A finales de la década de 1970, el fértil delta fluvial al norte del territorio de Hong Kong era principalmente tierra agrícola. Shenzhen era una localidad discreta de 30.000 habitantes, con un solo taxi en funcionamiento; y China seguía siendo, en gran medida, un país comunista y rural.
Como muestra la visualización anterior, de Time Out Hong Kong, el adormecido delta del río Perla estaba a punto de experimentar un crecimiento sin precedentes que llevaría a sus ciudades a expandirse y fusionarse hasta convertirse en la mayor región urbana contigua del mundo.
Un hilo de agua se convierte en una inundación
En 1979, el gobierno chino, liderado por Deng Xiaoping, creó cuatro Zonas Económicas Especiales (ZEE) con el objetivo de atraer inversión extranjera directa y fomentar la iniciativa privada.
La designación de Shenzhen y Zhuhai como ZEE fue una medida estratégica para que sirvieran de «válvula de escape» a las empresas de Hong Kong, y su impacto en el delta del río Perla fue profundo e inmediato.
Varios factores también contribuyeron al meteórico auge de la región: la proximidad al sector financiero de Hong Kong, un puerto marítimo de primer nivel, una mano de obra abundante y barata, terrenos económicos y disponibles en grandes cantidades, y pocos obstáculos normativos para las empresas de rápido crecimiento.
En las dos décadas posteriores a las reformas de mercado de Deng Xiaoping, el PIB de la región creció más de 10 veces y comenzó en serio la urbanización, impulsada por proyectos de infraestructura a gran escala.
Para poner en perspectiva la magnitud de esta concentración de población, estas son las poblaciones de las ciudades del delta del río Perla en 2020, en comparación con las áreas metropolitanas actuales de América del Norte y Europa:
Hoy, esta región compacta tiene un PIB equivalente al de Corea del Sur.
Una megalópolis a las puertas
El crecimiento explosivo del delta del río Perla ha trastocado el equilibrio regional de poder.
A finales del siglo XX, Hong Kong era la potencia económica indiscutible de la región. De hecho, justo antes de su traspaso del Reino Unido a China, la producción económica de la ciudad equivalía a una cuarta parte del PIB total de China.
Hoy, la situación es muy distinta. Hong Kong ya no es una entidad separada y su PIB representa apenas el 3% del de China.
Este cambio en la dinámica regional genera inquietud en Hong Kong, donde más del 90% de la población milenial se identifica como «hongkonesa» y no como «china». Aunque el gobierno ha aceptado en principio mantener la autonomía de la ciudad hasta 2047, recientes medidas apuntan a un afán por integrar toda la región en una megaciudad sin fisuras.
La difuminación de las fronteras parece estar muy avanzada: más de medio millón de habitantes de la ciudad residen ahora en China continental, frente a unos 150.000 hace una década.
Una manifestación física del impulso de China continental para integrar la región es el puente Hong Kong–Zhuhai–Macao. Este colosal proyecto de infraestructura es una conexión de 31 millas (50 km) que incluye puentes, túneles y tres islas artificiales.
En China, donde cada proyecto es más ambicioso que el anterior, resulta lógico que la mayor zona urbana del mundo esté conectada por el mayor cruce marítimo del mundo.




