Todo el mundo merece tener acceso a una atención de calidad y asequible. En el Sudeste Asiático, esta cuestión se complica aún más por la gran diversidad de retos sanitarios y de sistemas para abordarlos.
En esta región, debemos afrontar desafíos que van desde eliminar el dengue en las zonas rurales hasta combatir el rápido aumento de la diabetes entre una clase media cada vez más numerosa. Y debemos hacerlo teniendo en cuenta las distintas normativas y prácticas sanitarias de cada país.
El Sudeste Asiático cuenta con algunos de los modelos de atención sanitaria más progresistas del mundo, junto a otros que tienen dificultades para responder a las necesidades locales. Pese a esta diversidad, hay algo que todos tienen en común: los pacientes exigen una atención sanitaria más accesible y asequible, y los gobiernos trabajan para ofrecerla.
Ante unos sistemas sanitarios que evolucionan rápidamente, con poblaciones envejecidas y un aumento de las enfermedades crónicas, este es el momento perfecto para introducir soluciones innovadoras que transformen el mercado de la salud.
Los pacientes informados toman las riendas de su atención sanitaria
Está bien establecido que Asia afronta importantes cambios demográficos. Los expertos prevén que la población asiática mayor de 60 años aumentará hasta casi 1.300 millones en 2050, un incremento del 12,7 % respecto a 2016. Las poblaciones envejecidas corren un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas y necesitan un seguimiento más frecuente; sin embargo, los sistemas sanitarios no están preparados para asumir esta carga, sobre todo con recursos cada vez más limitados.
En su lugar, debemos confiar en que los pacientes asuman un papel más activo en su propia atención sanitaria para aliviar las inminentes limitaciones de capacidad de los sistemas nacionales.
La buena noticia es que hoy los pacientes están más informados y capacitados que nunca para actuar en favor de su salud; el 70 % de las personas confía en su capacidad para gestionar la información y las decisiones relacionadas con su propia atención sanitaria. La tecnología digital amplía el acceso a la información y a la atención, y mejora los conocimientos generales sobre salud. Más del 86 % de los pacientes busca en internet información relacionada con la salud antes de decidirse a visitar al médico, y el 60 % de los pacientes busca información sobre los medicamentos recetados para comprender mejor su uso, beneficios y riesgos antes de tomarlos.
La realidad es que los pacientes no se limitan a un solo país. El turismo, los viajes y la migración entre los países de esta región son muy frecuentes. Los líderes del Sudeste Asiático deberían promover normativas unificadas que garanticen mejor la privacidad de los pacientes y la protección de sus datos, al tiempo que proporcionan atención sanitaria de calidad. Eliminar los obstáculos legales permitirá a los pacientes asumir un papel más activo en el cuidado de su salud y reducirá la carga sobre los sistemas nacionales.

La colaboración elimina los compartimentos estancos
No puede haber una buena atención sanitaria si se trabaja de forma aislada. La única manera de afrontar de verdad los desafíos sanitarios es mediante esfuerzos estratégicos y coordinados de los actores adecuados. Esto se aplica tanto a la erradicación de enfermedades infecciosas como a una mejor gestión de las enfermedades no transmisibles (ENT) o, sencillamente, a la promoción de hábitos de vida saludables en todo el Sudeste Asiático. Para hacer frente a los nuevos desafíos sanitarios, nuestro enfoque debe trascender las fronteras nacionales y aprovechar lo mejor de los sectores público y privado.
Ya podemos ver el impacto fundamental de las alianzas intersectoriales. Por ejemplo, en Singapur, proveedores y empresas colaboran estrechamente con el Gobierno para combatir la obesidad y hacer que los alimentos más saludables sean más asequibles y estén más disponibles, al tiempo que impulsan campañas de educación de los consumidores sobre hábitos alimentarios saludables. Este esfuerzo conjunto busca frenar el aumento de las ENT, aprovechando lo mejor de los recursos y los conocimientos institucionales de los sectores público y privado.
Del mismo modo, en la lucha por erradicar la tuberculosis (TB), la Fundación Fullerton Health se asoció recientemente tanto con el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria como con el Ministerio de Salud de Indonesia para instalar clínicas móviles de diagnóstico en Sulawesi Meridional. Realizamos pruebas de TB a más de 2.000 pacientes con el objetivo de llegar a quienes se encuentran en situación vulnerable y tienen un acceso limitado al sistema sanitario tradicional. Los conocimientos combinados de todos los socios permitieron dirigir las iniciativas a las personas adecuadas y establecer un mecanismo sólido para convertir un diagnóstico positivo en tratamiento y gestión de la enfermedad.
Las alianzas son necesarias, pero deben ser inteligentes. Deben aprovechar las fortalezas y racionalizar los esfuerzos para lograr el máximo impacto mediante un uso reflexivo e intencionado de los recursos y materiales limitados. También es fundamental centrarse en el paciente y permitir que las organizaciones colaboren para garantizar una atención sanitaria de alta calidad, accesible y asequible.
Las tecnologías digitales simplifican los modelos de atención
Como era de esperar, la tecnología desempeñará un papel fundamental en el futuro de los sistemas sanitarios del Sudeste Asiático.
Hoy, las aplicaciones nos recuerdan que debemos vacunarnos, tomar medicamentos y acudir a las citas. La telemedicina permite concertar citas virtualmente; al ofrecer mayor comodidad, aumenta la probabilidad de que las personas tomen medidas proactivas para cuidar su salud.
Otras iniciativas tecnológicas también buscan mejorar los resultados de salud. El Programa de Monitorización Remota de la Salud, que Fullerton Health puso en marcha recientemente en Singapur, dotó a pacientes con enfermedades crónicas de dispositivos que transmiten automáticamente sus mediciones de salud a enfermeros y médicos, y les recuerdan cuando falta una medición. La detección temprana del deterioro de la salud permite brindar atención médica oportuna y evita que el estado empeore, lo que reduce los costes sanitarios a largo plazo. Además, al comprender mejor su salud, es más probable que los pacientes adopten hábitos de vida saludables.
A escala general, la tecnología móvil permite a los países superar limitaciones de infraestructura y normativas, y ampliar el acceso a la atención. Por ejemplo, el Programa Ampliado de Inmunización (PAI) nacional de Viet Nam y la ONG mundial de salud PATH pusieron a prueba en 2012 un registro digital de vacunación llamado ImmReg. Tras el proyecto piloto, concluyeron que los registros digitales de vacunación que incorporan recordatorios por SMS pueden aumentar la vacunación y mejorar el cumplimiento de los calendarios recomendados. Se pueden aplicar enfoques digitales similares para verificar la calidad de los medicamentos recetados, gestionar el suministro de vacunas y medicamentos, y digitalizar los historiales médicos.
La transformación digital nos permite conectar directamente con los pacientes de maneras que antes no eran posibles. Por ello, la tecnología sanitaria puede ofrecer soluciones a muchos de los desafíos demográficos que se avecinan en el Sudeste Asiático, despejando el camino para que los profesionales sanitarios interactúen directamente con los pacientes.
Es hora de impulsar el cambio
La diversidad regional no impide que el Sudeste Asiático busque soluciones comunes. Juntos, debemos reducir la complejidad y volver a centrarnos en el objetivo primordial de mejorar la salud de los pacientes. Solo podremos lograrlo empoderando a los pacientes, fomentando la colaboración y aprovechando las herramientas más eficaces a nuestro alcance. Como los sistemas sanitarios del Sudeste Asiático están menos consolidados y arraigados, estamos en una posición privilegiada para dar un salto hacia la siguiente etapa de la atención sanitaria y avanzar hacia un futuro más saludable.

