Foundation (EWF), comenzó a desarrollar una plataforma de cadena de bloques escalable y de código abierto con el objetivo de crear un estándar de mercado sobre el que el sector energético pueda construir y ejecutar sus propias soluciones basadas en cadena de bloques.
El primer caso de uso de la EWF, EW Origin, crea un mercado en el que todos los contadores inteligentes de los sistemas solares fotovoltaicos pueden comunicarse. También registra la procedencia de la electricidad renovable generada, con datos claros sobre el tipo de fuente, el momento, la ubicación y las emisiones de CO2. Esto proporciona un panel universal que realiza el seguimiento del consumo energético mundial.
Un proyecto reciente de Brooklyn Microgrid ofrece a sus participantes la posibilidad de elegir localmente su fuente de energía preferida. Mediante una aplicación móvil, Exergy, los residentes con paneles solares fotovoltaicos en el tejado (los denominados prosumidores) pueden vender el excedente de energía solar fotovoltaica a los residentes sin paneles solares fotovoltaicos que están conectados a la microrred. La cadena de bloques hace posible un comercio seguro. Plataformas como estas ayudan a los pequeños consumidores de energía a lograr la inclusión eléctrica y financiera.
Las medidas para lograr el acceso universal a la energía en África no pueden ser superficiales. El compromiso con el éxito de la electrificación debe reforzarse mediante la colaboración mutuamente beneficiosa de entidades públicas y privadas. La colaboración exitosa entre estos actores surgirá de intereses compartidos, de la apertura en las inversiones y del uso de soluciones innovadoras; además, también debe existir una participación activa de la ciudadanía.
Una actitud de seguir como hasta ahora no cambiará el panorama energético de África. Lo hará el uso de una tecnología que permita un consenso compartido sobre una base transparente y, a la vez, segura. En primer lugar, la cadena de bloques impulsará la rápida adopción de sistemas energéticos descentralizados en lugares con o sin electricidad. En segundo lugar, no solo aumentará la productividad entre los pequeños consumidores de energía, sino que surgirán nuevas formas de definir el uso final de la energía.

